Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – 19º Domingo del Tiempo Ordinario 7 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: I Reyes 19, 9.11-13b
    «Aguarda en la montaña al Señor»Al llegar a la montaña de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo:
    «Sal de la cueva y quédate en la montaña para ver al Señor, porque el Señor va a pasar».
    Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.
  • Salmo Responsorial: 84
    «Muéstranos, Señor, tu misericordia.»Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo.
    Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
    R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

    La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
    R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

    Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto.
    La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
    R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

  • Segunda Lectura: Romanos 9, 1-5
    «Hasta quisiera verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos»Hermanos:
    Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.
    Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenece la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.
  • Evangelio: Mateo 14, 22-33
    «Mándame ir hacia Ti andando sobre el agua»Después que se sació la gente Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba Él solo allí.
    Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
    Jesús les dijo:
    «¡Ánimo, soy Yo, no tengan miedo!»
    Pedro le contestó:
    «Señor, si eres Tú, mándame ir hacia Ti andando sobre el agua».
    Él le dijo:
    «Ven».
    Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
    «¡Señor, sálvame!»
    Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
    «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
    En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Jesús diciendo:
    «Realmente eres el Hijo de Dios».


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Homilía domingo 18º t.o. Ciclo A. Domingo 3º de agosto 2011

Uno de los pilares fundamentales de la tarea de la iglesia, de lo que llamamos “acción evangelizadora” es la caridad entendida como servicio y ayuda al prójimo. Sin ella, sin la caridad, la faltaría algo constitutivo a la misma Iglesia. A veces a la caridad se la ha disfrazado de una compasión mal entendida por estar alejada de una vivencia comprometida de la fe, otras se ha visto como eso que llamamos “tranquiliza conciencias”. Había personas que “hacían caridad” para ocultar otros problemas o incluso injusticias.

La acción caritativa es la puesta en práctica, es llevar a la vida real el mandamiento del “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Todos sabemos que en el mundo nuestro hay personas que no tienen que comer. Y también sabemos que una de las instituciones que más ha privilegiado eso de “dar de comer al hambriento” ha sido y esla Iglesia.Basta con leer el informe de Cáritas de estos últimos años para saber que, entre otras cosas, ha aumentado el número de personas que asisten a comedores dirigidos por instituciones religiosas y que subsisten gracias a la aportación generosa de mucha gente. Eso pocas veces sale en los medios de comunicación.

Esta tarea de la iglesia responde y siempre ha respondido a la frase de Jesús en el evangelio de hoy: “dadles vosotros de comer”. Muchas interpretaciones se han hecho del evangelio de hoy. Más que fijarnos en su interpretación hay que fijarse en la realidad que se narra. Allí donde no llegan los servicios públicos está la iglesia, y es la iglesia de la que todos formamos parte y con la que se colabora de diversas maneras.

“Dadles vosotros de comer” no se lo dice Jesús solo a los discípulos sino que se lo dice a la iglesia de siempre y nos lo están diciendo a nosotros. Es la manera de hacer que el evangelio siga siendo actual. El mensaje de Jesús no es antiguo, es real, es actual.

Las palabras de Isaías se viven cada día en nuestra sociedad. Hay personas, muchas, que comen sin pagar, de balde, porque otras muchas dan de lo que tienen, incluso de lo poco que tienen para que otros puedan llevarse algo a la boca. Hay que decir que esta situación no es deseable, pues lo normal sería que todos tuviesen trabajo digno, que nadie se aprovechase de nadie, que nadie robara o viviera a costa de los demás.

¿Por qué gastáis el dinero en lo que no alimenta? Son palabras de mucha actualidad. La sociedad de consumo desenfrenado hace que cada vez haya más pobres y más gente que pase hambre. Choca ver el dinero gastado en el cuidado del cuerpo mientras hay gente que pasa hambre. Choca ver el dinero que se invierte en cosas no necesarias mientras falta lo necesario a muchas personas. Choca ver la publicidad engañosa del buen vivir mientras hay familias que lo pasan mal.

“Dadles vosotros de comer” no lo olvidemos. Es un consejo que hoy nos da Jesús a nosotros. Hoy nos puede apartar de Jesús el desinterés, el mirar para otra parte, la falta de sensibilidad, en definitiva la falta de amor al prójimo hecho realidad en la acción caritativa de la iglesia a través de “dar de comer al hambriento”.

 


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Homilia Fiesta apóstol Santiago. 25 de julio 2011

Una vivencia recorre las tres lecturas de esta fiesta de Santiago apóstol. Esa vivencia es la del TESTIMONIO. Como cristianos se nos invita a ser testigos no de una idea, ni de una ideología, sino de una persona: Jesús de Nazaret Hijo de Dios y testigos de su mensaje: predicar el Reino de Dios.

En la primera lectura se nos dice que los “apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús”. Por ser testigos de Jesús sufren persecución, y el texto nos cuenta al final que “Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago”. El mensaje de Jesús choca muchas veces con la forma de pensar de los hombres: los hombres hablan de poder, Jesús habla de servicio y quien quiera seguirlo tiene que aceptar y vivir este mensaje. Los hombres hablan de leyes, de normas e incluso de esclavitud. Jesús habla de libertad “porque El es Señor del sábado”. Los hombres hablan de “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Jesús habla de la paz que brota del corazón que busca el bien de todos.

Los apóstoles vivieron este mensaje de servicio, de libertad y de paz. Por eso sufrían persecución. Por eso se les prohibía hablar de Jesús y de su mensaje. Apostar por ser servidores los unos de los otros, apostar por vivir en libertad, que es un regalo de Dios, y apostar por la paz no suele gustar a las autoridades, como en el caso de la primera lectura.

Este mensaje de Jesús, este ser testigos suyos “lo llevamos en vasijas de barro” nos dice el apóstol Pablo en la segunda lectura. Estas vasijas de barro somos nosotros que desde nuestra vida queremos ser testigos del mensaje de Jesús.  San Pablo nos anima diciendo que contamos con la fuerza de Dios. Esa fuerza es la fe en El, en su Hijo. Y desde la fe es desde donde podemos hablar. Hablar de servicio, de amor, de perdón, de justicia, de paz, de libertad. No hablamos de todo esto desde nuestra SOLA opinión, sino desde la fe en Jesús sabiendo que hablar a los demás del mensaje de Jesús puede traernos problemas, insultos, burlas. Lo que tiene que animarnos también es el testimonio de muchas personas que desde su vida, sea la que sea, edad, salud, profesión, nos están diciendo que su fe es una fe viva y comprometida.

En el evangelio vemos que no se trata de dar testimonio desde el poder, “estar sentados a la derecha y a la izquierda” sino desde el seguimiento de Jesús. Beber el cáliz es sinónimo de entregar la vida por los demás a ejemplo de Jesús. Beber el cáliz es servir como Jesús lo hizo. Beber el cáliz es saberse testigo de Jesús.

Santiago fue apóstol por ser testigo, por llevar una vida siguiendo a Jesús, por creer en El y por hablar de El a pesar de habérselo prohibido. Por todo esto Santiago también dio su vida por Jesús, por su mensaje, por su fe comprometida.

Este mensaje nos llega hoy a nosotros. Ser testigo de Jesús en el mundo actual es comprometerse a vivir la fe en Jesús que nos lleva a hablar, con la palabra y con la vida. Es comprometerse a servir a los demás, a vivir en la libertad de los hijos de Dios y a vivir la paz que Jesús nos trajo. Así seremos testigos, apóstoles de Jesús en el mundo actual.

 

 


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Lecturas de la misa – 18º Domingo del Tiempo Ordinario 31 de Julio de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 55, 1-3
    «Dense prisa y coman»Esto dice el Señor:
    «Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen leche y vino sin pagar.
    ¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta? Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a David».
  • Salmo Responsorial: 144
    «Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.»El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar.
    Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas.
    R. Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.

    A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo. Abres, Señor, tus manos, generosas y cuantos viven quedan satisfechos.
    R. Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.

    Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras.
    No está lejos de aquéllos que lo buscan; muy cerca está el Señor, de quien lo invoca.
    R. Abres, Señor, tu mano, y nos sacias de favores.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 35.37-39
    «Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo»Hermanos:
    ¿Quién podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones?
    ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?
    Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a Aquél que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
  • Evangelio: Mateo 14, 13-21
    «Comieron todos hasta quedar satisfechos»En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús a la muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle:
    «Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a las aldeas y compren algo de comer».
    Pero Jesús les replicó:
    «No hace falta que vayan; denles ustedes de comer».
    Ellos le replicaron:
    «No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados».
    El les dijo:
    «Tráiganmelos».
    Luego mandó que la gente se recostara en la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la mirada al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.


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Himilía domingo 17º t.o. Ciclo A. Domingo 24 de julio 2011

Vivimos en la sociedad de la comunicación. Recibimos tanta información, y a veces de forma tan reiterada, que además de seleccionarla la olvidamos rápidamente. Es más fácil quedarse con una frase, un slogan, una imagen que con un largo discurso que puede llegar a aburrirnos. Lo mismo sucede con documentos escritos. Esos largos documentos o discursos que caen en nuestras manos nos aburren y a menudo buscamos un resumen o nos quedamos con los titulares. Podríamos decir algo semejante con las homilías. Fácilmente dejamos de escuchar al sacerdote porque habla un lenguaje lejano a nuestras realidades, o  porque se enrolla de tal manera que perdemos el hilo de su “discurso”.

La comunicación en tiempos de Jesús era fundamentalmente oral. Pocas personas sabían leer y escribir, de ahí que Jesús prefiera dirigirse a la gente que le seguía y escuchaba con narraciones sencillas y, en su mayor parte, breves. Así resultaba más fácil comprenderlas y memorizarlas. Las parábolas que hoy hemos proclamado son cortas, fáciles de aprender y de entender. La manera de enseñar Jesús era con autoridad y no como la de los fariseos y escribas, sus discursos eran largos e incomprensibles.   

Para predicar sobre el Reino de Dios no hace falta largos discursos queriendo llegar a la inteligencia de las personas. Hace falta llegar al corazón con narraciones comprensibles y que partan de la vida. Un tesoro escondido, una perla de gran valor, una red repleta de peces, pertenecen a la vida de las personas.¡Quién no desea encontrar algo parecido!

Pero no hay que quedarse en el tesoro, la perla o la red, sino que estas realidades nos están señalando algo más, nos quieren llevar más lejos de lo que son. Jesús nos dice que estas realidades son un signo del Reino de Dios y que no basta solo con encontrarlas para guardarlas y quedarse con ellas, sino que estas realidades son ejemplo de lo que es y significa el Reino de Dios.

Cuando encontramos algo de gran valor lo guardamos “como oro en paño”, lo ponemos a salvo para que nadie nos lo robe, incluso hay gente que llega a ser esclavo de eso que ha encontrado. El Reino de Dios no nos pide ser esclavos de nadie ni siquiera de Dios, pero sí nos pide que si lo hemos encontrando, lo guardemos en nuestro corazón, sí, pero que hagamos a los demás partícipes de ese regalo.  El Reino de Dios se recibe con alegría, se vive con alegría y se comparte con alegría para que al conocerlo los demás, primero se animen a buscarlo en su interior y, después de encontrarlo, a mostrarse alegres y felices por haberlo encontrado.

Encuentran el Reino de Dios, es decir, el tesoro, la perla o la red repleta quienes tienen un corazón sencillo y sin doblez ante Dios y los demás. Quienes tienen un corazón dispuesto a trabajar por la vida, la paz, la justicia, la felicidad. Quienes tienen un corazón abierto para acoger a todos, sobre todo a aquellos que nadie quiere. De ahí que resulte difícil encontrar el Reino de Dios a quienes andan preocupados por sí mismos, por ganar dinero a toda costa, por ganar poder, prestigio. Para estos el Reino de Dios significa nada, porque les importa poco la vida, el hombre, la justicia….

El Reino de Dios es precisamente eso: acoger a Jesús y su mensaje con corazón sincero y alegre, vivir ese mensaje y transmitirlo a los demás desde una vida feliz, haciendo que los demás tengan también una vida feliz. ¡Ojalá que los discursos y documentos dela Iglesiay, me atrevería a decir las homilías, fuesen tan claros, sencillos y breves como las enseñanzas de Jesús!


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Lecturas de la misa – Domingo 24 de Julio 2011 – Dom. 17º T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: I Reyes 3, 5.7-12
    «Pediste sabiduría»En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo:
    «Salomón, pídeme lo que quieras, que yo te lo daré».
    Salomón le respondió:
    «Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo.
    Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal.
    Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?»
    Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo:
    «Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo».
  • Salmo Responsorial: 118
    «Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.»Dichoso el hombre de conducta intachable, que cumple la ley del Señor. Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Tú, Señor, has dado tus preceptos para que se observen exactamente. Ojalá que mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Favorece a tu siervo para que viva y observe tus palabras. Ábreme los ojos para ver las maravillas de tu voluntad.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

    Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.
    R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 28-30
    «Nos predestina para que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su Hijo»Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él, según su designio salvador.
    En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.
    A quienes predestina, los llama; a quienes los llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.
  • Evangelio: Mateo 13, 44-52
    «Vende cuanto tiene y compra aquel campo»En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
    El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
    El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces; cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados, ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?»
    Ellos le contestaron:
    «Sí».
    El les dijo:
    «Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas».


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Homilía domingo 16º t.o. Ciclo A. 17 de julio de 2011

Muchas veces nos encontramos con personas que quieren que las cosas se hagan YA. Sucede que cuando encargamos un trabajo a otra persona le solemos decir que lo queremos para “ayer mejor que para hoy”. Actuamos con prisas porque vivimos en una sociedad acelerada. No nos damos cuenta que las prisas no suelen ser buenas.

Las lecturas de hoy nos ofrecen pautas para actuar poniendo como modelo a Dios. El libro de la Sabiduríanos habla de un Dios que, a veces, no cuadra con nuestra manera de pensar. Se nos dice que Dios cuida de todo, que no juzga injustamente, que su poder es principio de justicia, que perdona a todos, que juzga con moderación y que gobierna con indulgencia.

Esta es una manera muy humana de presentarnos a Dios y que luego Jesús corrobora en el Evangelio. Habrá personas a las que estas frases del libro dela Sabiduríales resultarán lejanas, extrañas, porque esas cualidades que describe de Dios no son reales en la vida diaria. Sin embargo, podemos pensar, que esas cualidades que se atribuyen a Dios son un ejemplo de cómo debería ser el comportamiento humano, o una invitación a comportarnos con los demás como Dios es descrito en este texto. 

Ojalá que los hombres fuésemos capaces de cuidar los unos de los otros, de no juzgar injustamente, a lo que yo añadiría tanto por defecto como por exceso. Hoy hay personas que teniendo datos suficientes para ser juzgadas, se les exime de juicio por su posición social o se buscan subterfugios para liberarles. Hay a quienes teniendo datos se les juzga y se hace recaer el peso de la ley sobre ellos por su posición, digamos, no social.

Hoy el poder más que principio de justicia, resulta estar aliado con la justicia para favorecer al poderoso. El perdón que Dios otorga a todos no nos convence, porque Dios debería actuar según nuestros criterios de perdón. Juzgar con moderación y gobernar con indulgencia están lejos de la realidad que vivimos en el mundo actual. Por eso viene bien leer y releer este texto en las circunstancias actuales. Por último Dios invita al justo a ser humano y da lugar al arrepentimiento. He aquí todo un programa para aquel que quiera trabajar por el bien de los demás desde un puesto sea o no relevante.

El evangelio nos da una pauta para poder llevar actuar así. Esa pauta esla PACIENCIA.Lapaciencia como se nos dice en el evangelio consiste en esperar el tiempo oportuno para actuar. Más que arrasar con todo, hay que esperar. Más que destruir todo hay que tener y actuar con paciencia. El tiempo de la siega, el tiempo de saber diferenciar llega en su momento oportuno. El tiempo de la siega hace felices a las personas porque pueden distinguir lo que realmente vale de lo que hay que echar al fuego.

Juzgar, el poder, perdonar, gobernar no se puede hacer con prisas, ni avasallando a la gente, ni dejando pasar el tiempo para que sea el tiempo quien solucione el problema. Juzgar, el poder, perdonar, gobernar hay que hacerlo con paciencia para descubrir lo que merece la pena y lo que hay que “quemar”, que “destruir” porque va en detrimento de los hombres.

San Pablo nos da una clave a los cristianos: para poder hacer todo esto, aunque no  nos demos cuenta: el Espíritu que examina los corazones para que a la hora de juzgar, de tener poder, de perdonar y de gobernar se haga desde el respeto a la persona y a la vida, sin juzgar precipitadamente pero sin dilatar el tiempo innecesariamente. Ojalá sintamos el Espíritu en nuestras vidas que nos ayude a saber esperar y a saber actuar.


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Lecturas de la misa – Domingo 17 de Julio 2011 – Dom. 16º T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Sabiduría 12, 13.16-19
    «Al pecador le das tiempo para que se arrepienta»No hay más Dios que tú, Señor, que cuidas de todas las cosas. No hay nadie a quien tengas que rendirle cuentas de la justicia de tus sentencias. Tu poder es el fundamento de tu justicia, y por ser el Señor de todos, eres misericordioso con todos.
    Tú muestras tu fuerza a los que dudan de tu poder soberano y castigas a quienes, conociéndolo, te desafían. Siendo tú el dueño de la fuerza, juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza, porque tienes el poder y lo usas cuando quieres.
    Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta.
  • Salmo Responsorial: 85
    «Tú, Señor, eres bueno y clemente.»Puesto que eres, Señor, bueno y clemente, y todo amor con quien tu nombre invoca, escucha mi oración y a mi súplica da respuesta pronta.
    R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

    Señor, todos los pueblos vendrán para adorarte y darte gloria, pues sólo tú eres Dios, y tus obras, Señor, son portentosas.
    R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

    Dios entrañablemente compasivo, todo amor y lealtad, lento a la cólera, ten compasión de mí, pues clamo a ti, Señor, a toda hora.
    R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 26-27
    «El espíritu intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras»Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.
  • Evangelio: Mateo 13, 24-43
    «Déjenlos crecer juntos hasta la cosecha»En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la gente:
    «El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los trabajadores dormían, llego un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña. Entonces fueron los trabajadores a decirle al amo:
    “Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?”
    El amo les respondió:
    “De seguro lo hizo un enemigo mío”.
    Ellos le dijeron:
    “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”
    Pero él les respondió:
    “No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha, y cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero”».
    Luego les propuso esta otra parábola:
    «El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que uno siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas».
    Les dijo también otra parábola:
    «El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar».
    Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: “Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo”.
    Luego despidió a la gente y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron:
    «Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo».
    Jesús les contestó:
    « El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
    Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
    Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».


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Homilía domingo 15º t.o ciclo A. Domingo 10 de julio 2011

Vivimos en un mundo que espera algo mejor, que algunas cosas cambien para que las personas podamos vivir con dignidad. Cada época ha tenido sus pequeños o grandes momentos de cambio, de convulsiones e incluso de revoluciones. Podemos decir que cada época ha deseado renacer o recrearse, es decir volver a nacer o volver a crearse, por no encontrarse a gusto con lo que vive. El hombre es por una parte culpable de que las cosas sean como son y sigan como están y por otra parte el hombre desea cambios que ayuden al mundo a progresar.

Las lecturas de hoy van en la línea de renacer, de recrearse. Tomando la carta de san Pablo a los romanos, leemos: “la creación…está aguardando la plena manifestación,  ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno”, (por el hombre) y la creación espera verse liberada de la esclavitud.

San Pablo no puede ser más claro. A lo largo de la historia han surgido personas, grupos o movimientos, incluso hoy día, que han trabajado y deseado que la creación sea liberada de esa esclavitud. En unos casos ese deseo y trabajo ha surtido efecto y la creación, el hombre, ha conseguido logros que han mejorado la vida. En otros esos deseos y trabajos no han conseguido lo que se buscaba o han sido vencidos por quienes se oponían a esas mejoras.

Esos deseos de liberar la creación, de liberar al hombre de la esclavitud son la semilla que el sembrador, Dios, pone en el corazón de todo hombre de buena voluntad que anhela, busca y en algunos casos consigue, que la semilla de los frutos deseados y haga de este mundo un lugar más humano, más fraterno, más justo y libre.

Pero al igual que sucede con la semilla en la parábola, así sucede en el corazón de cada hombre. No todos recibimos esa semilla, ese deseo, de igual manera. No todos nos mostramos tan entusiastas con algunos cambios que habría que hacer en el mundo para que fuese un poco mejor. Nos resulta más fácil quedarnos como estamos y que las cosas sigan su curso. Tendríamos que abrir nuestros ojos y nuestro corazón a los profetas, a los verdaderos profetas, que nos invitan a salir de nuestra apatía y conformismo para hacer que la creación, que el hombre se vea liberado de esa esclavitud que habla san Pablo.

Hoy hay personas que reciben la semilla dela Palabrade Dios y la dejan morir precisamente por no abrir los ojos y el corazón y trabajar por la llegada del Reino de Dios que nos predicó Jesús. Hay personas que tan solo se conforman con hacer algo, a lo mejor con solo venir a misa pero sin nada más, para así cumplir con Dios pero olvidándose del prójimo. Y hay personas que se dan o que dan parte de su tiempo, el que puedan, por hacer que la creación, que el hombre se vea liberado.

La semilla que el sembrador siembra en nosotros recibe su abono, su lluvia y nieve para que no muera, para que no desaparezca comida por los pájaros o pisoteada por la gente. Esa lluvia, esa nieve es la ayuda que recibimos de Dios y que se manifiesta a través de los demás, de la oración, del trabajo a favor de otros y que hace que la creación, que el hombre llegue a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Hagamos que la lluvia empape la semilla y que de el ciento por ciento de fruto. Dejemos que la semilla sembrada por Dios en nuestro corazón, sea empapada por la lluvia dela Palabrade su Hijo y que el fruto sea la salvación, la redención y la liberación de nuestro cuerpo, es decir de todo hombre.


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Lecturas de la misa – Domingo 10 de Julio 2011 – Dom. 15º T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 55, 10-11
    «La Lluvia hará germinar la tierra»Esto dice el Señor:
    «Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión».
  • Salmo Responsorial: 64
    «Señor, danos siempre de tu agua.»Señor, tú cuidas de la tierra, la riegas y la colmas de riquezas. Las nubes del Señor van por los campos, rebosantes de agua, como acequias.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

    Tú preparas la tierra para el trigo: riega los surcos, aplanas los terrenos, reblandeces el suelo con la lluvia, bendices los renuevos.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

    Tú coronas el año con tus bienes, tus senderos derraman abundancia, están verdes los pastos del desierto, las colinas con flores adornadas.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

    Los prados se visten de rebaños, de trigales los valles se engalanan. Todo aclama al Señor. Todo le canta.
    R. Señor, danos siempre de tu agua.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 18-23
    «Toda la creación espera la revelación de la gloria de los hijos de Dios»Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios.
    La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por la voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
    Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice a plenitud nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.
  • Evangelio: Mateo 13, 1-23
    «Salió el sembrador a sembrar»Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del lago. Se reunió en torno suyo tanta gente, que tuvo que subirse a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:
    «Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron al borde del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; allí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando salió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga».
    Los discípulos se le acercaron y le preguntaron:
    «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»
    Jesús les respondió:
    «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aún eso poco se le quitará. Por eso les hablo por medio de parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: “Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve”.
    Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
    Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.
    A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron al borde del camino.
    Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
    Lo sembrado entre espinos representa a aquél que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto. En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta».