HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A
El evangelio de este domingo, leído en su totalidad, es una catequesis bautismal. Pero también puede ser leído e interpretado desde la tema de la fe y eso es lo que voy a intentar transmitir con estas palabras. Además el tema de la fe lo voy a unir a la figura, para mí tan importante, del Beato Guillermo José Chaminade, fundador de la Familia Marianista, cuyo 250 aniversario de su nacimiento celebramos estos días y a lo largo de este año.
La fe se desarrolla, entre otros, en tres pasos que vemos desarrollados en el evangelio y en la vida del Beato Chaminade. En el primer paso la fe nos ayuda a ver las obras de Dios. La respuesta de Jesús a los discípulos es asimismo una respuesta para cada uno de nosotros: la fe nos ayuda a ver la manifestación de las obras de Dios. La gran manifestación de Dios y de su obra la tenemos en su Hijo Jesús y también en nosotros, sus criaturas.
Para ver las obras de Dios en la vida hace falta la fe. Si nos quedamos con la sola mirada de los ojos, nuestra visión de la vida y de los acontecimientos se queda coja. Si a la mirada de los ojos la acompañamos con la mirada del corazón, es decir, de la fe, nuestra visión se enriquece y nos acerca más a Dios. Del Beato Chaminade podemos decir que “vivió de la fe” y vio las obras de Dios en su vida. Su misión apostólica durante la Revolución francesa puso en peligro su vida. Pero él quería llevar a Dios a los demás. Su destierro en Zaragoza lo vivió desde la fe en Dios. Su vuelta a Burdeos fue para él “una manifestación de las obras de Dios”, pues allí fue donde además de predicar el evangelio a los jóvenes, puso los cimientos para que otros vivieran la fe ya sea en el estado laical o en la vida religiosa.
En el segundo paso la fe nos ayuda a caminar como hijos de la luz. El ciego quería ver, pero no solo ver sino llegar a ver la luz. No se imaginaba que se iba a encontrar con Jesús, “luz del mundo”. Pasa de estar ciego, de no tener fe, a ver y confesar su fe en Jesús. Pasa de no tener luz que le guíe a encontrarse con la verdadera luz. El ciego termina confesando: “creo, Señor” (v.38). Su fe en Jesús le ayuda a ver la luz.
El Beato Chaminade nos dejó uno de sus lemas favoritos: “fuertes en la fe”. El estaba convencido que quienes quisieran seguir su carisma, el carisma marianista, tenían que ser fuertes en la fe y ayudar a otros a caminar como hijos de la luz que es Cristo que es lo mismo que caminar guiados por la fe. El quería formar comunidades de fe que ayudaran a otros a caminar a la luz de la fe.
Y en el tercer paso la fe nos ayuda a ser testigos. La confesión de fe del ciego le convierte en testigo de Jesús. Su vida ha cambiado. Ya no es el que estaba sentado mendigando. Ahora puesto en pie se convierte en testigo de Jesús
El Beato Chaminade experimentó en su vida lo que se significaba ser testigo de Jesús. Al ser perseguido, se convirtió en testigo. Al venir a Zaragoza dio testimonio de su fe ante la Virgen del Pilar. Al regresar a Burdeos su testimonio de fe atrajo a muchos a seguir a Jesús por medio de él.
El ciego del evangelio y el Beato Chaminade nos dejan todo un itinerario para seguir a Jesús y vivir la fe: viendo cada día las obras de Dios, caminando como hijos de la luz y siendo testigos de la fe que profesamos en Jesús.
