Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – 29º Domingo del Tiempo Ordinario 16 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 45, 1.4-6
    «El Señor tomó de la mano a Ciro para someter ante él a las naciones»Así habló el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y desbaratar la potencia de los reyes, para abrir ante él los portones y que no quede nada cerrado.
    «Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios.
    Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro».
  • Salmo Responsorial: 95
    «Cantemos la grandeza del Señor.»Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra. Su grandeza anunciemos al los pueblos; de nación en nación sus maravillas.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Cantemos al Señor, porque él es grande, más digno de alabanza y más tremendo que todos los dioses paganos, que ni existen; ha sido el Señor quien hizo el cielo.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Alaben al Señor, pueblos de orbe, reconozcan su gloria y su poder y tribútenle honores a su nombre. Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Caigamos en su templo de rodillas. Tiemblen ante el Señor los atrevidos. «Reina el Señor», digamos a los pueblos . El gobierna a las naciones con justicia.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 1, 1-5
    «Recordamos nuestra fe, esperanza y caridad»Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad cristiana de los Tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor.
    En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
    Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.
  • Evangelio: Mateo 22, 15-21
    «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de qué pudieran acusarlo.
    Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran:
    «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?»
    Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
    «Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo».
    Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó:
    «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?»
    Le respondieron:
    «Del César».
    Y Jesús concluyó:
    «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».


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Lecturas de la misa – 28º Semana del Tiempo Ordinario 9 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 25, 6-10
    «El Señor preparará un banquete y enjugará las lágrimas de todos los rostros» 

    En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor. En aquel día se dirá:
    «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte».

  • Salmo Responsorial: 22
    «Habitaré en la casa del Señor toda la vida.»El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu bastón me dan seguridad.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

  • Segunda Lectura: Filipenses 4, 12-14.19-20
    «Todo lo puedo unido a Aquél que me da fuerza»Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a Aquél que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.
    Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.
  • Evangelio: Mateo 22, 1-14
    «Inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren»En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
    «El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran:
    “Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda”.
    Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, las cuales dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados:
    “La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos e inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren”.
    Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de invitados. Cuando el rey entró a saludar a los invitados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?”
    Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados:
    “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”».


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Lecturas de la misa – 27º Domingo del Tiempo Ordinario 2 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 5, 1-7
    «La viña del Señor es la casa de Israel»Voy a cantar, en nombre de mi amado, una canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar. El esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias.
    Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego que sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?
    Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña: le quitaré su cerca y será destrozada. Derribaré su tapia y será pisoteada. La convertiré en un desierto, nadie la podará ni le quitará los cardos; crecerán en ella los abrojos y las espinas; mandaré a la nubes que no lluevan sobre ella.
    Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y sólo se oyen reclamaciones.
  • Salmo Responsorial: 79
    «La viña del Señor es la casa de Israel.»Señor, tú trajiste de Egipto una vid; arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste; ella extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes llegaban hasta el río.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Señor, ¿por qué has derribado su cerca, de modo que puedan saquear tu viña los que pasan, pisotearla los animales salvajes, y las bestias del campo destrozarla?
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la planta sembrada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida; alabaremos tu poder.
    Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos; míranos con bondad y estaremos a salvo.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

  • Segunda Lectura: Filipenses 4, 6-9
    «Obren bien y el Dios de la paz estará con ustedes»Hermanos: No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios, quien sobrepasa toda inteligencia, y él custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
    Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y así, el Dios de la paz estará con ustedes.
  • Evangelio: Mateo 21, 33-43
    «Alquilará el viñedo a otros viñadores»En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
    «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
    Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando:
    “A mi hijo lo respetarán”.
    Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros:
    “Éste es el heredero.Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia”.
    Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
    Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?»
    Ellos le respondieron:
    «Dará muerte terrible a esos desalmados y alquilará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».
    Entonces Jesús agregó:
    «¿No han leído nunca la Escritura que dice:
    “La Piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?”
    Por esta razón les digo a ustedes que les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».


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Lecturas de la misa – 26º Domingo del Tiempo Ordinario 25 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Ezequiel 18, 25-28
    «La responsabilidad personal» 

    Y vosotros decís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad casa de Israel, ¿Qué no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha cometido muere. Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservará su vida. Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin duda, no morirá.

  • Salmo Responsorial: 24
    «A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío» 

    Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación.

    R. A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío.

     

    En ti estoy esperando todo el día, por tu bondad Señor. Acuérdate, de tu ternura, y de tu amor, que son de siempre. De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor acuérdate de mí.

    R. A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío.

     

    Bueno y recto es el Señor, por eso muestra a los pecadores el camino; conduce en la justicia a los humildes, y a los pobres enseña su sendero.

    R. A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío.

  • Segunda Lectura: Filipenses 2, 1-11
    «La imitación de Cristo»Si tenéis, pues, (para mí) alguna consolación en Cristo, algún consuelo de caridad, alguna comunicación de Espíritu, alguna ternura y misericordia, poned el colmo a mi gozo, siendo de un mismo sentir, teniendo un mismo amor, un mismo espíritu, un mismo pensamiento. No hagáis nada por emulación ni por vanagloria, sino con humilde corazón, considerando los unos a los otros como superiores, no mirando cada uno por su propia ventaja, sino por la de los demás. Tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús; el cual, siendo su naturaleza la de Dios, no miró como botín el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por eso Dios le sobreensalzó y le dió el nombre que es sobre todo nombre, para que toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra se doble en el nombre de Jesús, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
  • Evangelio: Mateo 21, 28-32
    «Los dos hijos desiguales»»¿Qué opináis vosotros? Un hombre tenía dos hijos; fue a buscar al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar a la viña». Mas éste respondió y dijo: «Voy, Señor», y no fue. Después fue a buscar al segundo, y le dijo lo mismo. Este contestó y dijo: «No quiero», pero después se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» Respondieron: «El último». Entonces, Jesús les dijo: «En verdad, os digo, los publicanos y las rameras entrarán en el reino de Dios antes que vosotros. Porque vino Juan a vosotros, andando en camino de justicia, y vosotros no le creísteis, mientras que los publicanos y las rameras le creyeron. Ahora bien, ni siquiera después de haber visto esto, os arrepentisteis, para creerle».


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Lecturas de la misa – 25º Domingo del Tiempo Ordinario 18 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 55, 6-9
    «Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes»Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.
    Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos.
  • Salmo Responsorial: 144
    «Bendeciré al Señor eternamente.»Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte. Muy digno de alabanza es el Señor, por ser su grandeza incalculable.
    R. Bendeciré al Señor eternamente.

    El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas.
    R. Bendeciré al Señor eternamente.

    Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No esta lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.
    R. Bendeciré al Señor eternamente.

  • Segunda Lectura: Filipenses 1, 20-24.27
    «Para mí, la vida es Cristo y la muerte, una ganancia»Hermanos:
    Ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte Cristo será glorificado en mí. Porque para mí, la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Pero si el continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto, no sabría yo qué elegir.
    Me hacen fuerza ambas cosas: por una parte el deseo de morir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de permanecer en vida, porque esto es necesario para el bien de ustedes. Por lo que a ustedes toca, lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.
  • Evangelio: Mateo 20, 1-16
    «¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?»En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
    «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:
    “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo”.
    Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo la mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo:
    “¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?”
    Ellos le respondieron:
    “Porque nadie nos ha contratado”.
    El les dijo:
    “Vayan también ustedes a mi viña”.
    Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador:
    “Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros”.
    Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
    Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole:
    “Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor”.
    Pero él respondió a uno de ellos:
    “Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”
    De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos».


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Homilía domingo 24º t.o. Ciclo A domingo 11 de septiembre 2011

El domingo pasado decía que corregir, o reprender resulta difícil, duro, que hay que saber hacerlo y que al hacerlo se debe hacer de forma sencilla y desde la comprensión más que desde la condenación. En las lecturas de hoy, sobre todo, primera y evangelio se nos pide algo más difícil aún: saber perdonar.

La pregunta de Pedro, más o menos formulada de esta manera, está en nuestras mentes y en nuestro corazón: ¿cuántas veces tengo que perdonar? Dicho así en general, uno puede pensar que eso no va conmigo, pero si se desciende a la vida práctica caemos en la cuenta que la pregunta es real y verdadera: ¿cuántas veces tengo que perdonar?

Ante asesinatos, violencia, odio, problemas familiares o sociales, rencores, enemistades personales, ¿no nos preguntamos cuántas veces tengo que perdonar? Al menos yo creo que esta pregunta se la hacen las personas con cierto sentido común. ¿Por qué digo esto? Pues porque se ha perdido el sentido del perdón como experiencia humana y como experiencia religiosa en el sacramento de la reconciliación. El perdón es experiencia religiosa y humana. El perdón está en el corazón de todo hombre, sea o no creyente.

Ante Dios no vale eso de “perdono pero no olvido”. En la primera lectura leemos “¿cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?”. Perdonar pero no olvidar es guardar en el corazón, aunque sea en el fondo del corazón, rencor hacia la persona que nos ha hecho daño. Leemos “no tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?”. Lo que no somos capaces de dar a otro, ¿lo pedimos para nosotros? Es lo que hace el siervo del evangelio: pide perdón para sí, pero no es capaz de perdonar a su prójimo. Y esto lo constatamos en la vida diaria.  

O, si vamos al Padre nuestro: “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. De tanto repetir esta oración no llegamos a darnos cuenta de lo que pedimos, decimos y sobre todo de aquello a lo que nos comprometemos: perdonar.

Aunque parezca extraño hay que enseñar a pedir perdón y a perdonar. Quien quiera defender sus derechos tiene que saber cumplir sus deberes. Hoy no se pide perdón porque no se enseña lo que es bueno y lo que no lo es. O porque se da tanta importancia a lo personal que se descuida y olvida lo comunitario. ¿Por qué tengo que pedir perdón? Se oye a veces decir a niños y mayores. Sencillamente porque has causado daño.

Pedir perdón y saber perdonar facilita la convivencia en la familia, en la sociedad, en la iglesia, como comunidad de creyentes, y porque cambia las relaciones entre las personas. Pedir perdón y saber perdonar es el mejor camino para erradicar el mal de nuestras vidas. Quien no pide perdón o no sabe, o no quiere, perdonar hace que en su corazón predomine el odio y el rencor, en definitiva que sea un corazón triste, que tenga un corazón de piedra.

El perdón está unido al corazón. Las personas de buen corazón son aquellas que saben perdonar y/o pedir perdón. Las personas de buen corazón enseñan a otros a perdonar y a pedir perdón. A las personas de buen corazón les resulta más fácil vivir el amor a Dios y a los demás. Quedémonos con el final del evangelio y perdonemos de corazón al hermano”.


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Lecturas de la misa – 24º Domingo del Tiempo Ordinario 11 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Eclesiástico 27, 30; 28, 1-7
    «Perdona la ofensa a tu prójimo, para obtener el perdón»Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados.
    Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados. El que le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor? El que no tiene compasión de su semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quién interceda por él?
    Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos.
    Ten presente los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas.
  • Salmo Responsorial: 102
    «El Señor es compasivo y misericordioso.»Bendice al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al señor alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

    El Señor, perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y ternura.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

    El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestra culpas, ni nos paga según nuestros pecados.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

    Como desde la tierra hasta el cielo, así es grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

  • Segunda Lectura: Romanos 14, 7-9
    «En la vida y en la muerte somos del Señor»Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo, para ser Señor de vivos y muertos.
  • Evangelio: Mateo 18, 21-35
    «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete»En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
    «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»
    Jesús le contestó:
    «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
    Y les propuso esta parábola:
    «El Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que le debía mucho dinero. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo:
    “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
    El rey tuvo lástima de aquel empleado, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, al salir, aquel servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba mientras le decía:
    “Págame lo que me debes”.
    El compañero se le arrodilló y le rogaba:
    “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
    Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
    Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
    “Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
    Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
    Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


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Lecturas de la misa – 23º Domingo del Tiempo Ordinario 4 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Ezequiel 33, 7-9
    «Si no amonestas al malvado, te pediré cuentas de su vida»Esto dice el Señor:
    «A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte.
    Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida.
    En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida».
  • Salmo Responsorial: 94
    «Señor, que no seamos sordos a tu voz.»Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias.
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

    Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él, nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

    Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras».
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

  • Segunda Lectura: Romanos 13, 8-10
    «La plenitud de la ley es el amor»Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás y todos los otros, se resumen en éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar.
  • Evangelio: Mateo 18, 15-20
    «Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado»En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
    Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
    Yo les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».


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Lecturas de la misa – 22º Domingo del Tiempo Ordinario 28 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Jeremías 20, 7-9
    «Soy objeto de burla por anunciar la palabra del Señor»Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste. He sido el hazmerreír de todos, días tras día se burlan de mí. Desde que comencé a hablar, he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción. Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de burla todo el día. He llegado a decirme:
    «Ya no me acordaré del Señor ni hablaré más en su nombre».
    Pero había en mí como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía.
  • Salmo Responsorial: 62
    «Señor, mi alma tiene sed de ti.»Señor, tú eres mi Dios, a ti busco; de ti sedienta está mi alma. Señor, todo mi ser te añora como el suelo reseco añora el agua.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Para admirar tu gloria y poder, con este afán te busco en tu santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre Señor, te alabarán mis labios.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración mis manos. De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con júbilos de labios.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Porque fuiste mi auxilio y a tu sombra, Señor, canto con gozo. A ti se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

  • Segunda Lectura: Romanos 12, 1-2
    «Ofrézcanse ustedes mismos como una ofrenda viva»Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
  • Evangelio: Mateo 16, 21-27
    «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo»En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho por parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole:
    «No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede sucede a ti».
    Pero Jesús, volviéndose a Pedro le dijo:
    «¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi
    camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!»
    Luego Jesús dijo a sus discípulos:
    «El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras».


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Lecturas de la misa – 21º Domingo del Tiempo Ordinario 21 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 22, 19-23
    «Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro»Así dice el Señor a Sebná, mayordomo de palacio:
    «Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo. Aquel mismo día llamaré a mi siervo, a Eleacín, el hijo de Elcías; le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, y le traspasaré tus poderes.
    Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro.
    Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo fijaré como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la casa de su padre».
  • Salmo Responsorial: 137
    «Señor, tu amor perdura eternamente.»De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de tus ángeles, te adoraremos en tu templo.

    R. Señor, tu amor perdura eternamente.

    Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor; siempre que te invocamos, nos oíste y nos llenaste de valor.

    R. Señor, tu amor perdura eternamente.

    Se complace el Señor en los humildes y rechaza al engreído. Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones.

    R. Señor, tu amor perdura eternamente.

  • Segunda Lectura: Romanos 11, 33-36
    «Todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él»Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
  • Evangelio: Mateo 16, 13-20
    «Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos»En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
    «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
    Ellos le respondieron:
    «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas».
    Luego les preguntó:
    «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
    Simón Pedro tomó la palabra y le dijo:
    «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
    Jesús le dijo entonces:
    «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan!, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».
    Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.