Hace un par de días paseando por el parque del Retito oí que un señor le decía a otro: “oye, con un poco de agua y mucha luz…¡mira cómo se han puesto los árboles! Y el otro le contestó: “donde hay agua y luz… hay vida”. Este comentario me gustó y me hizo pensar en los evangelios de estos domingos pasados.
El tercer domingo leíamos el pasaje de Jesús con la samaritana. El centro del pasaje es Jesús, agua viva. El domingo pasado, cuarto de Cuaresma, leíamos el texto del ciego de nacimiento. El ciego se encuentra con Cristo, recobra la vista y confiesa su fe en Jesús luz verdadera que alumbra a todo hombre.
Hoy, domingo quinto, leemos la resurrección de Lázaro. Jesús se define diciendo: “Yo soy la resurrección y la vida”. Siguiendo la lógica de los dos señores, podemos decir que si donde hay agua y luz…hay vida, Jesús que es el agua viva y es la luz verdadera, allí donde está El…hay vida. Jesús que es la vida, se la transmite a Lázaro.
Me voy a fijar en tres aspectos del evangelio. El primero es que la enfermedad de Lázaro “servirá para la gloria de Dios”. En el evangelio de Juan, Jesús está siempre volcado en su relación con el Padre y en hacer que esa relación sea conocida por todos.
Esta relación íntima de Jesús con el Padre es el centro de su vida y su actividad. De ahí que lo que realmente preocupe a Jesús, no es tanto lo que El hace cuanto que lo que El hace lleve a los hombres a reconocer a Dios y su amor por los hombres.
La gloria de Dios es la vida del hombre y la vida en plenitud. Lázaro había gozado de la vida, pero es Jesús, quien le da la vida verdadera, resucitándole. Y esa nueva vida es fruto del amor. “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” nos dice el evangelista, y más abajo pone en boca de los judíos: “¡Cómo le quería!”. Ese amor es el amor de Dios que nos da la vida y que nos la ha transmitido por medio de su Hijo querido.
En segundo lugar está la fe. Parte del texto es un diálogo sobre la fe en la vida nueva que nos da Jesús. Marta, más que confesar su fe en la vida, confiesa la fe en quien verdaderamente nos da la vida y es la vida para nosotros. “Creo que tú eres el Hijo de Dios”. La fe pasa desapercibida para los judíos, que tan solo caen en la cuenta del cariño de Jesús por Lázaro. Les falta dar el paso a la fe. Hay personas que se quedan en lo superficial y no dan el paso de la fe. Marta lo dio y es un ejemplo para nosotros. Su fe en Jesús la lleva a confiar en El, en lo que Jesús nos ha traído, que es la vida, y en lo que Jesús hará por su hermano: darle una nueva vida.
El tercer paso es que la verdadera vida que Jesús nos da de parte de Dios es libertad.“Desatadlo y dejadlo andar”, del final del texto es la mejor manera de decirnos Jesús a cada uno de nosotros que la vida es libertad. Nada ni nadie tiene que detenernos porque la vida que Dios nos ha dado es un don que hay que agradecerle a El y que la mejor manera de agradecérselo es vivirla y vivirla en libertad. Jesús al resucitar a Lázaro, al darle nueva vida, le libera definitivamente de todo lo que le ata. Ya ni siquiera la muerte puede atarnos, como tampoco le ató a El cuando resucitó. “Dejadlo andar” es la manera de decirnos: nada te impide vivir y vivir como Dios te ha creado, libre.
Jesús es el agua que sacia nuestra sed, es la luz que alumbra y es la vida que nos desata y nos deja andar en libertad como El lo hizo.
