Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


Deja un comentario

Lecturas misa Domingo 10 de Abril 2011 – 5º Dom. Cuaresma

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Ezequiel 37, 12-14
    «Les infundiré mi espíritu y vivirán»Esto dice el Señor Dios:
    «Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes sabrán que yo soy el Señor: les infundiré mi espíritu y vivirán; los estableceré en su tierra y sabrán que yo el Señor, lo digo y lo hago».
    Oráculo del Señor.
  • Salmo Responsorial: 129
    «Perdónanos, Señor, y viviremos.»Desde el abismo de mis pecados clamo a ti, Señor; escucha mi clamor; estén atentos tus oídos a mi voz suplicante.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

    Si conservaras el recuerdo de las culpas, Señor, ¿quién habría que se salvara? Pero de ti procede el perdón, por eso con amor te veneramos.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

    Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su Palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

    Porque del Señor viene la misericordia, la abundancia de la redención; y él redimirá a su pueblo de todas sus iniquidades.
    R. Perdónanos, Señor, y viviremos.

  • Segunda Lectura: Romanos 8, 8-11
    «El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes»Hermanos: Los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita en ustedes.
    Quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios.
    Si el Espíritu del Padre que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos dará vida también a sus cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en ustedes.
  • Evangelio: Juan 11, 1-45
    «Yo soy la resurrección y la vida»En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron decir a Jesús:
    «Señor, tu amigo está enfermo».
    Al oírlo dijo Jesús:
    «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
    Por eso Jesús, que amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro, al enterarse de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días donde se hallaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:
    «Vamos otra vez a Judea».
    Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
    «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
    Jesús le dijo:
    «Tu hermano resucitará».
    Marta respondió:
    «Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día».
    Jesús le dice:
    «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
    Ella le contestó:
    «Sí, Señor: creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
    Jesús, muy conmovido, preguntó:
    «¿Dónde lo han enterrado?»
    Le contestaron:
    «Señor, ven a verlo».
    Jesús se echó a llorar y los judíos comentaban:
    «¡Cómo lo quería!»
    Pero algunos dijeron:
    «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»
    Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba que era una cueva cubierta con una losa.
    Dijo Jesús:
    «Quiten la losa».
    Marta, la hermana del muerto, le dijo:
    «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días».
    Jesús le dijo:
    «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»
    Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
    «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado».
    Y dicho esto, gritó con voz potente:
    «¡Lázaro, ven afuera!»
    Y el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
    Jesús les dijo:
    «Desátenlo y déjenlo andar».
    Y muchos judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.


Deja un comentario

2ª HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A – 3 Abril 2011

HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A

El evangelio de este domingo es una catequesis bautismal y una manera sencilla de abrirse a la fe descubriendo poco a poco a Jesús. El proceso que vive el ciego del evangelio es el proceso que viven muchas personas, o tal vez hemos vivido nosotros a lo largo de nuestra historia personal. Más que encontrarse con Jesús de repente y de una vez por todas, el encuentro entre Jesús y cada uno de nosotros está marcado por diferentes pasos.

El primer paso está  marcado por la ceguera que nos impide ver las obras de Dios. A veces estamos tan ciegos que no vemos lo que Dios ha hecho con cada uno de nosotros. Siempre hay alguien que nos ayuda a descubrir la acción de Dios en nuestras vidas. Personas, acontecimientos, encuentros, como el de la semana pasada de Jesús con la samaritana, nos ayudan a descubrir, a ver las obras de Dios. Otras veces estamos tan ciegos que tenemos que preguntar como los discípulos a Jesús: ¿por qué no veo yo lo que Dios hace a favor de los demás?.

Para ver las obras de Dios en la vida hace falta la fe. Si nos quedamos con la sola mirada de los ojos, nuestra visión de la vida y de los acontecimientos se queda coja. Si a la mirada de los ojos acompañamos la mirada del corazón, es decir, de la fe, nuestra visión se enriquece y nos acerca más a Dios.  La fe es un don que Dios nos da, pero también es una respuesta que nosotros damos a Dios. El nos da gratis la fe. Nosotros, también gratuitamente, creemos en Dios.

En el segundo paso la fe, que va haciendo que desaparezca la ceguera, nos ayuda a caminar como hijos de la luz. El ciego quería ver, pero no solo ver físicamente sino llegar a ver la luz. No se imaginaba que se iba a encontrar con Jesús, “luz del mundo”. Pasa de estar ciego de no ver, de no tener fe, a ver y confesar su fe en Jesús. Pasa de no tener luz que le guíe a encontrarse con la verdadera luz. El ciego termina confesando: “creo, Señor” (v.38). Su fe en Jesús le ayuda a ver la luz.

En nuestra vida personal necesitamos eliminar la ceguera que nos impide encontrarnos con Jesús y caminar siguiéndole a El. Al ciego del evangelio se le piden muchas explicaciones, se molesta a los padres que tienen miedo de confesar que el ciego es su hijo, el mismo ciego da una y otra vez la misma explicación. Tal vez a nosotros nos puede suceder algo parecido. Nos puede dar miedo confesar a Jesús, nos puede dar miedo tener que dar explicaciones de por qué creemos, nos refugiamos en respuestas vagas para no comprometernos y que nos dejen en paz.

Y en el tercer paso la fe nos hace ser testigos. La confesión de fe del ciego le convierte en testigo de Jesús. Su vida ha cambiado. Ya no es el que estaba sentado mendigando. Ahora puesto en pie se convierte en testigo de Jesús   Ya no tiene miedo a confesar que Jesús es no solo el que le ha devuelto la vista, sino que es el camino a seguir, la luz que alumbra su vida. Su ser testigo le lleva a enfrentarse con los que no solo dudan sino que ponen objeciones a su curación, es decir a su vida de fe, y objeciones a Jesús como luz del mundo.

Algo parecido nos puede pasar a nosotros. En un primer momento no nos resulta fácil ser testigos. Ser testigos de Jesús es un verdadero compromiso elegido libremente. Este compromiso nos llevará a enfrentarnos con los criterios del mundo, del poder, de violencia, de opresión. Habrá quien se sienta molesto por nuestro seguimiento de Jesús, pero mejor será eso que no pasar desapercibidos por miedo al qué dirán.

Termino con unas palabras refiriendo este proceso al Beato Chaminade. El desde la fe supo ver las obras de Dios aún viviendo momentos duros y difíciles, como verse perseguido por confesar a Jesús. La fe fue la que marcó su camino para seguir a Jesús, hecho hijo de María, y desde la fe se convirtió en testigo de Jesús. A nosotros los que formamos la familia marianista nos deja un ejemplo de fe vivida desde el corazón y desde la entrega a Dios y a los demás.


Deja un comentario

HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A – 3 Abril 2011

HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A

El evangelio de este domingo, leído en su totalidad, es una catequesis bautismal. Pero también puede ser leído e interpretado desde la tema de la fe y eso es lo que voy a intentar transmitir con estas palabras. Además el tema de la fe lo voy a unir a la figura, para mí tan importante, del Beato Guillermo José Chaminade, fundador de la Familia Marianista, cuyo 250 aniversario de su nacimiento celebramos estos días y a lo largo de este año.

La fe se desarrolla, entre otros, en tres pasos que vemos desarrollados en el evangelio y en la vida del Beato Chaminade. En el primer paso la fe nos ayuda a ver las obras de Dios. La respuesta de Jesús a los discípulos es asimismo una respuesta para cada uno de nosotros: la fe nos ayuda a ver la manifestación de las obras de Dios. La gran manifestación de Dios y de su obra la tenemos en su Hijo Jesús y también en nosotros, sus criaturas.

 

Para ver las obras de Dios en la vida hace falta la fe. Si nos quedamos con la sola mirada de los ojos, nuestra visión de la vida y de los acontecimientos se queda coja. Si a la mirada de los ojos la acompañamos con la mirada del corazón, es decir, de la fe, nuestra visión se enriquece y nos acerca más a Dios. Del Beato Chaminade podemos decir que “vivió de la fe” y vio las obras de Dios en su vida. Su misión apostólica durante la Revolución francesa puso en peligro su vida. Pero él quería llevar a Dios a los demás. Su destierro en Zaragoza lo vivió desde la fe en Dios. Su vuelta a Burdeos fue para él “una manifestación de las obras de Dios”, pues allí fue donde además de predicar el evangelio a los jóvenes, puso los cimientos para que otros vivieran la fe ya sea en el estado laical o en la vida religiosa.

En el segundo paso la fe nos ayuda a caminar como hijos de la luz. El ciego quería ver, pero no solo ver sino llegar a ver la luz. No se imaginaba que se iba a encontrar con Jesús, “luz del mundo”. Pasa de estar ciego, de no tener fe, a ver y confesar su fe en Jesús. Pasa de no tener luz que le guíe a encontrarse con la verdadera luz. El ciego termina confesando: “creo, Señor” (v.38). Su fe en Jesús le ayuda a ver la luz.

El Beato Chaminade nos dejó uno de sus lemas favoritos: “fuertes en la fe”. El estaba convencido que quienes quisieran seguir su carisma, el carisma marianista, tenían que ser fuertes en la fe y ayudar a otros a caminar como hijos de la luz que es Cristo que es lo mismo que caminar guiados por la fe. El quería formar comunidades de fe que ayudaran a otros a caminar a la luz de la fe.

Y en el tercer paso la fe nos ayuda a ser testigos. La confesión de fe del ciego le convierte en testigo de Jesús. Su vida ha cambiado. Ya no es el que estaba sentado mendigando. Ahora puesto en pie se convierte en testigo de Jesús

El Beato Chaminade experimentó en su vida lo que se significaba ser testigo de Jesús. Al ser perseguido, se convirtió en testigo. Al venir a Zaragoza dio testimonio de su fe ante la Virgen del Pilar. Al regresar a Burdeos su testimonio de fe atrajo a muchos a seguir  a Jesús por medio de él.

El ciego del evangelio y el Beato Chaminade nos dejan todo un itinerario para seguir a Jesús y vivir la fe: viendo cada día las obras de Dios, caminando como hijos de la luz y siendo testigos de la fe que profesamos en Jesús.