HOMILIA domingo 9º t.o. ciclo A
El domingo pasado hablaba acerca de nuestras preocupaciones. Al final del evangelio Jesús nos señalaba la preocupación principal: “buscad el Reino de Dios y su justicia”. Y añadía algo que tiene su importancia: “lo demás se os dará por añadidura”.
Se supone que las personas y las instituciones buscamos progresar a nivel humano o institucional. A este progreso lo llamamos madurez y para llegar a ella hay que pasar varias etapas. Estas etapas no están exentas de momentos difíciles, pero ayudan a lograr esa madurez. Para madurar buscamos apoyos. Apoyos que dan sentido a nuestra vida, a nuestra forma de pensar, de enjuiciar, de aceptar lo bueno y lo malo que nos depara la vida misma. Dentro de ese proceso los hay que como dice el evangelio, “edifican su casa sobre arena”, o como dice la primera lectura “se desvían del camino que marca el Señor”.
Estas dos frases, del evangelio y de la primera lectura, se pueden aplicar a cualquier persona o institución que fundamentalmente no respeta la vida, desde su inicio hasta el final, o no respeta a la persona. Al respeto a la vida y a la persona van unidas la búsqueda de la verdad, el fomento y la educación para la libertad, la justicia y la paz.
Cuando este respeto, cuando esta búsqueda se supedita al beneficio personal o de una institución, vemos lo que pasa. Lo estamos viendo en nuestro país y fuera de él, ahora en los países árabes. Desgraciadamente encontramos a menudo personas que edifican sobre arena. Su madurez, su firmeza la basan en pensar en sí mismos aprovechándose de los demás. Su final no suele ser muy bueno, que digamos.
Por otra parte los hay que “edifican su casa sobre roca” o que “escuchan los preceptos del Señor”. Por seguir con el mismo discurso habrá que decir que estos son aquellos que respetan la vida, la persona, la verdad que hay en todos, la libertad, la justicia, la paz. El domingo pasado decía que la única preocupación de Dios es su criatura, es decir cada uno de nosotros
“Escuchar los preceptos del Señor” y “edificar sobre roca” ayuda a la persona y a las instituciones a madurar, a progresar, a saber que el verdadero bien de todos está en compartir los bienes de la tierra, en buscar el mejor equilibrio posible para que todos los pueblos puedan vivir y vivir con dignidad, en controlar a quienes tienen poder para que no abusen de él buscando el bien propio.
Quien desde su corazón diga: “Señor, Señor”, ha de decirlo desde el respeto a la vida y a la persona, desde la búsqueda del bien común, en definitiva desde valores verdaderamente humanos y verdaderamente evangélicos. Lo demás “se dará por añadidura”. Nosotros tenemos un ejemplo en Jesús. Su vida estuvo edificada sobre la roca de la voluntad del Padre y sobre la escucha del precepto del Señor de poner el hombre por encima de todo.
Seamos hombres prudentes, edifiquemos nuestra vida sobra la roca del Jesús y de su mensaje. Esa prudencia a la que alude Jesús es la del hombre sensato y de buen juicio para quien la vida y la persona son lo más importante que Dios ha creado y que nos toca favorecer y cuidar. Así estaremos construyendo el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura.
