Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


Deja un comentario

Lecturas de la misa – Domingo 10 de Julio 2011 – Dom. 15º T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 55, 10-11
    «La Lluvia hará germinar la tierra»Esto dice el Señor:
    «Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión».
  • Salmo Responsorial: 64
    «Señor, danos siempre de tu agua.»Señor, tú cuidas de la tierra, la riegas y la colmas de riquezas. Las nubes del Señor van por los campos, rebosantes de agua, como acequias.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

    Tú preparas la tierra para el trigo: riega los surcos, aplanas los terrenos, reblandeces el suelo con la lluvia, bendices los renuevos.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

    Tú coronas el año con tus bienes, tus senderos derraman abundancia, están verdes los pastos del desierto, las colinas con flores adornadas.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

    Los prados se visten de rebaños, de trigales los valles se engalanan. Todo aclama al Señor. Todo le canta.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 18-23
    «Toda la creación espera la revelación de la gloria de los hijos de Dios»Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios.
    La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por la voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
    Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice a plenitud nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
  • Evangelio: Mateo 13, 1-23
    «Salió el sembrador a sembrar»Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del lago. Se reunió en torno suyo tanta gente, que tuvo que subirse a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:
    «Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron al borde del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; allí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando salió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga».
    Los discípulos se le acercaron y le preguntaron:
    «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»
    Jesús les respondió:
    «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aún eso poco se le quitará. Por eso les hablo por medio de parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: “Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve”.
    Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
    Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.
    A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron al borde del camino.
    Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
    Lo sembrado entre espinos representa a aquél que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta».


Deja un comentario

Homilía domingo 14º tiempo ordinario. Domingo 3 de julio

Siempre recordaré esta frase de un buen profesor de teología moral y que dice así: “los que tienen poder o se sienten con poder no se acercarán a confesarse”. Esos que tienen poder o se sienten con poder podemos identificarlos con los “sabios y entendidos” que dice Jesús en el evangelio. Para esos Dios no puede revelarles nada porque, creen, que ya lo saben todo. Y no tienen que confesarse de nada porque lo hacen todo bien.

Esos sabios y entendidos los hay en todas partes y cada día lo constatamos más. Actúan en beneficio propio y suelen tener miedo a enfrentarse con la verdad. De ahí que se refugien en sus castillos, que tengan muchos guardaespaldas, que solo hablen entre ellos porque así no tienen que rendir cuentas a nadie, solo se aman a ellos mismos y sobre todo porque se creen por encima del bien y del mal. Esos sabios y entendidos los hay en todas las clases sociales y en todos los ámbitos de la sociedad.

Si se atreven a actuar así ante los hombres, con mayor razón lo hacen, o pretenden hacerlo, ante Dios. Por ejemplo, no se confiesan porque Dios no tiene nada que perdonarles. Se mantienen en su orgullo de saber todo y de controlar todo lo que cae en sus manos. Pero la mayor parte de las veces ellos mismos se convierten en esclavos de ese poder, de su supuesta sabiduría y entendimiento.

Jesús dice “has escondido estas cosas a los sabios y entendidos”. Este esconder de Dios no significa cerrar el acceso a estas cosas, como si quisiera mantenerse oculto, sino que están escondidas para que el hombre las busque y hallándolas las viva. Dios invita al  hombre a buscar el bien de todos y no solo el de unos pocos. Invita a esos “sabios y entendidos” a no quedarse encerrados en sí mismos y en su poder. Les invita a salir de ese castillo en el que se han refugiado y a sentirse necesitados de buscar, de encontrarse con los demás, de encontrarle a El, en definitiva de vivir.

La acción de gracias de Jesús va para este Padre que sabe revelarse a los sencillos. Y además añade, “así te ha parecido mejor”. Mejor que tener poder o sentirse con poder es abrirse a este Dios que se revela como Padre. Mejor que ser sabio y entendido, es decir,  mejor que sentirse pagado de uno mismo es sentirse objeto del amor del Padre. Este Padre que nos ha sido revelado por el Hijo como amor, perdón, libertad, paz, justicia.

Para conocer al Padre hay que ir al Hijo. Es una verdad dicha por el mismo Jesús y que nos cuesta aceptar. Los sabios y entendidos se fabrican un dios y una religión a su medida porque así lo controlan mejor y nada nuevo se les puede revelar. Los sencillos se dejan llevar por el Espíritu de Jesús para ir al Padre. Los sencillos recuerdan que Jesús en el evangelio, sobre todo san Juan, “no cesa de recordarnos que hay que volverse hacia el Padre más que hacia él”(pág 131). (Adolphe Gesché. La paradoja del cristianismo. Sígueme). Los sencillos no necesitan buscar a Dios porque El se les revela. Se les revela en la vida, en todo hombre, en la libertad, en la oración. 

Jesús estuvo siempre vuelto hacia el Padre y su voluntad. De ahí que el querer de Dios Padre y el querer de Jesús se identifiquen. Estemos también nosotros siempre vueltos hacia el Padre y su voluntad. Entonces seremos sencillos portadores de la revelación de Dios manifestada en su Hijo Jesús. Revelación que es salvación y liberación de todo hombre, de todo el hombre y para todo hombre.