Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Homilia domingo 3º Pascua. 1º de mayo 2011

Deja un comentario

Jesús dice a los discípulos: “donde dos ó más están reunidos en mi nombre, estoy yo en medio de ellos”. Nosotros nos reunimos todos los domingos para celebrarla Eucaristía.  Tendríamos que preguntarnos, ¿sentimos la presencia de Jesús en medio de nosotros?  

Hoy Jesús nos invita a reconocer su presencia en medio de nosotros. En las lecturas tenemos los dos extremos. En el evangelio los discípulos están reunidos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En la primera lectura “los hermanos” no tenían miedo, “eran constantes en escuchar a los apóstoles, en la vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Dos realidades bien distintas y que reflejan lo que los cristianos vivimos a lo largo y ancho del mundo. En unos países los cristianos sufren persecución a causa de su fe, en otros pueden vivir su fe libremente. En las dos situaciones Jesús se hace presente en medio de ellos.

En el evangelio, en primer lugar, Jesús nos transmite un deseo: “paz a vosotros”. Este deseo es también una vivencia personal suya. La paz que él transmite es fruto y resumen de su mensaje. La paz que él desea es la paz de Dios Padre. Esa paz es más que la mera armonía del mundo, hombre y naturaleza. Es la paz que brota del corazón obediente a la voluntad del Padre. Jesús vivió esa paz por su obediencia filial. Pero esa paz le llevaba a denunciar las falsas paces que construimos los hombres y que basamos en el dominio de unos sobre otros.

La voluntad de Dios se centra en el respeto a la vida, al hombre, a la dignidad que El mismo ha conferido al hombre. Se centra en la no explotación de nadie, en la confianza mutua sin recelos, en el no engaño. La paz verdadera se dará cuando el hombre sea capaz de adorar a Dios en espíritu y verdad, sin tener más reglas que el amor.

En segundo lugar hay una transmisión de un poder. Pero no de un poder para oprimir sino para liberar, para perdonar. Jesús exhala su aliento, al igual que hizo enla Cruz, para entregar a los discípulos ese poder, recibido del Padre y que es servicio de perdonar. El poder de perdonar se ha recibido gratis, hay que darlo gratis. Al ser un poder que libera, hay que usarlo para liberar. Cuando Jesús perdonaba, liberaba a la persona de la opresión, de la enfermedad. Cuando nosotros perdonamos en nombre de Jesús seguimos su ejemplo de liberar, de curar, de devolver la dignidad. Así también se construye la paz que él nos trajo.

Y en tercer lugar ante el deseo de paz y la transmisión del poder de perdonar se nos pide la fe. “Señor mío y Dios mío” dice Tomás. Este acto de fe en Jesús debería ser un acto personal de cada uno de nosotros. Fe en el Señor de la paz y en el Señor que nos da poder de perdonar. Estas tres realidades: paz, perdón y fe son tres columnas de la iglesia primitiva y ¡ojalá! lo sean de nuestra iglesia actual. La paz y el perdón son encargos del Señor a quienes quieren seguirle. La fe es la respuesta a la puesta en práctica de la paz y del perdón. Que nuestra comunidad parroquial viva y trabaje por la paz, sea portadora y elemento de perdón y manifieste su fe en nuestro mundo actual.

Avatar de Desconocido

Autor: Lucio Bezana

Lucio Bezana, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

Deja un comentario