Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía Domingo 22 de Mayo 2011 – Dom. 5º de Pascua

HOMILIA 5º domingo de Pascua

El Evangelio que acabamos de proclamar presenta tres momentos en los que Jesús descubre algo nuevo, algo íntimo a los discípulos. En el capítulo anterior Jesús les ha lavado los pies, les ha dado ejemplo de cómo tienen que comportarse los unos con los otros y les ha dejado el mandamiento nuevo: “que os améis como yo os he amado”.

A partir de este capítulo 14 Jesús se muestra con sus discípulos como su mejor amigo  les va a revelar cosas que solo se hablan entre amigos. En el evangelio de hoy Jesús se confía a ellos. Igual que confían en Dios, Jesús les pide que confíen en El. Y para ello les habla de tres cosas importantes, que también lo son para nosotros.

La primera es: “en la casa de mi Padre hay muchas estancias”. Mirad: frente al exclusivismo nuestro y de nuestras relaciones, Jesús nos habla de un Dios abierto a todos: “hay muchas estancias”. Nosotros somos dados a relacionarnos con los que son de nuestra cuerda dejando a un lado a aquellos que no piensan como nosotros, que no son de nuestro grupo. Dios Padre es universal. No pone trabas. Y Jesús nos lo muestra en el evangelio aceptando a todos. A unos perdonándoles, mostrándoles el cariño que Dios siente por ellos. A otros les hace ver que la conducta del orgullo, del egoísmo, del no respeto, no es la conducta que Dios quiere para con sus hijos. Pero incluso a esos no se les niega las estancias en la casa del Padre

La segunda es: “nadie va al Padre sino por mí”. Si la imagen que Jesús nos presenta de Dios es que es un Padre abierto a sus hijos y si Jesús se ha mostrado abierto a todos, es señal de que el mejor camino para ir al Padre es Jesús. Jesús es quien nos ha revelado plenamente cómo es el Padre. Jesús es el único mediador entre nosotros y el Padre. Lo que sucede es que a veces como seguir a Jesús, imitarle no es fácil, nos buscamos otros caminos, otros mediadores para ir a Dios. Resulta más fácil adecuar el evangelio a nuestras necesidades y gustos que reconocer que Jesús es el verdadero camino para ir al Padre. A veces hasta nos hacemos un evangelio a nuestra medida justificando así conductas que están muy lejos del Dios que nos ha mostrado Jesús.

La tercera es la respuesta a la pregunta de Felipe: “quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Jesús se duele ante la pregunta de Felipe. Jesús con su obrar ha ido mostrando a los discípulos la manera de obrar del Padre. Con su forma de hablar Jesús les ha mostrado la manera de hablar de Dios a los hombres. La manera de actuar y de hablar de Jesús es la manera de actuar y de hablar del Padre. No hay diferencia en el hablar y en el actuar del Padre y del Hijo. Su hablar y actuar se resume en amor y perdón.

Nos cuesta creer y  aceptar cómo actúa y habla Dios. Oponiéndolo con la manera de hablar y de actuar del hombre podemos decir: el hombre está por el odio, Dios por el amor. El hombre por la venganza, Dios por el perdón. El hombre por la esclavitud, Dios por la libertad. El hombre por la división, Dios por la unión. El hombre por la muerte, Dios por la vida.

El Dios Padre del que nos ha hablado Jesús es un Dios abierto a todos: “en la casa de mi Padre hay muchas estancias”. Es el Dios que nos ha enviado a su Hijo como camino para ir a El. Y es el Dios que se ha hecho hombre en Jesús, revelándonos así cómo es su hablar y su actuar a favor nuestro. De ahí que digamos que Jesús, la PALABRA DE DIOS, nos ha revelando plenamente a Dios. Escuchemos a Jesús y conoceremos al Padre.


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Lecturas misa – 22 de Mayo 2011 – 5º Domingo de Pascua

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Hechos 6, 1-7
    «Eligieron a siete llenos del Espíritu Santo»En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de no ser bien atendidas sus viudas en el servicio de caridad de todos los días. Los apóstoles convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
    «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y sabiduría, y los encargaremos de este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».
    Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
    La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
  • Salmo Responsorial: 32
    «El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.»Que los justas aclamen al Señor; es propio de los justos alabarlo. Demos gracias a Dios al son del arpa, que la lira acompañe nuestros cantos.
    R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

    Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades.
    R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

    Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
    R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.

  • Segunda Lectura: I Pedro 2, 4-9
    «Ustedes son estirpe elegida, sacerdocio real»Hermanos: Acercándose al Señor Jesús, la piedra viva rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa a los ojos de Dios, ustedes también, como piedras vivas, entran en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo destinado a ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Tengan presente que está escrito: “Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado”.
    Dichosos, pues, ustedes los que han creído. En cambio, para aquellos que se negaron a creer, vale lo que dice la Escritura: “La piedra que rechazaron los constructores ha llegado a ser la piedra angular, y también: tropiezo y roca de escándalo”.
    Tropiezan en ella los que no creen en la Palabra, y en esto se cumple un designio de Dios. Ustedes, en cambio, son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad, para que proclamen la obras maravillosas del que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.
  • Evangelio: Juan 14, 1-12
    «Yo soy el camino, la verdad y la vida»En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    «No pierdan la paz, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones, si no, se lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y ya saben el camino a donde yo voy».
    Tomás le dijo:
    «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?»
    Jesús le respondió:
    «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto».
    Le dijo Felipe:
    «Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
    Jesús le replicó:
    «Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: “Muéstranos al Padre?” ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?
    Las palabras que yo les digo no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras que hago yo, y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre».


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Homilía Domingo 15 de Mayo – 4º Dom. Pascua

HOMILIA domingo 4º de Pascua.

Estamos en plena campaña electoral. Oímos a los candidatos que nos prometen cosas, que van a solucionar los problemas, que son los mejores candidatos para gobernarnos… Y cuando hemos votado, ¿qué pasa con sus promesas? Un político español, imagino que muchos sabéis su nombre, dijo: “las promesas están para no cumplirlas”. Jesús en el evangelio no habla de promesas sino de vida, de dar vida y de cuidar a las personas.

Jesús se define como la puerta de las ovejas y como buen pastor. Siguiendo el evangelio hay varias notas que merecen la pena comentarse.  La primera es: “las ovejas atienden su voz” porque las llama por su nombre. Para Dios, para Jesús cada uno de nosotros es único, y por eso nos conoce y nos llama por nuestro nombre. No estamos perdidos en la masa, ni somos anónimos. Porque nos llama por nuestro nombre, “atendemos su voz”, es decir, le escuchamos, no porque nos prometa cosas, sino porque es el mejor ejemplo de que lo que dice lo hace, lo vive. No es ajeno a nuestra vida, a nuestras necesidades. Y por no ser ajeno a nosotros, nosotros le respondemos atendiendo a su voz.

La segunda nota es que “camina delante de las ovejas”. Caminar delante significa varias cosas: hace frente a los riesgos y problemas para que no dañen a los que le siguen. Hace ver a los demás que se es consecuente con lo que predica. No se esconde ante peligros, da la cara para no decir una cosa y luego hacer otra. Caminar delante es también acompañar y dejarse acompañar.

La tercera nota es: “a un extraño no lo seguirán…porque no conocen su voz”. En la vida normal nos enfrentamos a esta situación. Hoy más que nunca evitamos a los extraños porque entre otras cosas su voz nos resulta desconocida. Porque su voz, por muy dulce que sea, no refleja cómo es esa persona, y por eso no la seguimos. Con su voz nos puede engañar, nos puede llevar por caminos que no conocemos y que no sabemos a dónde llevan. Seguir esa voz extraña nos puede pesar el resto de nuestros días.

La cuarta nota es: “quien entre por mí se salvará”. Jesús se manifiesta como aquel que nos conoce, que sabe nuestro nombre y nos llama por él. El camina delante de nosotros. Mejor dicho, caminó delante de nosotros dándonos ejemplo de servicio, de ayuda, de una palabra de esperanza, y sobre todo dándonos ejemplo de una vida entregada a los demás hasta el final. Jesús vino a este mundo para darnos vida, para darnos su vida. El mismo dice: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

A la hora de escuchar promesas en estos días previos a las elecciones, pensemos en quien, de verdad, conoce nuestras necesidades y quiere responder a ellas caminando delante de nosotros asumiendo riesgos y estando dispuesto a ser consecuente con lo que promete. Pensemos si seguimos a un extraño, si conocemos realmente su voz y si él conoce nuestra voz, en decir nuestras necesidades. Pensemos si es capaz de pensar en los demás antes de pensar en sí mismo. Es decir capaz de dar su vida por el bien común.

De Jesús conocemos su voz, porque nos llama por nuestro nombre, porque camina delante de nosotros, porque no nos resulta extraño, ni él ni su voz, y sobre todo porque seguirle a El es estar salvado, es tener vida en abundancia.


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Lecturas misa – 15 de Mayo 2011 – 4º Domingo de Pascua

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Hechos 2, 14.36-41
    «Dios lo ha constituido Señor y Mesías»El día de Pentecostés se presentó Pedro con los Once, levantó la voz y dijo:
    «Sepa todo Israel con absoluta certeza que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes crucificaron».
    Estas palabras les llegaron al corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
    «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
    Pedro les contestó:
    «Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo para que se les perdonen sus pecados, y recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios valen para ustedes y para sus hijos y, también, para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos».
    Con éstas y otras muchas razones, los instaba y exhortaba, diciendo:
    «Pónganse a salvo de esta generación perversa».
    Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.
  • Salmo Responsorial: 22
    «El Señor es mi pastor. Aleluya.»El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
    R. El Señor es mi pastor. Aleluya.

    Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú estás conmigo. Tú vara y tu cayado me dan seguridad.
    R. El Señor es mi pastor. Aleluya.

    Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
    R. El Señor es mi pastor. Aleluya.

  • Segunda Lectura: I Pedro 2, 20b-25
    «Ha vuelto a ustedes el pastor y guardián de sus vidas»Hermanos: Soporten con paciencia los sufrimientos que les vienen por hacer el bien, cosa agradable a los ojos de Dios, pues para esto han sido llamados, ya que también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas.
    El no cometió pecado ni hubo engaño en su boca; insultado, no devolvía los insultos; maltratado, no profería amenazas, sino que encomendaba su causa al único que juzga con justicia. Cargado con nuestros pecados, subió al madero de la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.
    Por sus llagas han sido curados. Andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas.
  • Evangelio: Juan 10, 1-10
    «Yo soy la puerta de las ovejas»En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
    «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guardián y as ovejas reconocen su voz, y él llama a cada una por su nombre y las conduce fuera. Cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
    Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió Jesús:
    «Les aseguro que yo soy la puerta de la ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí, se salvará, y podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».


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Homilía Domingo 8 de Mayo 2011 – Dom. 3º Pascua

HOMILIA domingo 3º de Pascua

Cuando se explica la Eucaristía a los niños y adultos se les dice que consta de dos partes: liturgia de la palabra y liturgia del sacramento. Esto dicho así, con esa palabra de liturgia, puede sonar un poco extraño. Yo prefiero decir celebración de la palabra y celebración del sacramento. Porque la Eucaristía debería ser eso: celebración.

Celebramos la Palabra de Dios proclamándola, escuchándola, dando gracias por esa palabra que El nos ha dejado por medio de hombres y sobre todo llevándola a la vida. Y celebramos el sacramento de la Eucaristía recibiendo el Cuerpo de Jesús que nos une en un solo cuerpo. Tan importante es escuchar la Palabra de Dios como recibir su Cuerpo.

El evangelio de hoy, en una parte, nos muestra la celebración de la Eucaristía de Jesús con dos discípulos. Uno de ellos se llama Cleofás. Del otro no se dice su nombre porque podemos ser cada uno de nosotros.

Cuando venimos a celebrar, repito a celebrar, la Eucaristía dominical cada uno de nosotros viene con su vida, es decir, con sus alegrías, esperanzas, ilusiones, recuerdos gratos, pero también trae sus penas, tristezas, achaques, momentos difíciles… Venimos a celebrar trayendo lo que somos y hacemos, lo que queremos hacer y lo que nos cuesta hacer. Nos parecemos a los dos discípulos que vuelven a su aldea tristes porque sus esperanzas no se han cumplido. Dicen: “ya ves…nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel”. “algunos…vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles”. Ellos llevan a esa celebración que van a tener con el Señor, al que no reconocen, sus tristezas, su falta de esperanza y de ánimo. Algo parecido nos puede pasar a veces a nosotros.

Sin embargo, Jesús toma la iniciativa y tiene con ellos la doble celebración: les habla de todo lo que se refería a él en la Escritura, celebración de la palabra.  Después Jesús toma el pan, como en la última Cena, lo parte y se lo da, celebración de su Cuerpo entregado. Aquí los discípulos caen cuenta que quien está con ellos, que quien les ha hablado al corazón y ha partido el pan es el mismo Jesús que ellos conocieron en la última Cena.

Para ellos todo cambia.  Jesús les infunde esperanza, ánimo, confianza en El.

Nosotros proclamamos la Palabra de Dios centrándola en Jesucristo, su vida, su mensaje, en definitiva, en su misterio de amor por nosotros. Partimos el pan, que es su Cuerpo entregado. Dos preguntas: ¿le reconocemos en la Eucaristía? ¿Cambia algo nuestra vida? Estos discípulos se convierten en testigos de Jesús y lo anuncian alegres a los demás. Si de verdad Jesús, la eucaristía, significa algo para nosotros, nos debería pasar como a esos dos discípulos: tendríamos que convertirnos en testigos de Cristo Resucitado, tendríamos que ser capaces, con nuestra palabra y nuestra vida, de decir a los demas: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Tendríamos que salir de aquí con esperanza, ánimo, y confianza en Jesús.

La Eucaristía es para nosotros un encuentro con Jesús por medio de su palabra y de su cuerpo y ¡ojalá!cambie algo nuestra vida y nos infunda siempre confianza en él.


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Lecturas misa – 8 de Mayo 2011 – 3º domingo de Pascua

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Hechos 2, 14.22-33
    «No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio»El día de Pentecostés, se presentó Pedro con los Once, levantó la voz y dijo:
    «Escúchenme israelitas: Les hablo de Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes mediante los milagros, prodigiosos y señales que ustedes bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes por medio de los paganos lo clavaron en la cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice refiriéndose a él:
    Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, goza mi lengua y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el camino de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia”.
    Hermanos, permítanme hablarles con toda claridad: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero, como era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción.
    Pues bien, a este Jesús Dios lo resucitó, y de ello nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y ahora lo ha comunicado, como lo están viendo y oyendo».
  • Salmo Responsorial: 15
    «Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.»Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos.
    R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.

    Bendeciré al Señor que me aconseja; hasta de noche me instruye internamente.Tengo siempre presente al Señor, con él a mi lado jamás tropezaré.
    R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya

    Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vive tranquilo: porque tú no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra la corrupción.
    R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.

    Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia, de alegría perpetua junto a ti.
    R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.

  • Segunda Lectura: I Pedro 1, 17-21
    «Ustedes han sido rescatados con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha»Hermanos: Si ustedes llaman Padre a Dios, que juzga imparcialmente a cada uno, según sus obras, vivan siempre con temor filial durante su peregrinar por la tierra.
    Bien saben que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había elegido antes de la creación del mundo, y por amor a ustedes lo ha manifestado en estos tiempos.
    Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria. De esta forma, su fe y su esperanza están puestas en Dios.
  • Evangelio: Lucas 24, 13-35
    «Lo reconocieron al partir el pan»El mismo día de la resurrección, iban dos discípulos a un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús se acercó y comenzó a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban velados y no lo reconocieron. El les preguntó:
    «¿De qué vienen hablando por el camino?»
    Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
    «¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?» El les preguntó:
    «¿Qué ha pasado?»
    Ellos le respondieron:
    «Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel.Y ya ves, hace tres días que sucedió esto.
    Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y vinieron contando que habían visto unos ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres; pero a El no le vieron».
    Entonces Jesús les dijo:
    «¡Qué insensatos y duros de corazón son para creer lo anunciado por los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
    Y comenzando por Moisés y siguiendo con los profetas les explicó los pasajes de la Escritura que se referían a él.
    Ya cerca del pueblo donde iban él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le insistieron diciendo:
    «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto oscurecerá».
    Y entró para quedarse con ellos. Sentados a la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
    Ellos comentaron:
    «¡Con razón nuestro corazón ardía mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!»
    Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
    «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
    Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


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Homilia domingo 3º Pascua. 1º de mayo 2011

Jesús dice a los discípulos: “donde dos ó más están reunidos en mi nombre, estoy yo en medio de ellos”. Nosotros nos reunimos todos los domingos para celebrarla Eucaristía.  Tendríamos que preguntarnos, ¿sentimos la presencia de Jesús en medio de nosotros?  

Hoy Jesús nos invita a reconocer su presencia en medio de nosotros. En las lecturas tenemos los dos extremos. En el evangelio los discípulos están reunidos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En la primera lectura “los hermanos” no tenían miedo, “eran constantes en escuchar a los apóstoles, en la vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Dos realidades bien distintas y que reflejan lo que los cristianos vivimos a lo largo y ancho del mundo. En unos países los cristianos sufren persecución a causa de su fe, en otros pueden vivir su fe libremente. En las dos situaciones Jesús se hace presente en medio de ellos.

En el evangelio, en primer lugar, Jesús nos transmite un deseo: “paz a vosotros”. Este deseo es también una vivencia personal suya. La paz que él transmite es fruto y resumen de su mensaje. La paz que él desea es la paz de Dios Padre. Esa paz es más que la mera armonía del mundo, hombre y naturaleza. Es la paz que brota del corazón obediente a la voluntad del Padre. Jesús vivió esa paz por su obediencia filial. Pero esa paz le llevaba a denunciar las falsas paces que construimos los hombres y que basamos en el dominio de unos sobre otros.

La voluntad de Dios se centra en el respeto a la vida, al hombre, a la dignidad que El mismo ha conferido al hombre. Se centra en la no explotación de nadie, en la confianza mutua sin recelos, en el no engaño. La paz verdadera se dará cuando el hombre sea capaz de adorar a Dios en espíritu y verdad, sin tener más reglas que el amor.

En segundo lugar hay una transmisión de un poder. Pero no de un poder para oprimir sino para liberar, para perdonar. Jesús exhala su aliento, al igual que hizo enla Cruz, para entregar a los discípulos ese poder, recibido del Padre y que es servicio de perdonar. El poder de perdonar se ha recibido gratis, hay que darlo gratis. Al ser un poder que libera, hay que usarlo para liberar. Cuando Jesús perdonaba, liberaba a la persona de la opresión, de la enfermedad. Cuando nosotros perdonamos en nombre de Jesús seguimos su ejemplo de liberar, de curar, de devolver la dignidad. Así también se construye la paz que él nos trajo.

Y en tercer lugar ante el deseo de paz y la transmisión del poder de perdonar se nos pide la fe. “Señor mío y Dios mío” dice Tomás. Este acto de fe en Jesús debería ser un acto personal de cada uno de nosotros. Fe en el Señor de la paz y en el Señor que nos da poder de perdonar. Estas tres realidades: paz, perdón y fe son tres columnas de la iglesia primitiva y ¡ojalá! lo sean de nuestra iglesia actual. La paz y el perdón son encargos del Señor a quienes quieren seguirle. La fe es la respuesta a la puesta en práctica de la paz y del perdón. Que nuestra comunidad parroquial viva y trabaje por la paz, sea portadora y elemento de perdón y manifieste su fe en nuestro mundo actual.


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Lecturas misa 1 de Mayo 2011 – 2º Dom. Pascua

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Hechos 2, 42-47
    «Los creyentes vivían unidos y todo lo tenían en común»En los primeros días de la Iglesia, los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba impresionada por los muchos milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén.
    Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían bienes y propiedades y lo repartían entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos alabando a Dios con alegría y sencillez de corazón; toda la gente los estimaba y el Señor aumentaba cada día el número de creyentes que aceptaban la salvación.
  • Salmo Responsorial: 117
    «La misericordia del Señor es eterna.»Diga la casa de Israel: Su misericordia es eterna. Diga la casa de Aarón: Su misericordia es eterna. Digan los fieles del Señor: Su misericordia es eterna.
    R. La misericordia del Señor es eterna.

    Empujaban para derribarme, pero Dios me ayudó. El Señor es mi fuerza y mi alegría, en el Señor está mi salvación.
    R. La misericordia del Señor es eterna.

    La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo.
    R. La misericordia del Señor es eterna.

  • Segunda Lectura: I Pedro 1, 3-9
    «La resurrección de Cristo nos da la esperanza de una vida nueva»Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse, que nos está reservada como herencia en el cielo. La fuerza de Dios los custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
    Por esta razón, alégrense, aunque ahora tengan que sufrir un poco, en pruebas diversas; a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Cristo, nuestro Señor, que por la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro acrisola por el fuego.
    A Cristo Jesús no lo han visto, y lo aman; no lo ven, y creen en él; se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.
  • Evangelio: Juan 20, 19-31
    «Ocho días después se les apareció Jesús»Al anochecer del día de la resurrección, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
    «La paz esté con ustedes».
    Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
    «La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo».
    Y dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:
    «Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar».
    Tomás, uno de los Doce, apodado el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
    «Hemos visto al Señor».
    Pero él les contestó:
    «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
    Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás con ellos. Jesús se puso de nuevo en medio y les dijo:
    «La paz esté con ustedes».
    Luego dijo a Tomás:
    «Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae tu mano y métela en mi costado; y no sigas dudando, sino cree».
    Tomás respondió:
    «¡Señor mío y Dios mío!»
    Jesús añadió:
    «Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto».
    Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.


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Homilia Pascua de Resurrección. 24 de abril 2011

Ante todo: FELICES PASCUAS DE RESURRECCION!!!

Para todo cristiano este domingo de Pascua, la fiesta más importante del año, como cualquier otro domingo, tendría que ser motivo de alegría por recordar, celebrar y vivirla Resurrecciónde Jesús. Motivo de esperanza porque su resurrección es prenda y garantía de nuestra propia resurrección y motivo de agradecimiento porque nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos y porque su última palabra esla VIDA.El domingo es el día del Señor, pero no de cualquier señor, sino de Jesús que siendo Señor nos ha dado ejemplo de una vida entregada a los demás. 

En este domingo de Pascua las lecturas nos proponen tres acciones. La primera acción la tomamos del evangelio y es la de VER. El discípulo que Jesús tanto quería, y que somos cada uno de nosotros, VIO. El vio que Jesús ya no estaba allí, sí sus vendas y sudario, y tal vez hizo suya la reflexión de María Magdalena: “se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. 

Su primera reacción después de ver la vendas en el suelo, fue la de no entrar. Se suele decir que por respeto a Simón Pedro, pero podemos pensar que no entró, no porque en él surgieran dudas sino porque quería confirmar y reafirmar su fe en Jesús, su fe en el maestro que había dicho que resucitaría. No entró porque ya no necesitaba más prueba que la de VER que Jesús no estaba allí. Su ver iba más lejos que la visión de los ojos. Su ver le lleva a la segunda acción que nos habla el evangelio: CREER.

Para el discípulo que Jesús tanto quería, ver le llevó a creer y creer definitivamente en Jesús. El ya no necesitaba más pruebas, ni siquiera las vendas y el sudario le servían como pruebas de la resurrección de Jesús. Ahora es la FE la que le lleva a CREER en Jesús. Ahora es cuando el discípulo que Jesús tanto quería y Pedro y los demás discípulos entienden la Escrituray lo que esta decía de Jesús: “que él había de resucitar de entre los muertos”. La comprensión dela Escritura, es decir dela Palabrade Dios, les ayuda a CREER. Lo mismo nos debería pasar a nosotros. Leer y comprender la Escrituranos ayudará a vivir la fe.

La fe en Jesús resucitado llevó a este discípulo, a Pedro y a los demás discípulos a proclamar con su palabra y a ratificar con su vida y su martirio que Jesús había resucitado. Y esta es la tercera acción: la del testimonio. La vemos en la primera lectura. Pedro está hablando en casa de Cornelio, un centurión romano, y les expone con su palabra y su testimonio lo que Jesús hizo y dijo y cómo él y los demás discípulos son testigos de lo que habían visto y oído. Muchas personas han dado y siguen dando testimonio de que Jesús ha resucitado.

Estas tres acciones se nos proponen a nosotros desde nuestra aceptación consciente y libre de seguir a Jesús. Que veamos a Jesús en la vida, y que aunque se nos den pruebas, estas nos tienen que llevar a Jesús. Que creamos en Jesús y en su resurrección, que es lo mismo que decir, en la vida y tercero que después de ver y creer seamos testigos, demos testimonio con nuestra palabra y nuestra vida de Cristo resucitado.

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN


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Lecturas misa – Domingo de Resurreccción – 24 de Abril 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Hechos 10, 34a.37-43
    «Hemos comido y bebido con Cristo resucitado»En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
    «Ya saben ustedes lo sucedido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, cuando Juan predicaba el bautismo. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él.
    Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo sino a los testigos que Él había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de que resucitó de entre los muertos.
    Él nos mandó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.
    El testimonio de los profetas es unánime: que cuantos creen
    en Él reciben, por su medio, el perdón de los pecados».
  • Salmo Responsorial: 117
    «Este es el día del triunfo del Señor, aleluya.»Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: Su misericordia es eterna.
    R. Este es el día del triunfo del Señor, aleluya.

    La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar las hazañas del Señor.
    R. Este es el día del triunfo del Señor, aleluya.

    La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente.
    R. Este es el día del triunfo del Señor, aleluya.

  • Segunda Lectura: Colosenses 3, 1-4
    «Busquen los bienes del cielo, donde está Cristo»Hermanos:
    Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.
    Aspiren a los bienes del cielo, no a los de la tierra. Porque han muerto, y su vida está con Cristo, escondida en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vida nuestra, entonces también ustedes se manifestarán juntamente con Él, en gloria.
  • Evangelio: Juan 20, 1-9
    «El debía resucitar de entre los muertos»El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando estaba todavía oscuro, y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo:
    «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
    Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no con las vendas por el suelo, sino doblado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
    Pues hasta entonces no habían entendido las Escrituras: que Jesús había de resucitar de entre los muertos.