Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Domingo 26 de Diciembre 2010 – Sagrada Familia

LA SAGRADA FAMILIA: JESUS, MARIA Y JOSE

Domingo en la octava de Navidad
PRIMERA LECTURA

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Eclesiástico 3, 3-7. 14-17
    «El que teme al Señor, honra a sus padres»El Señor honra al padre en los hijos y respalda la autoridad de la madre sobre la prole. El que honra a su padre queda limpio de pecado; y acumula tesoros, el que respeta a su madre.
    Quien honra a su padre, encontrará alegría en sus hijos y su oración será escuchada; el que enaltece a su padre, tendrá larga vida y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre.
    Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes tristeza; aunque chochee, ten paciencia con él y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor. El bien hecho al padre no quedará en el olvido y se tomará a cuenta de tus pecados.
  • Salmo Responsorial: 127
    «Dichoso el que teme al Señor.»Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos: comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
    R. Dichoso el que teme al Señor.

    Su mujer, como vid fecunda en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo alrededor de su mesa.
    R. Dichoso el que teme al Señor.

    Esta es la bendición del hombre que teme al Señor: «Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida».
    R. Dichoso el que teme al Señor.

  • Segunda Lectura: Colosenses 3. 12-21
    «La vida de familia, de acuerdo con el Señor»Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todo estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.
    Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.
    Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñenze y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios padre, por medio de Cristo.
    Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, cono lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman.
  • Evangelio: Mateo 2,13-15.19-23
    «Toma al niño y a su madre y huye a Egipto.»

    Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo:
    «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
    José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: “De Egipto llamó a mi hijo”.
    Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo:
    «Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño».
    Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población Ilamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: “Se le llamará nazareno”.


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Homilía 25 de Diciembre 2010 – Navidad

HOMILIA “NAVIDAD” 2010

En la homilía de la misa del Gallo decía que una de las características del Dios en quien creemos es que no es el Dios del silencio, sino el Dios de la palabra y de la palabra compartida. No habla por medio de enigmas, de augurios, en medio de humos…no.  Habla directamente, por medio de hombre y mujeres. Estos utilizan a veces un lenguaje poético, con imágenes bellas o duras…pero a través de su lenguaje anuncian la salvación. Y la salvación es la verdadera palabra de Dios y por así decir, la última palabra de Dios revelada en Jesucristo.

Todas las demás palabras acerca de Dios, incluso la que creamos más elevadas, incluso mis palabras, tienen que tener como referencia y centro a Jesucristo, Palabra o Verbo de Dios. Jesús nos ha revelado a Dios y lo ha hecho con la predicación de Reino de Dios, con las parábolas, con los milagros. Estas palabras y gestos humanos de Jesús nos muestran el verdadero rostro de Dios.

Hoy nosotros tenemos que tomar la palabra de Dios en un doble aspecto. Primero, ver la palabra de Dios encarnada, vivida, predicada por su Hijo Jesús. Segundo, nos toca a nosotros, si queremos seguir a Jesús, vivir actualizando la palabra de Dios. Actualizarla no es desencarnarla, no es espiritualizarla, no es tomarla al pie de la letra como si estuviéramos viviendo los tiempos de Jesús. Actualizarla es, por el contrario,  llevarla a la vida, es comprometerse con ella, es predicarla con nuestra palabra y ejemplo. Para ello, repito una vez más, hay que leerla, conocerla, rezar con ella.

Cuando digo conocerla y rezar con ella quiero decir conocer y rezar con Jesús. No podemos vivir de la palabra de Dios si no la conocemos. No podemos llegar a Dios si no conocemos a Jesús, que es quien nos ha revelado al Padre, que es la palabra del Padre, que nos habla de lo que ha oído al Padre, como nos dice en el evangelio de san Juan.

Jesús, palabra de Dios, nos descubre el rostro de Dios. Cuando Jesús predicaba la gente sencilla se admiraba de las palabras que salían de su boca  porque hablaba de un Dios distinto del que hablaban las autoridades religiosas. A veces me pregunto si no habrá personas que han dejado de creer en Dios, porque predicamos a un Dios distinto del que predicaba Jesús.

Como dice el evangelio, Jesús “es quien nos ha dado a conocer al Padre”. Y nos ha dado a conocer al Padre que El conoce, no a otro. Esa relación tan íntima que existía entre Jesús y su Padre es la que nos ha transmitido y la que ha hecho que podamos conocer al Dios y Padre de Jesús.

Que nuestro hablar de Dios a los demás tenga como referencia y centro a Jesús, la última y verdadera palabra del Padre. Que nuestra palabra sea para hacer a Dios un Dios más creíble porque nos apoyamos en Jesús, en sus palabras y en sus gestos que son en definitiva su pasión por el Reino de Dios.


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Lecturas de la Misa 25 Diciembre 2010 – Navidad

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 52, 7-10
    «La tierra entera verá la salvación que viene de nuestro Dios»¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, al mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»
    Escucha: Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven con sus propios ojos al Señor que retorna a Sión.
    Porrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a su pueblo,
    consuela a Jerusalén. Descubre el Señor su santo brazo a la vista de todas las naciones. Verá la tierra entera la salvación que viene de nuestro Dios.
  • Salmo Responsorial: 97
    «Toda la tierra ha visto al Salvador.»Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
    R. Toda la tierra ha visto al Salvador.

    El Señor hadado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
    R. Toda la tierra ha visto al Salvador.

    La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor.
    R. Toda la tierra ha visto al Salvador.

  • Segunda Lectura: Hebreos 1, 1-6
    «Dios nos ha hablado por medio de tu Hijo»En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual se hizo el universo.
    El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa. El mismo, después de efectuar la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le corresponde.
    Porque, ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: “Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy?” ¿O de qué ángel dijo Dios: “Yo seré para él un Padre y él será para mí un Hijo?” Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios”.
  • Evangelio: Juan 1, 1-18
    «La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros»En el principio ya existía Aquél que es la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. El era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.
    Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar
    testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.
    Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En él mundo estaba; el mundo había sido hecho por el y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
    Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, sino que nacieron de Dios.
    Y Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
    Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
    «A éste me refería cuando dije: “El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo”».
    De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.