Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Lecturas de la misa – 24º Domingo del Tiempo Ordinario 11 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Eclesiástico 27, 30; 28, 1-7
    «Perdona la ofensa a tu prójimo, para obtener el perdón»Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados.
    Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados. El que le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor? El que no tiene compasión de su semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quién interceda por él?
    Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos.
    Ten presente los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas.
  • Salmo Responsorial: 102
    «El Señor es compasivo y misericordioso.»Bendice al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al señor alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

    El Señor, perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y ternura.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

    El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestra culpas, ni nos paga según nuestros pecados.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

    Como desde la tierra hasta el cielo, así es grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama.
    R. El Señor es compasivo y misericordioso.

  • Segunda Lectura: Romanos 14, 7-9
    «En la vida y en la muerte somos del Señor»Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo, para ser Señor de vivos y muertos.
  • Evangelio: Mateo 18, 21-35
    «No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete»En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
    «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»
    Jesús le contestó:
    «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
    Y les propuso esta parábola:
    «El Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que le debía mucho dinero. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo:
    “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
    El rey tuvo lástima de aquel empleado, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, al salir, aquel servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba mientras le decía:
    “Págame lo que me debes”.
    El compañero se le arrodilló y le rogaba:
    “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
    Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
    Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:
    “Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
    Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
    Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


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Homilia domingo 23º t.o. Ciclo A.Domingo 4 de septiembre 2011

Vivimos en una época marcada fuertemente por el relativismo. Y este relativismo está muy unido al subjetivismo. Con frecuencia se oye decir a personas y algunos medios de comunicación que no hay normas objetivas y/o absolutas. Desde el momento en que hemos llegado a minusvalorar la vida humana, de su inicio al final, se puede pensar que ambos relativismo y subjetivismo han alcanzado su culmen.

Oímos decir a algunas personas: “no te metas en mi vida”, “no obligues al niño a hacer esto, pues le puede causar un trauma”, “respeta mi intimidad, mi libertad”… Podríamos seguir con frases parecidas para indicar cómo cada cual se siente dueño de sí mismo, de su vida, de lo que haga y no permite que otra persona se entrometa en lo que vive, en lo que hace o en lo que es.

Sin embargo, hay que decir que existen grupos de presión social y política que bajo apariencia de buenas intenciones, absolutizan normas de vida y de conducta que ayudan a sus intereses. Se critica a la Iglesiapor proponer normas, ya sea desde el Evangelio, ya desde su saber de siglos y se alaba a estos nuevos grupos por sus normas llamadas liberadoras, cuando en realidad esclavizan más a las personas. Basta con asomarse a los medios de comunicación “dependientes o independientes” para darse cuenta de cómo intentan marcar nuevas líneas de conducta. Eso sí, dejando bien claro, según ellos, que eso es algo normal y que la gente lo ve como normal.

Las lecturas de hoy nos señalan formas de ayudarnos a vivir, a convivir, a tener criterios para crear un mundo más humano y a vivir en un mundo más fraterno. El texto de Ezequiel es bien claro y, yo diría, duro cuando anima, nos anima, a “poner en guardia al malvado para que cambie de conducta”. Nos está animando a corregir.

Jesús en el evangelio va en la misma dirección. Primero, “reprende a solas al hermano”. Segundo, toma a “otro o a otros dos” y tercero “díselo a la comunidad”. Sobre el texto de Ezequiel alguno puede decir que el otro que reprende puede caer también en el subjetivismo. En el camino a seguir que propone Jesús interviene la comunidad que vive de unas normas objetivas.

Corregir, reprender, como dice Jesús, resulta duro y difícil. Por una parte a nadie gusta que nos corrijan. Por otra parte, la persona que intenta corregir puede pasarlo mal porque no sabe cómo será aceptada la corrección.

A los cristianos se nos invita a vivir la corrección fraterna. Esta corrección se ejerce en la familia, en la sociedad, en la vida religiosa. La intención que debe estar por encima de todo es la de salvar la vida, salvar al hermano. Por eso la corrección a que nos invita Dios por medio de Ezequiel y Jesús en el evangelio debe hacerse con sencillez, con humildad y sobre todo con amor. Toda corrección hecha desde sentirse superior, desde el orgullo, desde buscar hacer daño, desde no querer perdonar, no es corrección sino desprecio y hace daño al otro.

San Pablo nos da un buen consejo a la hora de corregir a otra persona: “uno que ama a su prójimo no le hace daño”.Corregir es difícil y hay que saber hacerlo. Si se hace desde querer hacer un bien, se ayudará. Si se hace rezando antes, se sembrará paz. Ejerzamos la corrección fraterna desde el cariño como medio de salvar a la persona y a la sociedad.