Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilia Virgen del Pilar. 12 de octubre de 2011

La Virgen María ha ocupado siempre un lugar preferente en la vida de la Iglesia.Ser la madre de Jesús, el Hijo de Dios, hace que muchos cristianos acudamos a ella. Su Hijo Jesús la alaba por escucharla Palabra de Dios y cumplirla. Mejor alabanza no se puede decir de María y, creo, que de cualquier persona que siga su ejemplo.

María no solo ocupa un lugar preferente en la vida de la Iglesia, sino que está presente en la Iglesiay está con la Iglesia allí donde se predica a su Hijo. Lo vemos en la segunda lectura de hoy. María está con la Iglesia primitiva representada por los apóstoles y forma parte de esa Iglesia que ora en común. No se siente ajena a la vida de la Iglesia. En el evangelio de san Juan, el discípulo amado la “recibió en su casa”.

María es ejemplo para todos nosotros de las tres peticiones que hacemos a la Virgendel Pilar: fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. En primer lugar María es ejemplo de fortaleza en la fe. Los marianistas tenemos en nuestro escudo fundacional “fortes in fide”: fuertes en la fe. El lema de la  JMJ es: “firmes en la fe”. La fortaleza de la fe de María nos la señala san Juan en el momento de la crucifixión de Jesús con un verbo latino “STABAT” que no es solo estar, sino que significa “estar de pie”. Ese estar de pie junto a la cruz de su Hijo es fruto de la fe de la madre en el Hijo y en su mensaje. Para nosotros la fortaleza en la fe significa estar de pie junto a todo hombre que quiere vivir su fe y necesita ayuda. Esa ayuda es sobre todo nuestro testimonio vivido como servicio.

En segundo lugar María es ejemplo de seguridad en la esperanza. María acompaña a su Hijo de manera callada. Pensemos que María pudo tener dudas acerca de la misión de su Hijo. Recordemos ese pasaje del Evangelio donde se dice que su familia le tenía por loco (Mc 3,21). Sin embargo María acompaña a su Hijo en el momento en que toda esperanza acerca de su misión parece perdida. Y le acompaña hasta el final, cuando todos le abandonan, creyendo y esperando que la muerte no tendría la última palabra sobre el Hijo anunciado a ella de manera especial y que pasó su vida haciendo el bien.

En tercer lugar María es ejemplo de constancia en el amor. El amor de María se manifiesta en lo sencillo: la visita a su prima Isabel, el amor por su Hijo perdido en Jerusalén, su intervención en las bodas de Caná. Gestos que nos muestran el amor de María y su preocupación por las personas necesitadas. El amor hay que vivirlo de forma constante aunque se manifieste en pequeños gestos. A menudo los grandes gestos de amor pueden esconder intereses. En María el amor era desinteresado.

El amor se vive junto a la fe y la esperanza. Las tres son grandes. Pero como dice san Pablo en la primera carta a los Corintios: “ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1ªCor. 13, 13). La constancia en el amor hace que la fe sea fuerte y la esperanza segura.

Que María siga ocupando un lugar preferente en la vida dela Iglesia, es decir, en la vida de cada uno de nosotros, y que sea ejemplo de vivir la fortaleza en la fe, la seguridad en la esperanza y la constancia en el amor.


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Homilia domingo 28º t.o. Ciclo A. Domingo 9 de octubre

A menudo, los medios de comunicación, ofrecen resultados de encuestas sobre temas sociales, que son los que más preocupan a las personas. Con estas ellas se toma el pulso a la situación que se vive en ese momento. Pocas veces se hacen encuestas sobre el nivel de esperanza que podamos tener. Bien es verdad que puede resultar difícil medir el nivel de esperanza no solo ante los problemas, sino sobre todo ante las soluciones propuestas. Esta misma semana en un periódico de nivel nacional se decía que tres cuartas partes de las personas encuestadas tenían poca esperanza en las medidas adoptadas por el gobierno.

No resulta fácil infundir esperanza ante una situación como la que vivimos.. Es más fácil echar la culpa a los demás, a lo que sea, con tal de no aceptar los errores cometidos. Es fácil abandonar el barco cuando se está hundiendo, sobre todo sabiendo que se podían haber buscado medios para mejorar la situación. Esas personas se asemejan a los convidados que no quisieron asistir a la boda. Buscan excusas para tener su propia fiesta olvidándose de la gran fiesta de todos.

La primera lectura y el evangelio nos hablan de abundancia y de fiesta, en una palabra de esperanza: festín de manjares suculentos, vinos de solera, boda del hijo del rey. A todo esto, y más, se nos invita. ¿Cuál es nuestra reacción?

Primero la de no creérnoslo. El hombre de hoy es poco crédulo, está perdiendo confianza en sí mismo y en las instituciones. No ha perdido, gracias a Dios, las ganas de fiesta. Pero esas ganas de fiesta, ese vivir la fiesta, no aumenta la confianza en lo que se es y en lo que se hace porque nunca se está satisfecho. Hoy más que nunca se vive el presente porque el presente es lo que importa.   

Segundo la de no aceptarlo. Cada vez somos más reacios a escuchar y a aceptar promesas. Queremos hechos. Nada de anunciarnos esperanzas futuras. Queremos que esas esperanzas se hagan YA realidad. Todas esas promesas que estamos escuchando, ¿en qué quedarán luego?

Tercero la de no estar preparado. Como no nos lo creemos, como no lo aceptamos, nos damos cuenta que no estamos preparados cuando se nos anuncia algo que puede llenar nuestras vidas de alegría, de esperanza, de futuro cierto. Eso es lo que le pasa al hombre que ha entrado en la fiesta sin el traje adecuado. ¿Para que prepararse si no se oyen más que promesas que no se van a cumplir? Es la respuesta de algunas personas.

Ante todo esto el Señor no solo anuncia abundancia, festín, boda, sino que pone a nuestro alcance medios para que todo eso sea realidad. El pone de su parte un anuncio, una invitación, un salir a buscarnos para vivir. Pongamos nosotros los medios para que ese anuncio de abundancia, esa invitación a la fiesta llegue a todos y, sobre todo, sea vivida realmente por todos. No seamos convidados que no queremos asistir al banquete y no seamos de los que no dejamos a otros asistir a la fiesta. La abundancia que hablan las lecturas la tenemos en nuestras manos. Queda por hacer que esa esperanza y esa abundancia se conviertan en realidad para todos los hombres.

Creamos en el anuncio de la Palabra de Dios. Aceptemos la Palabra de Dios y estemos preparados para vivirla y entregarla a los demás. La Palabra de Dios es abundancia, es esperanza y es festín de bodas al que todos estamos invitados


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Aparcamiento en la parroquia

Siguiendo la sugerencia de un feligrés os comunico lo que sigue sobre el aparcamiento en la plaza de la parroquia:

    Ante las obras del nuevo polideportivo y por MOTIVOS DE SEGURIDAD no se permitirá la entrada de coches en horario de misas de 8.00h y de 13.15h (excepto los sábados).  Ruego a todos un poco de comprensión.

    Vuestro párroco:  Victoriano


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Lecturas de la misa – 28º Semana del Tiempo Ordinario 9 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 25, 6-10
    «El Señor preparará un banquete y enjugará las lágrimas de todos los rostros» 

    En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor. En aquel día se dirá:
    «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte».

  • Salmo Responsorial: 22
    «Habitaré en la casa del Señor toda la vida.»El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu bastón me dan seguridad.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

  • Segunda Lectura: Filipenses 4, 12-14.19-20
    «Todo lo puedo unido a Aquél que me da fuerza»Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a Aquél que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.
    Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.
  • Evangelio: Mateo 22, 1-14
    «Inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren»En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
    «El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran:
    “Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda”.
    Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, las cuales dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados:
    “La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos e inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren”.
    Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de invitados. Cuando el rey entró a saludar a los invitados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?”
    Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados:
    “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”».


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Lecturas de la misa – 27º Domingo del Tiempo Ordinario 2 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 5, 1-7
    «La viña del Señor es la casa de Israel»Voy a cantar, en nombre de mi amado, una canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar. El esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias.
    Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego que sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?
    Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña: le quitaré su cerca y será destrozada. Derribaré su tapia y será pisoteada. La convertiré en un desierto, nadie la podará ni le quitará los cardos; crecerán en ella los abrojos y las espinas; mandaré a la nubes que no lluevan sobre ella.
    Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y sólo se oyen reclamaciones.
  • Salmo Responsorial: 79
    «La viña del Señor es la casa de Israel.»Señor, tú trajiste de Egipto una vid; arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste; ella extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes llegaban hasta el río.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Señor, ¿por qué has derribado su cerca, de modo que puedan saquear tu viña los que pasan, pisotearla los animales salvajes, y las bestias del campo destrozarla?
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la planta sembrada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida; alabaremos tu poder.
    Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos; míranos con bondad y estaremos a salvo.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

  • Segunda Lectura: Filipenses 4, 6-9
    «Obren bien y el Dios de la paz estará con ustedes»Hermanos: No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios, quien sobrepasa toda inteligencia, y él custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
    Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y así, el Dios de la paz estará con ustedes.
  • Evangelio: Mateo 21, 33-43
    «Alquilará el viñedo a otros viñadores»En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
    «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
    Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando:
    “A mi hijo lo respetarán”.
    Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros:
    “Éste es el heredero.Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia”.
    Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
    Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?»
    Ellos le respondieron:
    «Dará muerte terrible a esos desalmados y alquilará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».
    Entonces Jesús agregó:
    «¿No han leído nunca la Escritura que dice:
    “La Piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?”
    Por esta razón les digo a ustedes que les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».


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Homilía domingo 26º del t.o.Ciclo A. Domingo 25 de septiembre de 2011

En la vida normal sucede que creemos conocer a las personas con las que normalmente convivimos. Ese conocimiento nos lleva a pensar que sabemos cómo van a reaccionar ante un acontecimiento, una situación personal… Tal vez nos hemos llevado un “chasco” con alguna persona que no ha reaccionado como nosotros creíamos que iba a hacerlo. Eso es lo que nos muestra el evangelio.

Las personas, a veces, somos impredecibles. El padre del evangelio seguro que conocía a sus hijos, seguro que pensaba: “mis hijos son de tal o cual manera, seguro que el mayor es así y el pequeño no”, pero, posiblemente no se esperaba la respuesta que  cada uno dio una orden suya, reaccionando de forma diversa. Seguro que algo parecido nos sucede también a nosotros en la vida normal.

Lo que a Jesús le interesa saber es la reacción de los que le escuchan, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. Ellos eran lo que emitían juicios ante situaciones vividas por el resto del pueblo.  Y lo que no se esperaban era la respuesta de Jesús: “Juan os enseñó el camino de la justicia y no le creísteis”. Ahí está el verdadero problema: quienes se consideraban los guardianes de la justicia, no creen, no aceptan la justicia que trajo Juan el Bautista, que era la justicia de la conversión.

La justicia de la conversión se manifiesta mediante signos. “Por sus frutos los conoceréis” dice Jesús. De ahí que la respuesta de los sumos sacerdotes y ancianos sea la correcta desde la conversión: el primer hijo dice que no va, luego se arrepiente y va. Los sumos sacerdotes y los ancianos han contestado bien. Pero como decía más arriba, no se esperan el reproche de Jesús a su conducta después de la predicación de Juan.

Para nosotros, cristianos, el mayor signo de llamada a la conversión es Jesús. Pero no a una conversión puntual, sino a la justicia de la conversión, es decir, a lo que nos dice la segunda lectura: “tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”. Esos sentimientos de Cristo Jesús están relacionados con el Padre y con todos nosotros.

La vida de Jesús, es decir su hablar y su actuar, es una vida consecuente y congruente. Su vida fue siempre un SI al Padre y un SI a los hombres. De ahí que su persona, su mensaje y su forma de actuar no gustara a las autoridades religiosas de su tiempo porque les hace ver que se comportan como los hijos de la parábola.

Hoy vemos cómo se cambia fácilmente de opinión según las circunstancias y las presiones. Jesús reprocha esa forma de comportarse y nos propone aceptar la justicia de la conversión. Esto conlleva vivir con unas convicciones serias a la vez que críticas. No se trata de acomodarse al viento que sopla para obtener provecho. Se trata de mantenerse firme en lo aprendido desde el Evangelio y desde hacer el bien a los demás.

Las convicciones de Jesús vienen de la obediencia filial al Padre y de la predicación del Reino de Dios a los hombres. El se “despojó de su rango”, se hizo igual a nosotros, menos en el pecado, actuó como uno de nosotros para mostrarnos que su mensaje es un mensaje que se puede vivir y que una vez aceptado tiene que servir como norma de comportamiento. Hoy, posiblemente, Jesús nos echaría en cara a nosotros que somos como los hijos del texto. Pensemos si nuestra vida no es, a veces, decir sí o no según nos convenga. Aceptando nuestras limitaciones, intentemos convertirnos, mantengamos firmes nuestras convicciones desde el Evangelio y hagamos el bien a los demás


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Lecturas de la misa – 26º Domingo del Tiempo Ordinario 25 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Ezequiel 18, 25-28
    «La responsabilidad personal» 

    Y vosotros decís: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad casa de Israel, ¿Qué no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha cometido muere. Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservará su vida. Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin duda, no morirá.

  • Salmo Responsorial: 24
    «A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío» 

    Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación.

    R. A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío.

     

    En ti estoy esperando todo el día, por tu bondad Señor. Acuérdate, de tu ternura, y de tu amor, que son de siempre. De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor acuérdate de mí.

    R. A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío.

     

    Bueno y recto es el Señor, por eso muestra a los pecadores el camino; conduce en la justicia a los humildes, y a los pobres enseña su sendero.

    R. A ti Señor, levanto mi alma, oh Dios mío.

  • Segunda Lectura: Filipenses 2, 1-11
    «La imitación de Cristo»Si tenéis, pues, (para mí) alguna consolación en Cristo, algún consuelo de caridad, alguna comunicación de Espíritu, alguna ternura y misericordia, poned el colmo a mi gozo, siendo de un mismo sentir, teniendo un mismo amor, un mismo espíritu, un mismo pensamiento. No hagáis nada por emulación ni por vanagloria, sino con humilde corazón, considerando los unos a los otros como superiores, no mirando cada uno por su propia ventaja, sino por la de los demás. Tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús; el cual, siendo su naturaleza la de Dios, no miró como botín el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por eso Dios le sobreensalzó y le dió el nombre que es sobre todo nombre, para que toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra se doble en el nombre de Jesús, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
  • Evangelio: Mateo 21, 28-32
    «Los dos hijos desiguales»»¿Qué opináis vosotros? Un hombre tenía dos hijos; fue a buscar al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar a la viña». Mas éste respondió y dijo: «Voy, Señor», y no fue. Después fue a buscar al segundo, y le dijo lo mismo. Este contestó y dijo: «No quiero», pero después se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» Respondieron: «El último». Entonces, Jesús les dijo: «En verdad, os digo, los publicanos y las rameras entrarán en el reino de Dios antes que vosotros. Porque vino Juan a vosotros, andando en camino de justicia, y vosotros no le creísteis, mientras que los publicanos y las rameras le creyeron. Ahora bien, ni siquiera después de haber visto esto, os arrepentisteis, para creerle».


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OTRA homilía domingo 25º t.o ciclo A. Domingo 18 de septiembre 2011

Hace un par de años pasando al atardecer por una plaza de Madrid vi a un grupo de hombres, emigrantes por el color de la piel, que hablaban entre sí. Preguntando me dijeron que estaban esperando a que llegase un patrón que los contratase para trabajar al día siguiente en sus campos. ¡No daba crédito a lo que oía! En pleno siglo XXI, en Madrid, se sigue usando el sistema de contratación que nos cuenta hoy el evangelio.

Al igual que los jornaleros del evangelio estos emigrantes esperaban pacientemente ser escogidos para ir a trabajar al día siguiente. Imagino que las condiciones de trabajo no respetarían para nada las prestaciones sociales de que tanto hablan los llamados “agentes sociales”. Más bien creo que se trataría de trabajo-salario. Como todos irían a la misma hora, todos recibirían el mismo salario.

Hace unos diez años en una reunión de directores de colegios de Madrid se hablaba de salarios. Habló uno diciendo que está el salario legal, el que marca los convenios, el salario justo, que incluiría algunos beneficios, y el salario digno, que sería aquel que permitiría a una familia vivir dignamente y que estaría por encima del salario legal y justo. Me pareció muy buena esta diferencia de salarios y ojalá se pensara así a la hora de pagarlos.

Todo lo dicho anteriormente sirve para comprender el evangelio de hoy y la actitud del propietario que sale a contratar. Este hombre contrata jornaleros a distintas horas. Con todos se ajusta el mismo salario a pesar de la diferencia de trabajo. Ellos no lo saben hasta que comienzan a recibir su paga. En ese momento es cuando surgen las críticas al propietario. ¡Hemos trabajado más, tenemos que recibir mayor salario!.

Eso no era lo ajustado. Lo ajustado era un trabajo, un denario y se lo da a todos por igual. Nuestra mentalidad, creo, es la de criticar al propietario. Los de la mañana han aguantado todo el sol del día, los otros no. Pero la forma de actuar del propietario es justa: primero porque él se ajustó con cada jornalero en un denario. El paga lo ajustado. Y, segundo porque no quiere que ninguno se quede sin lo necesario para ese día. Ahí está el cuidado de la dignidad de la persona.

El propietario va más allá del salario legal y justo, que antes comentaba. El propietario da un salario digno incluso al que ha trabajado menos, porque piensa que esos que menos han trabajado tienen que alimentar igualmente a una familia y por eso les da un denario, salario de un día de trabajo. El propietario más que pensar en lo legal y en lo justo, piensa en las necesidades de las personas. Un jornalero tenía que llevar a casa un salario digno para poder vivir.

Yo sé que eso choca con cualquier mentalidad y forma de pensar respecto a trabajo-salario. Hoy que los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres más pobres, viene bien reflexionar sobre esta parábola. Hoy que a la gente joven se le hace trabajar horas y horas a cambio de un salario mileurista, viene bien leer atentamente la conducta de este propietario. Y hoy viene bien leer la palabra de Isaías: “mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. La forma de pensar y de actuar de Dios nos desconcierta, pero menos mal que hay algo que nos desconcierta fuera de nuestra manera de pensar. Dios piensa y actúa de manera distinta a nosotros para llevarnos a nosotros a acercarnos a su manera de pensar y actuar.

 

 


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Homilía domingo 25º t.o. ciclo A.Domingo 18 de septiembre de 2011

Enla Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, se acude a diversas comparaciones al hablar del pueblo de Israel. Una de las más usadas es compararlo con una viña. En el Nuevo Testamento Jesús también usa esta comparación en varias parábolas. Hoy leemos una de ellas. Si en el Antiguo Testamento la viña es el Pueblo de Israel, en el Nuevo Testamento podemos decir que la viña es, en sentido amplio, el mundo. Al menos podemos darle este sentido a la parábola de hoy.

El dueño de la viña sale varias veces a lo largo del día a contratar jornaleros.  El quiere que todos trabajen, aunque sea un par de horas. Lo que le importa es que vayan a trabajar, a cuidar su viña y que todos reciban un salario para poder vivir. Un denario era el salario de un día de trabajo. Y con un denario podía subsistir una familia.   

El texto nos dice que con los primeros el propietario ajusta un denario por jornada, Con los segundos dice que “os pagaré lo debido” y con el resto no ajusta nada. Pero él quiere ser bueno, con una bondad que a nosotros hoy nos desconcierta, y paga a todos por igual. Eso provoca protestas. Hoy también provocaría protestas.

Al principio decía que la viña es el mundo. Podemos comparar al dueño con Dios y a nosotros con los jornaleros. Siguiendo la lógica anterior se puede decir que Dios envía a los hombres, a todo hombre, a trabajar en el mundo. Y lo hace constantemente.

Ante un mundo tan necesitado de todo, Dios sale a buscar jornaleros que vayan a cuidar el mundo. Y lo hace a todas horas, es decir, en todo momento, pues para El, el mundo siempre necesita cuidados. Quitar las malas hierbas, será como desterrar la guerra, el hambre, la injusticia. Regar la viña, el mundo, será como trabajar por la paz, por el bienestar de todos, porque haya trabajo para todos. Cavar la viña, el mundo, será como ayudar a construir un mundo de hermanos.

Todos tenemos que considerarnos jornaleros enviados a trabajar por un mundo mejor. No caben excusas. Soy mayor, soy niño, soy joven. No sé qué hacer, no puedo hacer nada. Esas excusas no valen ante el Señor. Siempre habrá algo que podamos ofrecer a los demás. Dice un autor: “no tenemos en nuestras manos las soluciones para los problemas del mundo, pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos” (Mamerto Menapace”.

La JornadaMundialdela Juventud, recién celebrada en Madrid, es una invitación especial, es, yo diría, un momento-regalo de Dios a todala Iglesia, pero especialmente a los jóvenes, para decirles “id también vosotros a mi viña”. A esos jóvenes y a muchos otros les llega su momento de trabajar en la viña del Señor que es el mundo. Los jóvenes tienen que sentirse jornaleros capaces de labrar, cavar, cuidar y regar la viña que Dios pone en sus manos.

 Los mayores también tenemos que seguir trabajando en los surcos que hayamos abierto, pero dejando que los jóvenes abran y trabajen los suyos. El que sean de la última hora, que siempre los habrá, no les quita para nada la importancia que tiene su trabajo, su testimonio de vivir la fe en el mundo actual. Lo que sí tiene que quedar claro es que todos somos jornaleros de la viña, llamados cada uno a una hora distinta, pero con la misma vocación de cuidar de la viña del Señor.


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Lecturas de la misa – 25º Domingo del Tiempo Ordinario 18 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 55, 6-9
    «Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes»Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.
    Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos.
  • Salmo Responsorial: 144
    «Bendeciré al Señor eternamente.»Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi boca de alabarte. Muy digno de alabanza es el Señor, por ser su grandeza incalculable.
    R. Bendeciré al Señor eternamente.

    El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas.
    R. Bendeciré al Señor eternamente.

    Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No esta lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.
    R. Bendeciré al Señor eternamente.

  • Segunda Lectura: Filipenses 1, 20-24.27
    «Para mí, la vida es Cristo y la muerte, una ganancia»Hermanos:
    Ya sea por mi vida, ya sea por mi muerte Cristo será glorificado en mí. Porque para mí, la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Pero si el continuar viviendo en este mundo me permite trabajar todavía con fruto, no sabría yo qué elegir.
    Me hacen fuerza ambas cosas: por una parte el deseo de morir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; y por la otra, el de permanecer en vida, porque esto es necesario para el bien de ustedes. Por lo que a ustedes toca, lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.
  • Evangelio: Mateo 20, 1-16
    «¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?»En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
    «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo:
    “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo”.
    Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo la mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo:
    “¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?”
    Ellos le respondieron:
    “Porque nadie nos ha contratado”.
    El les dijo:
    “Vayan también ustedes a mi viña”.
    Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador:
    “Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros”.
    Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
    Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole:
    “Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora y, sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor”.
    Pero él respondió a uno de ellos:
    “Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”
    De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos».