Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas domingo 23 Enero 2011 – 3º Dom. T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 8,23b-9,3
    «En Galilea de los paganos, el pueblo vio una luz grande» 

    Como el tiempo primero ultrajó a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así el postrero honró el camino del mar, allende el Jordán, el distrito de los gentiles.
    El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos.
    Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín.
    Porque el yugo que les pesaba y la barra que oprimía sus hombros, la vara de su tirano, has roto, como el día de Madián.

  • Salmo Responsorial: 26
    «El Señor es mi luz y mi salvación.» 

    El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

    Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy.
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

    No rechaces con cólera a tu siervo, tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío.
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

    La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Armate de valor y fortaleza y en el Señor confía.
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

  • Segunda Lectura: I Corintios 1, 10-13.17
    «Que no haya divisiones entre ustedes»Hermanos: Los exhorto en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que vivan en concordia para que no haya divisiones entre ustedes. Estén perfectamente unidos en un mismo sentir y pensar.
    Hermanos, me he enterado por algunos servidores de Cloe de que hay discordias entre ustedes. Les digo esto, porque andan divididos diciendo:
    «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo».
    ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados en nombre de Pablo? No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
  • Evangelio: Mateo 4, 12-23
    «Fue a Cafarnaún para que se cumpliese la profecía de Isaías»Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se fue a Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Sabulón y Neftalí; para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
    “Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; a los que vivían en tierra de sombras una luz les resplandeció.
    Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo”:
    «Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos».
    Pasando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado después Pedro, y a Andrés, los cuales estaban echando las redes en el lago, porque eran pescadores. Jesús les dijo:
    «Síganme y los haré pescadores de hombres».
    Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Pasando más adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca remendando las redes. Jesús los llamó también. Dejaron enseguida la barca y a su padre y lo siguieron.
    Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios, curando de toda enfermedad y dolencia a la gente.


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Homilía Domingo 16 Enero 2011 – 2º Dom. T.O.

HOMILÍA  “2º domingo t.o. Ciclo A.

Los pueblos suelen tener tradiciones que reciben guardan, respetan y viven. Y si se trata de tradiciones arraigadas las viven desde los más pequeños a los mayores. Esas tradiciones forman parte de la vida de las personas y las transmiten de padres a hijos.

En la iglesia también tenemos tradiciones. Unas son locales y otras universales. Las locales van unidas a las tradiciones populares. Las universales nos vienen del mismo Jesús o de la iglesia primitiva que ya las vivía y que las fue transmitiendo allí donde los apóstoles y sus sucesores fueron predicando el evangelio.  Hay tres de ellas que constituyen el fundamento de nuestra fe y son: el bautismo, la eucaristía y la muerte y resurrección de Jesús. 

Tarea de la iglesia y de los que la formamos es guardar, respetar, vivir y entregar a otros estas tradiciones que son el fundamento de nuestra fe. La palabra latina ”traditio” lleva en sí los dos significados: recibir y entregar. Nosotros, cristianos del siglo XXI, hemos recibido los fundamentos de nuestra fe y nos toca entregarlos a generaciones futuras.

¿Por qué digo todo esto? Por lo que nos dice Juan el Bautista al final del evangelio de hoy: “Y yo lo he visto y he dado testimonio”. Su misión no fue solamente bautizar a Jesús en el Jordán. Su misión principal fue la de convertirse en testigo y proclamar, como él mismo dice, lo que había visto. Había visto posarse sobre Jesús el Espíritu Santo. Y porque vio ese gesto de Dios, lo proclama, se convierte en testigo.

Juan Bautista es el primero que inicia la tradición más extraordinaria para todos nosotros. Posiblemente muchos otros también lo vieron, pero él se convierte en el primer testigo de una tradición que llega hasta nosotros y por la cual él dio su vida. “Conviene que Jesús crezca y yo mengüe” nos dice el mismo Bautista. El se da cuenta que su vida y su acción pasan a segundo término, pues ha aparecido ya el Mesías de Dios. La tradición se ha iniciado ya con su testimonio. A partir de ese momento muchos siguen a Jesús y dejan de seguir a Juan Bautista.

Nosotros, por nuestra parte, tenemos que ser conscientes que hemos recibido esa tradición que viene de Juan Bautista. Nosotros también podemos decir que hemos visto a Jesús. Cada cual tendrá que pensar, primero: ¿cuándo he visto a Jesús? Y segundo ¿cómo transmito a Jesús?

Es verdad que hemos recibido los fundamentos de la fe: bautismo, eucaristía y muerte y resurrección de Jesús. Cabe preguntarse: ¿los vivimos? ¿los guardamos en nuestro corazón? ¿los entregamos a los demás? Juan Bautista no se contentó que decir que lo había visto. Pasó a dar testimonio, según nos dice el evangelio de hoy. Nosotros los hemos recibido, seguro que los guardamos en el corazón, seguro que los vivimos, pero nos cuesta transmitirlo.

Convirtámonos en apóstoles, es decir en testigos con la palabra y la vida de lo que hemos visto, de lo que hemos recibido y de lo que vivimos, sabiendo que nos toca entregarlo a otros. Así continuaremos la tradición que hoy comienza con Juan Bautista.