Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas misa Domingo 10 de Abril 2011 – 5º Dom. Cuaresma

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Ezequiel 37, 12-14
    «Les infundiré mi espíritu y vivirán»Esto dice el Señor Dios:
    «Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes sabrán que yo soy el Señor: les infundiré mi espíritu y vivirán; los estableceré en su tierra y sabrán que yo el Señor, lo digo y lo hago».
    Oráculo del Señor.
  • Salmo Responsorial: 129
    «Perdónanos, Señor, y viviremos.»Desde el abismo de mis pecados clamo a ti, Señor; escucha mi clamor; estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

    Si conservaras el recuerdo de las culpas, Señor, ¿quién habría que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

    Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su Palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

    Porque del Señor viene la misericordia, la abundancia de la redención; y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 8-11
    «El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes»Hermanos: Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita en ustedes.
    Quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.
    Si el Espíritu del Padre que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos dará vida también a sus cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en ustedes.
  • Evangelio: Juan 11, 1-45
    «Yo soy la resurrección y la vida»En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron decir a Jesús:
    «Señor, tu amigo está enfermo».
    Al oírlo dijo Jesús:
    «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
    Por eso Jesús, que amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro, al enterarse de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días donde se hallaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:
    «Vamos otra vez a Judea».
    Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
    «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
    Jesús le dijo:
    «Tu hermano resucitará».
    Marta respondió:
    «Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día».
    Jesús le dice:
    «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
    Ella le contestó:
    «Sí, Señor: creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
    Jesús, muy conmovido, preguntó:
    «¿Dónde lo han enterrado?»
    Le contestaron:
    «Señor, ven a verlo».
    Jesús se echó a llorar y los judíos comentaban:
    «¡Cómo lo quería!»
    Pero algunos dijeron:
    «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»
    Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba que era una cueva cubierta con una losa.
    Dijo Jesús:
    «Quiten la losa».
    Marta, la hermana del muerto, le dijo:
    «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días».
    Jesús le dijo:
    «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»
    Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
    «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado».
    Y dicho esto, gritó con voz potente:
    «¡Lázaro, ven afuera!»
    Y el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
    Jesús les dijo:
    «Desátenlo y déjenlo andar».
    Y muchos judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.


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2ª HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A – 3 Abril 2011

HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A

El evangelio de este domingo es una catequesis bautismal y una manera sencilla de abrirse a la fe descubriendo poco a poco a Jesús. El proceso que vive el ciego del evangelio es el proceso que viven muchas personas, o tal vez hemos vivido nosotros a lo largo de nuestra historia personal. Más que encontrarse con Jesús de repente y de una vez por todas, el encuentro entre Jesús y cada uno de nosotros está marcado por diferentes pasos.

El primer paso está  marcado por la ceguera que nos impide ver las obras de Dios. A veces estamos tan ciegos que no vemos lo que Dios ha hecho con cada uno de nosotros. Siempre hay alguien que nos ayuda a descubrir la acción de Dios en nuestras vidas. Personas, acontecimientos, encuentros, como el de la semana pasada de Jesús con la samaritana, nos ayudan a descubrir, a ver las obras de Dios. Otras veces estamos tan ciegos que tenemos que preguntar como los discípulos a Jesús: ¿por qué no veo yo lo que Dios hace a favor de los demás?.

Para ver las obras de Dios en la vida hace falta la fe. Si nos quedamos con la sola mirada de los ojos, nuestra visión de la vida y de los acontecimientos se queda coja. Si a la mirada de los ojos acompañamos la mirada del corazón, es decir, de la fe, nuestra visión se enriquece y nos acerca más a Dios.  La fe es un don que Dios nos da, pero también es una respuesta que nosotros damos a Dios. El nos da gratis la fe. Nosotros, también gratuitamente, creemos en Dios.

En el segundo paso la fe, que va haciendo que desaparezca la ceguera, nos ayuda a caminar como hijos de la luz. El ciego quería ver, pero no solo ver físicamente sino llegar a ver la luz. No se imaginaba que se iba a encontrar con Jesús, “luz del mundo”. Pasa de estar ciego de no ver, de no tener fe, a ver y confesar su fe en Jesús. Pasa de no tener luz que le guíe a encontrarse con la verdadera luz. El ciego termina confesando: “creo, Señor” (v.38). Su fe en Jesús le ayuda a ver la luz.

En nuestra vida personal necesitamos eliminar la ceguera que nos impide encontrarnos con Jesús y caminar siguiéndole a El. Al ciego del evangelio se le piden muchas explicaciones, se molesta a los padres que tienen miedo de confesar que el ciego es su hijo, el mismo ciego da una y otra vez la misma explicación. Tal vez a nosotros nos puede suceder algo parecido. Nos puede dar miedo confesar a Jesús, nos puede dar miedo tener que dar explicaciones de por qué creemos, nos refugiamos en respuestas vagas para no comprometernos y que nos dejen en paz.

Y en el tercer paso la fe nos hace ser testigos. La confesión de fe del ciego le convierte en testigo de Jesús. Su vida ha cambiado. Ya no es el que estaba sentado mendigando. Ahora puesto en pie se convierte en testigo de Jesús   Ya no tiene miedo a confesar que Jesús es no solo el que le ha devuelto la vista, sino que es el camino a seguir, la luz que alumbra su vida. Su ser testigo le lleva a enfrentarse con los que no solo dudan sino que ponen objeciones a su curación, es decir a su vida de fe, y objeciones a Jesús como luz del mundo.

Algo parecido nos puede pasar a nosotros. En un primer momento no nos resulta fácil ser testigos. Ser testigos de Jesús es un verdadero compromiso elegido libremente. Este compromiso nos llevará a enfrentarnos con los criterios del mundo, del poder, de violencia, de opresión. Habrá quien se sienta molesto por nuestro seguimiento de Jesús, pero mejor será eso que no pasar desapercibidos por miedo al qué dirán.

Termino con unas palabras refiriendo este proceso al Beato Chaminade. El desde la fe supo ver las obras de Dios aún viviendo momentos duros y difíciles, como verse perseguido por confesar a Jesús. La fe fue la que marcó su camino para seguir a Jesús, hecho hijo de María, y desde la fe se convirtió en testigo de Jesús. A nosotros los que formamos la familia marianista nos deja un ejemplo de fe vivida desde el corazón y desde la entrega a Dios y a los demás.


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HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A – 3 Abril 2011

HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A

El evangelio de este domingo, leído en su totalidad, es una catequesis bautismal. Pero también puede ser leído e interpretado desde la tema de la fe y eso es lo que voy a intentar transmitir con estas palabras. Además el tema de la fe lo voy a unir a la figura, para mí tan importante, del Beato Guillermo José Chaminade, fundador de la Familia Marianista, cuyo 250 aniversario de su nacimiento celebramos estos días y a lo largo de este año.

La fe se desarrolla, entre otros, en tres pasos que vemos desarrollados en el evangelio y en la vida del Beato Chaminade. En el primer paso la fe nos ayuda a ver las obras de Dios. La respuesta de Jesús a los discípulos es asimismo una respuesta para cada uno de nosotros: la fe nos ayuda a ver la manifestación de las obras de Dios. La gran manifestación de Dios y de su obra la tenemos en su Hijo Jesús y también en nosotros, sus criaturas.

 

Para ver las obras de Dios en la vida hace falta la fe. Si nos quedamos con la sola mirada de los ojos, nuestra visión de la vida y de los acontecimientos se queda coja. Si a la mirada de los ojos la acompañamos con la mirada del corazón, es decir, de la fe, nuestra visión se enriquece y nos acerca más a Dios. Del Beato Chaminade podemos decir que “vivió de la fe” y vio las obras de Dios en su vida. Su misión apostólica durante la Revolución francesa puso en peligro su vida. Pero él quería llevar a Dios a los demás. Su destierro en Zaragoza lo vivió desde la fe en Dios. Su vuelta a Burdeos fue para él “una manifestación de las obras de Dios”, pues allí fue donde además de predicar el evangelio a los jóvenes, puso los cimientos para que otros vivieran la fe ya sea en el estado laical o en la vida religiosa.

En el segundo paso la fe nos ayuda a caminar como hijos de la luz. El ciego quería ver, pero no solo ver sino llegar a ver la luz. No se imaginaba que se iba a encontrar con Jesús, “luz del mundo”. Pasa de estar ciego, de no tener fe, a ver y confesar su fe en Jesús. Pasa de no tener luz que le guíe a encontrarse con la verdadera luz. El ciego termina confesando: “creo, Señor” (v.38). Su fe en Jesús le ayuda a ver la luz.

El Beato Chaminade nos dejó uno de sus lemas favoritos: “fuertes en la fe”. El estaba convencido que quienes quisieran seguir su carisma, el carisma marianista, tenían que ser fuertes en la fe y ayudar a otros a caminar como hijos de la luz que es Cristo que es lo mismo que caminar guiados por la fe. El quería formar comunidades de fe que ayudaran a otros a caminar a la luz de la fe.

Y en el tercer paso la fe nos ayuda a ser testigos. La confesión de fe del ciego le convierte en testigo de Jesús. Su vida ha cambiado. Ya no es el que estaba sentado mendigando. Ahora puesto en pie se convierte en testigo de Jesús

El Beato Chaminade experimentó en su vida lo que se significaba ser testigo de Jesús. Al ser perseguido, se convirtió en testigo. Al venir a Zaragoza dio testimonio de su fe ante la Virgen del Pilar. Al regresar a Burdeos su testimonio de fe atrajo a muchos a seguir  a Jesús por medio de él.

El ciego del evangelio y el Beato Chaminade nos dejan todo un itinerario para seguir a Jesús y vivir la fe: viendo cada día las obras de Dios, caminando como hijos de la luz y siendo testigos de la fe que profesamos en Jesús.


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Otros ejercicios para Cuaresma. Libro Cáritas 2011

Otros ejercicios

A los ejercicios cuaresmales tradicionales, en línea de ayuno, oración y caridad, podemos añadir otros, aunque estén en la misma línea. Señalamos algunos propios del Voluntariado, cuyo año se celebra.

• Aprender a decir Sí.

• Dar algo de tu tiempo libre.

• Acercarte para acompañar al que está solo.

• Prestar algún servicio, incluso en casa, pero de buen grado.

• Colaborar con organizaciones para el desarrollo y la paz, como Caritas, Manos Unidas…

• Hacer el trabajo, la profesión con más amabilidad y eficacia.

• Donar sangre.

• Evitar críticas y quejas.

• Liberarte de la tele.

• Liberarte del tabaco, y dar en caridad el ahorro.

• Pedir por personas y situaciones concretas, una manera de comulgar con ellas


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Lecturas Misa Domingo 3 de Abril 2011 – 4º Dom. Cuaresma

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: I Samuel 16, 1b.6-7.10-13
    «David es ungido como rey de Israel»En aquellos días, dijo el Señor a Samuel:
    «Llena tu cuerno de aceite y ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey».
    Cuando llegó a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé, pensó:
    «Seguramente éste es el ungido del Señor».
    Pero el Señor dijo a Samuel:
    «No mires su aspecto ni su gran estatura, pues yo le he descartado. Dios no juzga como juzga el hombre, pues el hombre mira en las apariencias, pero el Señor mira los corazones».
    Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo:
    «A ninguno de éstos ha elegido el Señor».
    Luego preguntó a Jesé:
    «¿Son éstos todos tus hijos?»
    El respondió:
    «Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño».
    Samuel dijo a Jesé:
    «Hazlo venir, porque no comeremos hasta que haya venido».
    Jesé lo mandó llamar; era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel:
    «Levántate y úngelo, porque éste es».
    Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió delante de sus hermanos.
  • Salmo Responsorial: 22
    «El Señor es mi pastor, nada me falta.»El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
    R. El Señor es mi pastor, nada me falta.Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo.Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
    R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

    Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
    R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

    Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
    R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

  • Segunda Lectura: Efesios 5, 8-14
    «Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz»Hermanos: En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz. Toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz. Busquen lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien repruébenlas abiertamente, pues lo que ellos hacen en secreto, hasta decirlo da vergüenza.
    Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso se dice:
    “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz”.
  • Evangelio: Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38
    «Fue, se lavó y volvió con vista»En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego, y le dijo:
    «Ve a lavarte a la piscina de Siloé» (que significa “Enviado”).
    El fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, comentaban:
    «¿No es ése el que se sentaba a pedir limosna?»
    Unos decían:
    «Sí, es el mismo».
    Otros, en cambio, negaban que se trataba del mismo y decían:
    «No es él, sino uno que se le parece».
    Pero el ciego decía:
    «Soy yo».
    Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, pues en un sábado Jesús hizo lodo con su saliva y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
    El les contestó:
    «Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo».
    Algunos de los fariseos comentaban:
    «Este hombre no puede venir de Dios, porque no respeta el sábado».
    Otros replicaban:
    «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
    Y estaban divididos, y volvieron a preguntarle al ciego:
    «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
    El contestó:
    «Que es un profeta».
    Le replicaron:
    «¿ Es que pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás lleno de pecado desde que naciste?»
    Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
    «¿Crees en el hijo del hombre?»
    El ciego preguntó:
    «Y quién es, Señor, para que crea en El?»
    Jesús le dijo:
    «Lo estás viendo: es el que está hablando contigo».
    Entonces el hombre dijo:
    «Creo, Señor».
    Y se postró ante Jesús.


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Homilia domingo 27 de marzo 3º de Cuaresma

Podemos decir que gran parte del mundo vive muy deprisa y agobiados por la falta de tiempo. Hoy teniendo muchas cosas para disfrutar no sabemos aprovecharlas precisamente por las prisas. No disfrutamos de la vida, del tiempo, de las personas. No nos paramos a pensar, ya sea porque nos cuesta, o porque nos da miedo. Por otra parte no nos paramos a ver qué necesitamos, sino que metidos en el ajetreo de la vida hacemos cosas, compramos cosas sin pensarlo, por rutina, o porque otros lo hacen.

Nos parecemos un poco a la samaritana que va y viene por agua, sí por necesidad, pero también por rutina, sin pensarlo. Se puede decir que nosotros también vamos y venimos en el día a día haciendo cosas tan solo por cubrir una necesidad, porque lo tenemos que hacer, pero sin pararnos a pensar si lo que hacemos, realmente lo necesitamos. Está claro que no me refiero, por ejemplo, al trabajo.

De vez en cuando también nos paramos a pensar y nos damos cuenta de lo que nos falta. No tanto cosas materiales, no tanto el agua física, sino que caemos en la cuenta que tenemos sed de algo más. Podemos tener sed de vivir, y de vivir dando sentido a nuestra vida. Podemos tener sed de cariño, de amistad, de perdón, de sentir a Dios cerca, de pensar qué significa para mí la Cuaresma, por ejemplo. Sed de vivir la fe día a día, sin caer en la rutina. Sed de encontrarme a mí mismo o sed de encontrar a alguien que me ayude.

Ante todo esto Jesús nos dice: “si conocieras el don de Dios”. Conocer el don de Dios es conocer a Jesús y su mensaje. Es, a través de Jesús, conocer a Dios. El don de Dios no se queda solo en El, sino que lleva unido conocer el don del hermano, del prójimo. Conocer el don de Dios lleva consigo sentarse a pensar, a rezar, a reflexionar sobre Dios, sobre mí mismo y sobre el prójimo. Es buscar en el corazón que es donde realmente hay que buscarlo y así calmar la sed que cada uno podamos tener.

La samaritana lo busca y lo encuentra en Jesús. Ese encuentro mutuo es por una parte fortuito, y por otra parte querido por Jesús. Jesús envía a los discípulos a comprar comida y él se queda esperando. Pensemos que en nosotros también se pueden dar encuentros fortuitos con Dios y encuentros queridos por Dios. El siempre sale a nuestra búsqueda, El se queda sentado esperando nuestra llegada y establece con nosotros un diálogo que ayuda a  calmar la sed que tenemos.

Aunque Jesús calma nuestra sed, El nos espera para charlar, para encontrarse con nosotros. Si la falta de agua puede llegar a ser un problema mundial, la falta de Dios, de conocer el don de Dios, lo está siendo ya. La indiferencia religiosa hace que la gente busque saciar su sed en cosas que realmente no calman la sed. Cuando esa sed no se calma se busca más y más pero si pararse a pensar dónde realmente podemos saciar la sed.

Jesús es el agua viva que sacia la sed de todo aquel se que encuentra con El. Jesús se ofrece como agua. Al igual que la samaritana le pide a Jesús que le dé esa agua que calme su sed para siempre,  nosotros también pidámosle a Dios que nos paremos a conocer de qué tenemos realmente sed, pidámosle que su Hijo Jesús sacie la sed de vivir la fe cada día, de trabajar por la paz, la justicia,…y sobre todo que no caigamos en la rutina o en el buscar por buscar, cuando ya hemos encontrado a Jesús, la fuente de agua viva.


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Homilia domingo 20 de marzo. 3º de Cuaresma

Podemos decir que el evangelio de este domingo es totalmente opuesto al del domingo pasado. En el evangelio del domingo pasado veíamos cómo el diablo pretendía tentar a Jesús con el egoísmo, el ansia de poder y de convertirse en un falso dios. Jesús rechaza esa triple tentación porque “purifica y ajusta su propio proyecto de vida al proyecto de Dios”. Jesús “se deja hacer por Dios renunciando al poder”, se sabe enviado a proclamar la Buena Noticia de la misericordia.

Varias notas que merecen tenerse en cuenta. La primera sería que el rostro de Jesús resplandece como el sol. De Moisés y Elías se nos dice que aparecen conversando, pero ya no resplandecen. Mateo, que escribe su evangelio para los judíos, quiere decirnos que, a partir de ahora, la verdadera luz, la verdadera ley y la verdadera profecía nos vienen de Jesús. Moisés y Elías están ahí, ya no brillan. Ahora solo es importante Jesús. Por eso su rostro resplandece.

El rostro resplandeciente de Jesús nos muestra cómo es el Padre, o si queréis nos muestra la gloria del Padre. Solemos fijarnos más en los rostros ensangrentados de Jesús en la Cruz y poco en el rostro glorioso de Cristo resucitado. Somos más dados a quedarnos con el dolor y el sufrimiento que a sentirnos salvados, o más bien a sentirnos amados por el Padre que nos ha  revelado Jesucristo. El rostro resplandeciente de Jesús nos está revelando el amor del Padre por cada uno de nosotros.

La segunda nota sería la sugerencia de Pedro: “hagamos tres tiendas”. Pedro todavía no ha comprendido lo que está viendo y viviendo. No ha dado el salto de la antigua ley y profecía a la nueva ley instaurada por Jesús. No ha caído en la cuenta que a partir de ese momento quien brilla con luz propia es Jesús, que se ha puesto en manos del Padre, no del diablo.  Las tres tiendas significan bienestar, pero también algo de miedo a lo que venga. Es como decir: “mejor quedarnos como estamos”.

Algo así nos puede suceder a nosotros. Buscamos lo seguro, lo de siempre. “Si siempre se ha hecho así, ¿para qué cambiar? Podemos tener miedo al cambio, a la conversión, al cambio de mentalidad. Y eso nos puede pasar como cristianos y como Iglesia. Las tres tiendas pueden estar bien para encontrarse con Jesús, pero pueden estar mal si nos quedamos instalados en ellas por temor a salir y vivir el evangelio.

Y la tercera nota es la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Jesús es el Hijo amado del Padre y se convierte así en su voz. Ese “escuchadlo” es universal. La voz del Padre, a través de la voz de Jesús, tiene que llegar a todos los confines de la tierra. Ese “escuchadlo” es también para nosotros. Jesús se convierte así en el auténtico y único revelador del Padre. Lo que queramos conocer, vivir y transmitir a los demás de Dios, lo tenemos que tomar de lo dicho por Jesús.  Jesús nos toca a cada uno de nosotros como hacía con los enfermos, y nos dice: “levántate, no temas”. No te quedes en la tienda, no te quedes con lo seguro, arriésgate, no temas ser testigo mío, no temas anunciar el evangelio, no temas salir e ir a lo desconocido,…porque el Padre y Yo estamos contigo.

Sintamos en nuestras vidas la presencia fresca, nueva y fuerte de Cristo transfigurado.


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Lecturas misa Domingo 27 de Marzo 2011 – 3º Dom. Cuaresma

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Exodo 17, 3-7
    «Danos agua para beber»En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés:
    «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?»
    Moisés clamó al Señor y dijo:
    «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen».
    Respondió el Señor a Moisés:
    «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el bastón con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo».
    Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo:
    «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»
  • Salmo Responsorial: 94
    «Señor, que no seamos sordos a tu voz.»Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a Él, llenos de júbilo, y démosle gracias.
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

    Vengan, puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

    Hagámosle caso al Señor, que nos dice: “No endurezcan su corazón, como el día de la revelación en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras”.
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

  • Segunda Lectura: Romanos 5, 1-2.5-8
    «Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo»Hermanos:
    Ya que hemos sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por Él hemos obtenido con la fe la entrada al mundo de la gracia en que nos encontramos; y podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.
    La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
    En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.
    Difícilmente habrá quién quiera morir por un justo; aunque puede haber alguno dispuesto a morir por una persona sumamente buena.
    Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
  • Evangelio: Juan 2, 5-42
    «Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna»En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era cerca de mediodía.
    Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo:
    «Dame de beber». (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida).
    La samaritana le contestó:
    «¿Cómo Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?»
    (porque los judíos no se trababan con los samaritanos).
    Jesús le dijo:
    «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a Él, y Él te daría agua viva».
    La mujer le respondió:
    «Señor, si no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Eres Tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo del que bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
    Jesús le contestó:
    «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
    La mujer le dijo:
    «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
    Jesús le dijo:
    «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad».
    La mujer le dijo:
    «Sé que va a venir el Mesías, Cristo; cuando venga Él nos lo explicará todo»
    Jesús le dijo:
    «Soy yo, el que habla contigo».
    Cuando los samaritanos llegaron a verlo, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Muchos más creyeron en Él al oír su palabra, y decían a la mujer:
    «Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo».


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Reflexión. Libro de Cáritas 2011

3.  SÉ BUENO CONTIGO

Otro buen ejercicio de Cuaresma es aceptar tu propio ser, aunque no te gustes en ningún espejo. No es fácil aceptarte como eres y aceptar las circunstancias que te rodean, a veces tan mediocres o tan rutinarias o tan gravosas o tan difíciles Ésta es la Cuaresma de la vida, que no está reglada por el tiempo litúrgico ni por la disciplina de la Iglesia.

No olvides estas cinco reglas cuaresmales:

• Acéptate (tal como eres y esfuérzate por ser todo lo que puedas llegar a ser. Acepta también al otro tal como es.

• Perdónate y sé tu propio Cireneo. Desecha todo complejo de culpabilidad, que es paralizante. Perdónate y estarás capacitado para perdonar al otro y para perdonarlo todo. Dios es el primero en perdonarte.

• Valórate: puede que, a fuerza de querer ser humilde, termines siendo injusto. No eres pura incapacidad. Repasa bien todos los dones que Dios te ha dado. No son para ti, pero te han sido dados. Si tienes fe en ti mismo, tus capacidades se multiplicarán.

• No te compares: el comparativo es fuente de inquietudes y tristezas, origina envidias y complejos. El día que renunciemos al comparativo, encontraremos la paz. Piensa que tú eres irrepetible. Has de ser todo lo que estás llamado a ser, pero nunca más o menos que el otro

• Ámate: ámate respetuosa y exigentemente: ámate comprensiva y compasivamente, como Dios mismo te ama. Eso no es pecado, sino virtud El pecado es no amar.

Si te ejercitas en estos programas de Cuaresma, tendrás claro lo de ayunos y abstinencias.


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Reflexión. Libro de Cáritas 2011

Otros velos

• Toda persona tiene su misterio, aunque esté velado. Sólo de vez en cuando aparecen manifestaciones, algo que nos fascina en palabras, en signos, en sentimientos, en creaciones.

• El cristiano tiene su gran misterio velado. Si descorremos ese velo, aparecerá que somos divinos, que somos hijos de Dios. «Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque te veremos tal cual es» (1 Jn 3,2)

• Lo mismo sucede si nos acercamos al pobre o al enfermo. Si descorremos ese velo sucio y gastado, descubriremos algo sorprendente, cada uno de ellos es un Cristo.

• También podríamos hablar de los velos sacramentales, como el agua, el pan. el vino, el

aceite…

Y de otro tipo de cuasisacramentos que se dan en nuestra vida, como la familia, el dolor, la caridad, el perdón, la solidaridad, el trabajo, el servicio, el regalo, la colaboración, la profesión, la creatividad, la vida entera