Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – Domingo 21 de Noviembre 2010

Domingo 34º del T.O.

  • Primera Lectura: II Samuel 5, 1-3
    «Ungieron a David como rey de Israel» 

    En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: «Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel.»»

    Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

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  • Salmo Responsorial: 121
    «Vamos alegres a la casa del Señor.» 

    ¡Qué alegría cuando me dijeron:

    «Vamos a la casa del Señor»!

    Ya están pisando nuestros pies

    tus umbrales, Jerusalén. R.

    Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.

  • Segunda Lectura: Colosenses 1, 12-20
    «Nos ha trasladado al reino de su Hijo querido» 

    Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.

    Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

    Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.

    Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

    Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

    Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

    Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

    Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

  • Evangelio: Lucas 23, 35-43
    «Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» 

    En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.» Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.» 


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Homilía domingo 14 Noviembre 2010

HOMILIA domingo 33º t.o. Ciclo C

Se puede decir que las religiones, sectas, incluso grupos que nada tienen que ver con lo religioso aprovechan momentos en los que no les van bien las cosas para hacer anuncios apocalípticos. Normalmente estos anuncios los hacen fanáticos o fundamentalistas, sean del signo que sean y se muevan en el ámbito que se muevan. Se creen iluminados, engañan, ganan adeptos y en nombre de no se sabe qué, tal vez en beneficio propio, meten miedo a las personas. El judaísmo y el cristianismo no escapan a estos anuncios. Tampoco escapa la sociedad civil que, con sus diversos grupos, crean climas de tensión para beneficiarse y hacer que se olviden los verdaderos problemas que vivimos.

Con la vivencia de la fe puede pasar lo mismo. Cuando no se molesta a la religión, sea cual sea, todo se ve de color rosa. Por el contrario, cuando esta se ve amenazada, cuando se la quiere relegar…los hay que recurren a anuncios apocalípticos. Aquí y entonces es bueno recordar las palabras de Jesús en el evangelio: “que nadie os engañe” y “no vayáis tras ellos”.

La fe no se vive añorando el pasado, porque, entre otras cosas, el tiempo pasado, pasado está y las necesidades y vivencias de cada tiempo son diferentes. La fe es compromiso actual y compromiso por vivir el presente aprovechando lo bueno del pasado pero sin hacer que ese pasado tenga tanto peso que anule lo que nos toca vivir. Hay personas que viven de recuerdos del pasado y no miran hacia delante.

En el evangelio Jesús nos dice algo que deberíamos tener en cuenta: “tendréis ocasión de dar testimonio”. Siendo realistas y conscientes de las necesidades del mundo y de la sociedad que vivimos…nuestra misión en el mundo y en la sociedad es la de “dar testimonio” de lo que creemos y en quien creemos.      

Jesucristo no ha venido a meternos miedo, ni a anunciar el fin del mundo. El mismo dice que el fin del mundo está en manos del Padre. La Buena Noticia que él predicó quiere ser eso: BUENA NOTICIA. Jesús es la buena noticia del Padre y por ello el testimonio que nos ha dejado es que el Padre es amor, perdón, paz, salvación, liberación. Y cuando Jesús nos invita a dar testimonio es para continuar su labor de ser también nosotros buena noticia para los demás de amor, perdón, paz, salvación…

Y para anunciar todo eso Jesús nos dice que “yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente…ningún adversario vuestro”.  Sabemos que la gente se queda sin palabras cuando ven que otros, en lugar de ser catastrofistas, anuncian la buena noticia de Jesús. Anunciar el evangelio, aunque sea desde nuestros defectos, deja sin palabras a los que se oponen a él y en lugar de contradecir, su oposición es ridiculizar, quitar de en medio el evangelio, sencillamente porque les molesta.

Quedémonos con las palabras de Jesús que son invitación para todos: “tendréis ocasión de dar testimonio”. Y el verdadero testimonio atrae más que los anuncios catastróficos que no hacen más que engañar.


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Lecturas de la misa – Domingo 14 de Noviembre 2010

Domingo 33º del T.O.

  • Primera Lectura: Malaquías 3, 19-20a
    «Os iluminará un sol de justicia» 

    Mirad que llega el día, ardiente como un horno:

    malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir

    -dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz.

    Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.

  • Salmo Responsorial: 97
    «El Señor llega para regir los pueblos con rectitud.» 

    Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.

    Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes al Señor, que llega para regir la tierra. R.

    Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud. R.

  • Segunda Lectura: II Tesalonicenses 3, 7-12
    «El que no trabaja, que no coma» 

    Hermanos: Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie.

    No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar.

    Cuando vivimos con vosotros os lo mandarnos: el que no trabaja, que no coma.

    Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada.

    Pues a esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.

  • Evangelio: Lucas 21, 5-19
    «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» 

    En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»

    Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»

    Él contesto: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien: «El momento está cerca; no vayáis tras ellos.

    Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

    Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»

    Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.

    Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

    Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio.

    Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

    Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía.

    Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.» 


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Homilía domingo 7 de Noviembre 2010 – dom 32º t.o

HOMILIA domingo 32º t.o. Ciclo C

Normalmente predico siguiendo el Evangelio. Hoy me centraré en la segunda lectura, la de Tesalonicenses, con alusiones al viaje del Papa a Santiago y a Barcelona.

Pablo anima la comunidad cristiana de Tesalónica tomando como referencia a Jesucristo y a Dios Padre. Cristo es el centro de la vida y predicación de Pablo. Las cartas de Pablo insisten que toda la vida y toda vida deben girar en torno a Jesucristo. Sabemos por él mismo que pasó dificultades para transmitir el Evangelio en algunas comunidades por donde pasaba. Esas dificultades en lugar de hacerle desistir de su tarea, le animaban aún más a predicar y a dar testimonio de su fe en Cristo.

En estos días Benedicto XVI anima a dos comunidades cristianas, las de Santiago y Barcelona, aunque su mensaje se dirige también a una comunidad más amplia.  No creo que sea exagerado decir que su persona, como discípulo de Cristo y con un peso tan importante dentro y fuera de la Iglesia, pasa también por dificultades. Pero él continúa con su misión de transmitir el Evangelio corroborándolo con su propio testimonio y por qué no, con su avanzada edad.

Pablo dice a los Tesalonicenses una frase que sigue siendo actual: “rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros”. Pablo le recuerda a Timoteo que “la palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2,9), aunque él mismo sufre prisiones y lleva cadenas como un malhechor. El  resume su tarea evangelizadora en llevar a Cristo a los gentiles, es decir, a personas que no han oído hablar de Jesús.

La intención de Pablo es que la palabra de Dios “siga su avance…” Por eso viaja de un sitio a otro. No quiere que nadie se quede sin conocer a Jesús. Que la palabra de Dios siga su avance es lo mismo que decir que Jesucristo sea predicado a todo hombre y que el Evangelio, que es buena noticia, llegue hasta los confines de la tierra.

La tarea de Benedicto XVI es la que dice san Pablo: que la palabra de Dios siga su avance, se oiga hasta los confines de la tierra, porque la palabra de Dios sigue sin estar encadenada. La palabra de Dios no encadena a nadie, sino que es palabra de liberación, de salvación. Reconozcámoslo, Benedicto XVI no es bien acogido en algunos lugares, pero eso no quita que él siga anunciando a Cristo. Posiblemente, digo posiblemente, en Santiago y en Barcelona puede haber personas que no conozcan a Cristo o que su mensaje les llegue tergiversado. Misión de todos nosotros es que el mensaje de Cristo llegue limpio a todo el que lo escuche.

Y termina el texto con una súplica: “que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo”. Es una súplica que bien podemos desearnos unos a otros. El mandamiento del amor, como Cristo nos amó, es lo fundamental del cristiano. La constancia de Cristo se resume en hacer ver a Dios como Padre y en predicar el Reino de Dios. En estos dos temas Jesús fue constante. Que también nosotros sintamos y hablemos de Dios como Padre y trabajemos por la llegada del Reino que predicó Jesús, Pablo y hoy predica Benedicto XVI.


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Lecturas de la misa – Domingo 7 de Noviembre 2010

Domingo 32º del T.O.

  • Primera Lectura: II Macabeos 7, 1-2. 9-14
    «El rey del universo nos resucitará para una vida eterna» 

    En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.

    Uno de ellos habló en nombre de los demás: «¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.»

    El segundo, estando para morir, dijo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.»

    Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: «De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.»

    El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.

    Cuando murió este, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.»

  • Salmo Responsorial: 16
    «Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.» 

    Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi suplica, que en mis labios no hay engaño. R.

    Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. R.

    Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R.

  • Segunda Lectura: II Tesalonicenses 2, 16-3, 5
    «El Señor os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas» 

    Hermanos: Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas.

    Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos.

    El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.

    Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.

    Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo.

  • Evangelio: Lucas 20, 27-38
    «No es Dios de muertos, sino de vivos» 

    En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»

    Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.

    Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»


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Homilía lunes 1 de Noviembre 2010 – Todos los Santos

HOMILIA fiesta de TODOS LOS SANTOS

 La Iglesia de hoy resulta molesta a mucha gente por el mensaje que transmite y por la vivencia de ese mensaje. A unos les molesta porque los enfrenta con un mensaje de respeto a la persona, a la vida, a la libertad, a lo que podemos llamar “trascendencia”, es decir, fe-confianza en Dios. En un Dios que se ha hecho uno de nosotros y que nos ha hecho hijos suyos por puro amor, según la carta de San Juan.

    A otros les molesta por la vivencia del mensaje, que muchas personas lo centran en su acción desinteresada hacia los más necesitados de todo tipo…El mensaje y la vivencia de ese mensaje es siempre el mismo porque se basa en el evangelio…se basa en el programa de Jesús que acabamos de escuchar en el texto de las Bienaventuranzas, se basa en el mismo Jesús.

 Seamos también conscientes que hay muchos cristianos que perteneciendo a un catolicismo social, pero no real, les puede asimismo molestar la iglesia. La fiesta de hoy es la gran fiesta, la gran memoria, de muchas personas que conociendo el mensaje de Jesús, lo llevaron a la vida. Por eso entre estos “santos” oficiales y otros muchos que no han sido declarados tales, los hay que dieron su vida, derramando incluso su sangre,  por el mensaje de Jesús, es decir, por ser consecuentes con su fe. Otros lo vivieron dedicando su vida a los demás.  Otros lo pusieron en práctica de manera silenciosa… Otros… Para ellos era la forma de vivir las Bienaventuranzas, el mensaje de Jesús

Podemos decir que siempre ha habido personas que por creer y vivir el mensaje de Jesús han resultado molestas a su sociedad.  Hoy hay cristianos que nos están manifestando que el Evangelio se puede vivir con todo el rigor de la letra y el espíritu.

Los valores que viven muchas de estas personas son valores que cuentan poco en nuestro mundo. La entrega, el servicio, la disponibilidad, la gratuidad, la búsqueda de la justicia y la paz…son, entre otros, valores que a nuestra sociedad llamada de bienestar le cuesta aceptar. Y porque le cuesta aceptarlos…los ignora, los considera valores obsoletos y los contrapone a una felicidad basada en lo efímero, en el poder, en el dinero…

Hay que reconocer que hay personas que sin ser cristianos…sin ser personas oficialmente “religiosas” viven y trabajan por extender estos valores. También ellos pueden ser considerados como “bichos raros”.

Las bienaventuranzas son una llamada personal, a cada uno de nosotros, a vivir el mensaje de Jesús. Hay una frase que me gusta, que la llevo en mi agenda personal, y la tenéis en la hoja dominical: “cada jornada nuestra es seguro que nos presentará alguna ocasión de poner en práctica las bienaventuranzas” que es bien real.

No nos importe si con la vivencia del mensaje de Jesús resultamos molestos a nuestro mundo. A los santos que hoy celebramos también les pasó lo mismo. Pero será señal que, primero, nos ayude a reflexionar sobre nuestra propia vida, y segundo, hará que otros hagan lo mismo con la suya. Así todos podremos vivir en este mundo con las mismas oportunidades y hacer que nadie se sienta excluido llevar una vida digna, una vida de hijo de Dios.


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Lecturas de la misa – Lunes 1 Noviembre 2010 – Todos los Santos

Todos los Santos 1 de Noviembre de 2010

Lecturas de la liturgia

Primera Lectura: Apocalípsis 7,2-4.9-14
«Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua» 

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.» Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.»

Y uno de los ancianos me dijo: «Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?» Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.» Él me respondió: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.»

 Salmo Responsorial: 23
«Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.» 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, / el orbe y todos sus habitantes: / él la fundó sobre los mares, / él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro? / El hombre de manos inocentes / y puro corazón, / que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, / le hará justicia el Dios de salvación. / Éste es el grupo que busca al Señor, / que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

 Segunda Lectura: I Juan 3,1-3
«Veremos a Dios tal cual es» 

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

 Evangelio: Mateo 5,1-12a
«Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»


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Homilía Domingo 31 de Octubre 2010 – dom. 31º t.o.

HOMILIA  domingo 31º t.o. Ciclo C

En el evangelio de san Juan, Jesús dice: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. El evangelio de este domingo es una ratificación de esa frase de Jesús.

Vivimos en un mundo donde parece ser que estamos más interesados en rechazar, quitar de en medio, incluso en ignorar a quienes no piensan o  no sienten como nosotros. Eso lo vemos en todos los niveles de la vida personal y social. Y el problema serio es que esa actitud la transmitimos a las generaciones jóvenes. El respeto por la vida y la dignidad propia y ajena nos es, a veces, indiferente.

El evangelio de hoy es una apuesta por la vida. Zaqueo, como publicano y rico que era, no era bien visto por sus conciudadanos, era objeto de odio por estar vendido a los romanos. Para muchos judíos Zaqueo era una persona, vamos a decir, sin vida. Y Zaqueo, por su parte, se aprovechaba de los judíos, cobrándoles más impuestos. Para él los judíos eran simplemente algo, no alguien, a quien robar y aprovecharse de ellos.

Zaqueo se entera que Jesús va a pasar por Jericó. Quiere verle por ser un personaje importante. Pero se encuentra con que es Jesús quien le busca a él. De querer ver a Jesús, se encuentra siendo buscado por él. En la Biblia hay numerosos textos donde Dios es quien busca al hombre y no al revés: busca a Adán en el paraíso, busca a Moisés en la zarza,… El evangelio nos dice, que “Jesús levantó los ojos”. Los levantó a propósito para provocar el encuentro. Por eso el encuentro de Jesús con Zaqueo no es casual. Jesús quiere dar vida a este hombre, lo quiere salvado, redimido.

En la primera lectura hemos leído “a todos perdonas…Señor, amigo de la vida”. Jesús es la vida y “amigo de la vida” y su encuentro con Zaqueo quiere ser eso: transmisión de vida. Zaqueo cae en la cuenta de que la vida no es aprovecharse de los demás, sino de devolver a los demás lo robado y más aún. Cae en la cuenta de que la vida es dejarse buscar por alguien que te quiere, que levanta los ojos para encontrarse contigo, que se hospeda en tu casa y que te ofrece el perdón como signo de vida y amor.

Muchas veces nosotros buscamos a Dios, aunque hoy vivimos en una sociedad cada vez más indiferente al encuentro con Dios. Y muchas veces, más que buscar a Dios, es Dios quien nos busca a nosotros. Dejémosle que sea El quien eleve los ojos, nos vea, y nos diga que quiere alojarse en nuestra casa. Hay una frase de una mujer francesa que dice: “Dios mío, si Tú estás en todas partes, ¿cómo es que yo siempre estoy en otro lugar?” (Madeleine Delbrel). Dios nos busca, sólo necesita que nosotros estemos en el lugar donde Él está.

Zaqueo recibe el amor de Dios por medio de Jesús y él manifiesta ese amor a los demás devolviéndoles lo robado y superando eso que ha robado, cuatro veces más. La salvación que dice Jesús que ha entrado en la casa de Zaqueo, es la misma vida.

Devolver la vida a una persona es salvarle. Salvar a una persona es darle vida. Eso es lo que Dios hace con nosotros, lo que Jesús ha hecho por todos los hombres: salvarnos y darnos vida, o al contrario, darnos vida salvándonos. Que a ejemplo de Zaqueo, nuestro encuentro con Dios, nos lleve al encuentro con los demás y a dar vida a los demás.


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Lecturas de la misa – Domingo 31 de Octubre 2010

Domingo 31º del T.O.

  • Primera Lectura: Sabiduría 11, 22-12,2
    «Te compadeces, Señor, de todos, porque amas a todos los seres» 

    Señor, el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra.

    Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan.

    Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.

    Y ¿cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido?

    ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado?

    Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

    Todos llevan tu soplo incorruptible.

    Por eso, corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

  • Salmo Responsorial: 144
    «Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.» 

    Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

    El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

    Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.

    El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R.

 

  • Segunda Lectura: II Tesalonicenses 1, 11-2, 2
    «Que Cristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él» 

    Hermanos: Pedimos continuamente a Dios que os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

    Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

  • Evangelio: Lucas 19, 1-10
    «El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido» 

    En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.

    Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

    Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

    Él bajo en seguida y lo recibió muy contento.

    Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

    Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

    Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán.

    Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.» 

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