Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


Deja un comentario

homilia domingo 20º t.o. Ciclo A. Domingo 14 de agosto de 2011

Uno de los mensajes que constantemente aparece en los profetas lo leemos hoy en la primera lectura: “guardad el derecho, practicad la justicia”. Si hay algo que no agrada a Dios, que le ofende más que cualquier otra cosa es precisamente la falta de justicia y un derecho que no defienda el pobre, al oprimido, al forastero, al niño y a la viuda. Dios insiste una y otra vez que el derecho y la justicia tienen que ser la característica fundamental de su pueblo.

Ese derecho y justicia lo vemos puesto en práctica por Jesús en los evangelios cuando acoge a un niño, cuando libra a una pecadora de ser lapidada, cuando alaba a la pobre mujer que echa dos monedas en el templo, a la viuda inoportuna que pide justicia a un juez injusto, o cuando, por medio de parábolas, alaba a forasteros que cuidan de otro, como el samaritano, o el leproso curado que vuelve a dar gracias. Hay más ejemplos, basta con asomarse al evangelio para darse cuenta de cómo Jesús sigue el mandato del Señor de “guardar el derecho y practicar la justicia”.

En nuestro mundo eso de guardar el derecho y practicar la justicia nos parece algo muy lejano. A menudo oímos a personas hablar de derecho, de justicia. Pero les añaden calificativos como “social, distributiva, de gentes, natural,, etc.” Posiblemente lo hacen para delimitar el derecho y la justicia, aunque más que delimitarla, la están limitando, es decir, la están poniendo al servicio de los intereses de los poderosos mientras ponen trabas cuando se trata de ayudar a los necesitados.

La iglesia de la que todos formamos parte es motivo de escándalo para algunos porque no es fiel a Jesús y su mensaje. Pero también la iglesia de la que todos formamos parte intenta paliar con sus acciones concretas a favor de muchas personas los escándalos que se producen en el mundo nuestro. Escándalos como hacer cumplir la ley contra los más necesitados, otorgando, por el contrario, beneficios a los poderosos. Escándalos como pedir que los muchos hagan sacrificios, y no pedir a los pocos que renuncien a sus prebendas. Escándalos como compra venta de deportistas, haciendo alarde de dinero, sin que muchas organizaciones, que se dicen trabajar por los demás, levanten un dedo para hacer una crítica seria de estos y otros escándalos actuales.

¿Dónde está la práctica del derecho y la justicia en esos escándalos que hay en la iglesia o en el mundo? Denunciar la falta de derecho y justicia es algo que nos debería preocupar y ocupar como cristianos. Quedarnos callados es un pecado serio de omisión. La crítica que estos días se está haciendo a la visita del Papa a Madrid y a sus gastos, debería hacernos pensar, pero más nos debería hacer pensar la falta de derecho y de justicia para con muchas personas de nuestro país: parados, enfermos, familias sin subsidio, etc y de otros países, como el problema reciente de Londres.

He dicho más arriba que para Dios guardar el derecho y practicar la justicia se refleja en la vida diaria. Defender al necesitado, dar de comer al hambriento, vestir al que está desnudo, son, entre otros, casos bien claros de practicar el derecho y la justicia.

Yo deseo para todos los peregrinos que acuden a Madrid que estos días sean para ellos días de fiesta, días de escuchar el mensaje de Jesús y sobre todo días de llenar sus vidas, también nuestras vidas, de ganas de trabajar por el derecho y la justicia que Dios quiere.


Deja un comentario

Lecturas de la misa – 20º Semana del Tiempo Ordinario 14 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 56,1.6-7
    «A los extranjeros los traeré a mi monte santo»Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»
  • Salmo Responsorial: 66
    «Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben» 

    El Señor tenga piedad y nos bendiga, / ilumine su rostro sobre nosotros; / conozca la tierra tus caminos, / todos los pueblos tu salvación. R.

    Que canten de alegría las naciones, / porque riges el mundo con justicia, / riges los pueblos con rectitud / y gobiernas las naciones de la tierra. R.

    Oh Dios, que te alaben los pueblos, / que todos los pueblos te alaben. / Que Dios nos bendiga; que le teman / hasta los confines del orbe. R.

  • Segunda Lectura: Romanos 11,13-15.29-32
    «Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel»Hermanos: Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.
  • Evangelio: Mateo 15,21-28
    «Mujer, qué grande es tu fe»En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.


Deja un comentario

Homilía domingo 19º ciclo A. Domingo 7 de agosto 2011

Podemos decir, sin equivocarnos, que vivimos en un mundo de ruidos. A veces se nos ofrecen estadísticas de niveles de ruido que soportamos sin quejarnos mucho. También podemos decir que no somos capaces de vivir sin ruidos. Algunos psicólogos hablan del miedo al silencio, a estar solos y  así, cuando no tenemos otra compañía, encendemos la radio, la televisión. También se encienden estos aparatos para hacer ver a otras personas que no estamos solos, que hay alguien en casa.

El mucho ruido nos aleja de las personas, impide momentos de conversación serena, incluso no nos permite encontrarnos con nosotros mismos. Sin embargo muchos prefieren el ruido a sentirse solos, a vivir y gustar la soledad en algún momento.

La primera lectura de hoy nos sirve de ejemplo, no solo para encontrarnos con Dios, sino también para encontrarnos con nosotros mismos. Para encontrar a Dios hace falta un corazón en calma o en silencio. “Dios habla al corazón de los que saben escucharle en el silencio”. En esta primera lectura, silencio no es sinónimo de nada. Silencio es apertura a la manera como Dios se hace presente. Y lo hace mediante una brisa tenue.

Para orar, para encontrarse con Dios es necesario dejarse invadir por Dios mismo y El sale a nuestro encuentro de maneras diversas, pero siempre buscando un momento donde no haya ruido, tormentas, huracanes, vientos fuertes, sino donde haya un espacio propicio para la brisa tenue, es decir donde haya espacio para la paz, para el encuentro.

El evangelio nos habla de un encuentro de Jesús con los discípulos. Los discípulos están sometidos a un viento contrario que les causa miedo. Ese viento contrario bien puede ser un ejemplo de ruido. Ese ruido, ese viento les asusta. Y su encuentro con Jesús, se realiza en la paz, al vencer ese viento fuerte, ese ruido que les impide ver a Jesús, pues piensan que es un fantasma.

 En medio de ese viento fuerte, Pedro le pide a Jesús que le mande ir a El. Pedro sigue estando en medio del viento, en medio del ruido que le impide encontrarse con Jesús y por eso vacila. Al igual que en la primera lectura Dios es quien toma la iniciativa de encontrarse con Elías. Aquí es Jesús quien se encuentra con los discípulos y con Pedro. Pero lo hace también en la paz, en la calma. Ya los discípulos no tienen miedo.

Para encontrarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos necesitamos paz, calma, sosiego. ¿Por qué cuesta tanto orar? ¿Por qué cuesta tanto el diálogo? ¿Por qué nos cuesta tanto mirar a nuestro interior?  Preferimos el ruido porque nos evade, nos hace olvidarnos de la realidad, de los problemas, hace que miremos hacia otra parte.

Encontrarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos nos ayudará a ser más conscientes y realistas de lo que estamos viviendo. El silencio, la soledad no son fines en sí mismos, son medios para ayudarnos a vivir y conocer mejor lo que vivimos. No debería asustarnos encontrarnos con nosotros mismos de vez en cuando. Todo lo contrario nos animará, nos dará fuerzas para seguir, nos hará conocer los verdaderos problemas y nos ofrecerá soluciones a nuestro alcance para intentar solucionarlos.

Dejemos que Dios se encuentre con nosotros aprovechando una brisa tenue, es decir un momento de paz.


Deja un comentario

Lecturas de la misa – 19º Domingo del Tiempo Ordinario 7 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: I Reyes 19, 9.11-13b
    «Aguarda en la montaña al Señor»Al llegar a la montaña de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo:
    «Sal de la cueva y quédate en la montaña para ver al Señor, porque el Señor va a pasar».
    Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.
  • Salmo Responsorial: 84
    «Muéstranos, Señor, tu misericordia.»Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo.
    Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
    R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

    La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
    R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

    Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto.
    La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
    R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

  • Segunda Lectura: Romanos 9, 1-5
    «Hasta quisiera verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos»Hermanos:
    Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.
    Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenece la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.
  • Evangelio: Mateo 14, 22-33
    «Mándame ir hacia Ti andando sobre el agua»Después que se sació la gente Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba Él solo allí.
    Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
    Jesús les dijo:
    «¡Ánimo, soy Yo, no tengan miedo!»
    Pedro le contestó:
    «Señor, si eres Tú, mándame ir hacia Ti andando sobre el agua».
    Él le dijo:
    «Ven».
    Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
    «¡Señor, sálvame!»
    Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
    «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
    En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Jesús diciendo:
    «Realmente eres el Hijo de Dios».


Deja un comentario

Homilía domingo 18º t.o. Ciclo A. Domingo 3º de agosto 2011

Uno de los pilares fundamentales de la tarea de la iglesia, de lo que llamamos “acción evangelizadora” es la caridad entendida como servicio y ayuda al prójimo. Sin ella, sin la caridad, la faltaría algo constitutivo a la misma Iglesia. A veces a la caridad se la ha disfrazado de una compasión mal entendida por estar alejada de una vivencia comprometida de la fe, otras se ha visto como eso que llamamos “tranquiliza conciencias”. Había personas que “hacían caridad” para ocultar otros problemas o incluso injusticias.

La acción caritativa es la puesta en práctica, es llevar a la vida real el mandamiento del “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Todos sabemos que en el mundo nuestro hay personas que no tienen que comer. Y también sabemos que una de las instituciones que más ha privilegiado eso de “dar de comer al hambriento” ha sido y esla Iglesia.Basta con leer el informe de Cáritas de estos últimos años para saber que, entre otras cosas, ha aumentado el número de personas que asisten a comedores dirigidos por instituciones religiosas y que subsisten gracias a la aportación generosa de mucha gente. Eso pocas veces sale en los medios de comunicación.

Esta tarea de la iglesia responde y siempre ha respondido a la frase de Jesús en el evangelio de hoy: “dadles vosotros de comer”. Muchas interpretaciones se han hecho del evangelio de hoy. Más que fijarnos en su interpretación hay que fijarse en la realidad que se narra. Allí donde no llegan los servicios públicos está la iglesia, y es la iglesia de la que todos formamos parte y con la que se colabora de diversas maneras.

“Dadles vosotros de comer” no se lo dice Jesús solo a los discípulos sino que se lo dice a la iglesia de siempre y nos lo están diciendo a nosotros. Es la manera de hacer que el evangelio siga siendo actual. El mensaje de Jesús no es antiguo, es real, es actual.

Las palabras de Isaías se viven cada día en nuestra sociedad. Hay personas, muchas, que comen sin pagar, de balde, porque otras muchas dan de lo que tienen, incluso de lo poco que tienen para que otros puedan llevarse algo a la boca. Hay que decir que esta situación no es deseable, pues lo normal sería que todos tuviesen trabajo digno, que nadie se aprovechase de nadie, que nadie robara o viviera a costa de los demás.

¿Por qué gastáis el dinero en lo que no alimenta? Son palabras de mucha actualidad. La sociedad de consumo desenfrenado hace que cada vez haya más pobres y más gente que pase hambre. Choca ver el dinero gastado en el cuidado del cuerpo mientras hay gente que pasa hambre. Choca ver el dinero que se invierte en cosas no necesarias mientras falta lo necesario a muchas personas. Choca ver la publicidad engañosa del buen vivir mientras hay familias que lo pasan mal.

“Dadles vosotros de comer” no lo olvidemos. Es un consejo que hoy nos da Jesús a nosotros. Hoy nos puede apartar de Jesús el desinterés, el mirar para otra parte, la falta de sensibilidad, en definitiva la falta de amor al prójimo hecho realidad en la acción caritativa de la iglesia a través de “dar de comer al hambriento”.

 


Deja un comentario

Homilia Fiesta apóstol Santiago. 25 de julio 2011

Una vivencia recorre las tres lecturas de esta fiesta de Santiago apóstol. Esa vivencia es la del TESTIMONIO. Como cristianos se nos invita a ser testigos no de una idea, ni de una ideología, sino de una persona: Jesús de Nazaret Hijo de Dios y testigos de su mensaje: predicar el Reino de Dios.

En la primera lectura se nos dice que los “apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús”. Por ser testigos de Jesús sufren persecución, y el texto nos cuenta al final que “Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago”. El mensaje de Jesús choca muchas veces con la forma de pensar de los hombres: los hombres hablan de poder, Jesús habla de servicio y quien quiera seguirlo tiene que aceptar y vivir este mensaje. Los hombres hablan de leyes, de normas e incluso de esclavitud. Jesús habla de libertad “porque El es Señor del sábado”. Los hombres hablan de “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Jesús habla de la paz que brota del corazón que busca el bien de todos.

Los apóstoles vivieron este mensaje de servicio, de libertad y de paz. Por eso sufrían persecución. Por eso se les prohibía hablar de Jesús y de su mensaje. Apostar por ser servidores los unos de los otros, apostar por vivir en libertad, que es un regalo de Dios, y apostar por la paz no suele gustar a las autoridades, como en el caso de la primera lectura.

Este mensaje de Jesús, este ser testigos suyos “lo llevamos en vasijas de barro” nos dice el apóstol Pablo en la segunda lectura. Estas vasijas de barro somos nosotros que desde nuestra vida queremos ser testigos del mensaje de Jesús.  San Pablo nos anima diciendo que contamos con la fuerza de Dios. Esa fuerza es la fe en El, en su Hijo. Y desde la fe es desde donde podemos hablar. Hablar de servicio, de amor, de perdón, de justicia, de paz, de libertad. No hablamos de todo esto desde nuestra SOLA opinión, sino desde la fe en Jesús sabiendo que hablar a los demás del mensaje de Jesús puede traernos problemas, insultos, burlas. Lo que tiene que animarnos también es el testimonio de muchas personas que desde su vida, sea la que sea, edad, salud, profesión, nos están diciendo que su fe es una fe viva y comprometida.

En el evangelio vemos que no se trata de dar testimonio desde el poder, “estar sentados a la derecha y a la izquierda” sino desde el seguimiento de Jesús. Beber el cáliz es sinónimo de entregar la vida por los demás a ejemplo de Jesús. Beber el cáliz es servir como Jesús lo hizo. Beber el cáliz es saberse testigo de Jesús.

Santiago fue apóstol por ser testigo, por llevar una vida siguiendo a Jesús, por creer en El y por hablar de El a pesar de habérselo prohibido. Por todo esto Santiago también dio su vida por Jesús, por su mensaje, por su fe comprometida.

Este mensaje nos llega hoy a nosotros. Ser testigo de Jesús en el mundo actual es comprometerse a vivir la fe en Jesús que nos lleva a hablar, con la palabra y con la vida. Es comprometerse a servir a los demás, a vivir en la libertad de los hijos de Dios y a vivir la paz que Jesús nos trajo. Así seremos testigos, apóstoles de Jesús en el mundo actual.

 

 


Deja un comentario

Lecturas de la misa – 18º Domingo del Tiempo Ordinario 31 de Julio de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 55, 1-3
    «Dense prisa y coman»Esto dice el Señor:
    «Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen leche y vino sin pagar.
    ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David».
  • Salmo Responsorial: 144
    «Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.»El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar.
    Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas.
    R. Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.

    A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo. Abres, Señor, tus manos, generosas y cuantos viven quedan satisfechos.
    R. Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.

    Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras.
    No está lejos de aquéllos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.
    R. Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 35.37-39
    «Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo»Hermanos:
    ¿Quién podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones?
    ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?
    Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a Aquél que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
  • Evangelio: Mateo 14, 13-21
    «Comieron todos hasta quedar satisfechos»En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús a la muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle:
    «Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a las aldeas y compren algo de comer».
    Pero Jesús les replicó:
    «No hace falta que vayan; denles ustedes de comer».
    Ellos le replicaron:
    «No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados».
    El les dijo:
    «Tráiganmelos».
    Luego mandó que la gente se recostara en la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la mirada al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.


Deja un comentario

Himilía domingo 17º t.o. Ciclo A. Domingo 24 de julio 2011

Vivimos en la sociedad de la comunicación. Recibimos tanta información, y a veces de forma tan reiterada, que además de seleccionarla la olvidamos rápidamente. Es más fácil quedarse con una frase, un slogan, una imagen que con un largo discurso que puede llegar a aburrirnos. Lo mismo sucede con documentos escritos. Esos largos documentos o discursos que caen en nuestras manos nos aburren y a menudo buscamos un resumen o nos quedamos con los titulares. Podríamos decir algo semejante con las homilías. Fácilmente dejamos de escuchar al sacerdote porque habla un lenguaje lejano a nuestras realidades, o  porque se enrolla de tal manera que perdemos el hilo de su “discurso”.

La comunicación en tiempos de Jesús era fundamentalmente oral. Pocas personas sabían leer y escribir, de ahí que Jesús prefiera dirigirse a la gente que le seguía y escuchaba con narraciones sencillas y, en su mayor parte, breves. Así resultaba más fácil comprenderlas y memorizarlas. Las parábolas que hoy hemos proclamado son cortas, fáciles de aprender y de entender. La manera de enseñar Jesús era con autoridad y no como la de los fariseos y escribas, sus discursos eran largos e incomprensibles.   

Para predicar sobre el Reino de Dios no hace falta largos discursos queriendo llegar a la inteligencia de las personas. Hace falta llegar al corazón con narraciones comprensibles y que partan de la vida. Un tesoro escondido, una perla de gran valor, una red repleta de peces, pertenecen a la vida de las personas.¡Quién no desea encontrar algo parecido!

Pero no hay que quedarse en el tesoro, la perla o la red, sino que estas realidades nos están señalando algo más, nos quieren llevar más lejos de lo que son. Jesús nos dice que estas realidades son un signo del Reino de Dios y que no basta solo con encontrarlas para guardarlas y quedarse con ellas, sino que estas realidades son ejemplo de lo que es y significa el Reino de Dios.

Cuando encontramos algo de gran valor lo guardamos “como oro en paño”, lo ponemos a salvo para que nadie nos lo robe, incluso hay gente que llega a ser esclavo de eso que ha encontrado. El Reino de Dios no nos pide ser esclavos de nadie ni siquiera de Dios, pero sí nos pide que si lo hemos encontrando, lo guardemos en nuestro corazón, sí, pero que hagamos a los demás partícipes de ese regalo.  El Reino de Dios se recibe con alegría, se vive con alegría y se comparte con alegría para que al conocerlo los demás, primero se animen a buscarlo en su interior y, después de encontrarlo, a mostrarse alegres y felices por haberlo encontrado.

Encuentran el Reino de Dios, es decir, el tesoro, la perla o la red repleta quienes tienen un corazón sencillo y sin doblez ante Dios y los demás. Quienes tienen un corazón dispuesto a trabajar por la vida, la paz, la justicia, la felicidad. Quienes tienen un corazón abierto para acoger a todos, sobre todo a aquellos que nadie quiere. De ahí que resulte difícil encontrar el Reino de Dios a quienes andan preocupados por sí mismos, por ganar dinero a toda costa, por ganar poder, prestigio. Para estos el Reino de Dios significa nada, porque les importa poco la vida, el hombre, la justicia….

El Reino de Dios es precisamente eso: acoger a Jesús y su mensaje con corazón sincero y alegre, vivir ese mensaje y transmitirlo a los demás desde una vida feliz, haciendo que los demás tengan también una vida feliz. ¡Ojalá que los discursos y documentos dela Iglesiay, me atrevería a decir las homilías, fuesen tan claros, sencillos y breves como las enseñanzas de Jesús!


Deja un comentario

Lecturas de la misa – Domingo 24 de Julio 2011 – Dom. 17º T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: I Reyes 3, 5.7-12
    «Pediste sabiduría»En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo:
    «Salomón, pídeme lo que quieras, que yo te lo daré».
    Salomón le respondió:
    «Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo.
    Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal.
    Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?»
    Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo:
    «Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo».
  • Salmo Responsorial: 118
    «Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.»Dichoso el hombre de conducta intachable, que cumple la ley del Señor. Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Tú, Señor, has dado tus preceptos para que se observen exactamente. Ojalá que mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Favorece a tu siervo para que viva y observe tus palabras. Ábreme los ojos para ver las maravillas de tu voluntad.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 28-30
    «Nos predestina para que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su Hijo»Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador.
    En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.
    A quienes predestina, los llama; a quienes los llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.
  • Evangelio: Mateo 13, 44-52
    «Vende cuanto tiene y compra aquel campo»En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
    El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
    El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces; cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados, ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?»
    Ellos le contestaron:
    «Sí».
    El les dijo:
    «Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas».


Deja un comentario

Homilía domingo 16º t.o. Ciclo A. 17 de julio de 2011

Muchas veces nos encontramos con personas que quieren que las cosas se hagan YA. Sucede que cuando encargamos un trabajo a otra persona le solemos decir que lo queremos para “ayer mejor que para hoy”. Actuamos con prisas porque vivimos en una sociedad acelerada. No nos damos cuenta que las prisas no suelen ser buenas.

Las lecturas de hoy nos ofrecen pautas para actuar poniendo como modelo a Dios. El libro de la Sabiduríanos habla de un Dios que, a veces, no cuadra con nuestra manera de pensar. Se nos dice que Dios cuida de todo, que no juzga injustamente, que su poder es principio de justicia, que perdona a todos, que juzga con moderación y que gobierna con indulgencia.

Esta es una manera muy humana de presentarnos a Dios y que luego Jesús corrobora en el Evangelio. Habrá personas a las que estas frases del libro dela Sabiduríales resultarán lejanas, extrañas, porque esas cualidades que describe de Dios no son reales en la vida diaria. Sin embargo, podemos pensar, que esas cualidades que se atribuyen a Dios son un ejemplo de cómo debería ser el comportamiento humano, o una invitación a comportarnos con los demás como Dios es descrito en este texto. 

Ojalá que los hombres fuésemos capaces de cuidar los unos de los otros, de no juzgar injustamente, a lo que yo añadiría tanto por defecto como por exceso. Hoy hay personas que teniendo datos suficientes para ser juzgadas, se les exime de juicio por su posición social o se buscan subterfugios para liberarles. Hay a quienes teniendo datos se les juzga y se hace recaer el peso de la ley sobre ellos por su posición, digamos, no social.

Hoy el poder más que principio de justicia, resulta estar aliado con la justicia para favorecer al poderoso. El perdón que Dios otorga a todos no nos convence, porque Dios debería actuar según nuestros criterios de perdón. Juzgar con moderación y gobernar con indulgencia están lejos de la realidad que vivimos en el mundo actual. Por eso viene bien leer y releer este texto en las circunstancias actuales. Por último Dios invita al justo a ser humano y da lugar al arrepentimiento. He aquí todo un programa para aquel que quiera trabajar por el bien de los demás desde un puesto sea o no relevante.

El evangelio nos da una pauta para poder llevar actuar así. Esa pauta esla PACIENCIA.Lapaciencia como se nos dice en el evangelio consiste en esperar el tiempo oportuno para actuar. Más que arrasar con todo, hay que esperar. Más que destruir todo hay que tener y actuar con paciencia. El tiempo de la siega, el tiempo de saber diferenciar llega en su momento oportuno. El tiempo de la siega hace felices a las personas porque pueden distinguir lo que realmente vale de lo que hay que echar al fuego.

Juzgar, el poder, perdonar, gobernar no se puede hacer con prisas, ni avasallando a la gente, ni dejando pasar el tiempo para que sea el tiempo quien solucione el problema. Juzgar, el poder, perdonar, gobernar hay que hacerlo con paciencia para descubrir lo que merece la pena y lo que hay que “quemar”, que “destruir” porque va en detrimento de los hombres.

San Pablo nos da una clave a los cristianos: para poder hacer todo esto, aunque no  nos demos cuenta: el Espíritu que examina los corazones para que a la hora de juzgar, de tener poder, de perdonar y de gobernar se haga desde el respeto a la persona y a la vida, sin juzgar precipitadamente pero sin dilatar el tiempo innecesariamente. Ojalá sintamos el Espíritu en nuestras vidas que nos ayude a saber esperar y a saber actuar.