HOMILIA “NAVIDAD” 2010
En la homilía de la misa del Gallo decía que una de las características del Dios en quien creemos es que no es el Dios del silencio, sino el Dios de la palabra y de la palabra compartida. No habla por medio de enigmas, de augurios, en medio de humos…no. Habla directamente, por medio de hombre y mujeres. Estos utilizan a veces un lenguaje poético, con imágenes bellas o duras…pero a través de su lenguaje anuncian la salvación. Y la salvación es la verdadera palabra de Dios y por así decir, la última palabra de Dios revelada en Jesucristo.
Todas las demás palabras acerca de Dios, incluso la que creamos más elevadas, incluso mis palabras, tienen que tener como referencia y centro a Jesucristo, Palabra o Verbo de Dios. Jesús nos ha revelado a Dios y lo ha hecho con la predicación de Reino de Dios, con las parábolas, con los milagros. Estas palabras y gestos humanos de Jesús nos muestran el verdadero rostro de Dios.
Hoy nosotros tenemos que tomar la palabra de Dios en un doble aspecto. Primero, ver la palabra de Dios encarnada, vivida, predicada por su Hijo Jesús. Segundo, nos toca a nosotros, si queremos seguir a Jesús, vivir actualizando la palabra de Dios. Actualizarla no es desencarnarla, no es espiritualizarla, no es tomarla al pie de la letra como si estuviéramos viviendo los tiempos de Jesús. Actualizarla es, por el contrario, llevarla a la vida, es comprometerse con ella, es predicarla con nuestra palabra y ejemplo. Para ello, repito una vez más, hay que leerla, conocerla, rezar con ella.
Cuando digo conocerla y rezar con ella quiero decir conocer y rezar con Jesús. No podemos vivir de la palabra de Dios si no la conocemos. No podemos llegar a Dios si no conocemos a Jesús, que es quien nos ha revelado al Padre, que es la palabra del Padre, que nos habla de lo que ha oído al Padre, como nos dice en el evangelio de san Juan.
Jesús, palabra de Dios, nos descubre el rostro de Dios. Cuando Jesús predicaba la gente sencilla se admiraba de las palabras que salían de su boca porque hablaba de un Dios distinto del que hablaban las autoridades religiosas. A veces me pregunto si no habrá personas que han dejado de creer en Dios, porque predicamos a un Dios distinto del que predicaba Jesús.
Como dice el evangelio, Jesús “es quien nos ha dado a conocer al Padre”. Y nos ha dado a conocer al Padre que El conoce, no a otro. Esa relación tan íntima que existía entre Jesús y su Padre es la que nos ha transmitido y la que ha hecho que podamos conocer al Dios y Padre de Jesús.
Que nuestro hablar de Dios a los demás tenga como referencia y centro a Jesús, la última y verdadera palabra del Padre. Que nuestra palabra sea para hacer a Dios un Dios más creíble porque nos apoyamos en Jesús, en sus palabras y en sus gestos que son en definitiva su pasión por el Reino de Dios.
