HOMILIA domingo 31º t.o. Ciclo C
En el evangelio de san Juan, Jesús dice: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. El evangelio de este domingo es una ratificación de esa frase de Jesús.
Vivimos en un mundo donde parece ser que estamos más interesados en rechazar, quitar de en medio, incluso en ignorar a quienes no piensan o no sienten como nosotros. Eso lo vemos en todos los niveles de la vida personal y social. Y el problema serio es que esa actitud la transmitimos a las generaciones jóvenes. El respeto por la vida y la dignidad propia y ajena nos es, a veces, indiferente.
El evangelio de hoy es una apuesta por la vida. Zaqueo, como publicano y rico que era, no era bien visto por sus conciudadanos, era objeto de odio por estar vendido a los romanos. Para muchos judíos Zaqueo era una persona, vamos a decir, sin vida. Y Zaqueo, por su parte, se aprovechaba de los judíos, cobrándoles más impuestos. Para él los judíos eran simplemente algo, no alguien, a quien robar y aprovecharse de ellos.
Zaqueo se entera que Jesús va a pasar por Jericó. Quiere verle por ser un personaje importante. Pero se encuentra con que es Jesús quien le busca a él. De querer ver a Jesús, se encuentra siendo buscado por él. En la Biblia hay numerosos textos donde Dios es quien busca al hombre y no al revés: busca a Adán en el paraíso, busca a Moisés en la zarza,… El evangelio nos dice, que “Jesús levantó los ojos”. Los levantó a propósito para provocar el encuentro. Por eso el encuentro de Jesús con Zaqueo no es casual. Jesús quiere dar vida a este hombre, lo quiere salvado, redimido.

En la primera lectura hemos leído “a todos perdonas…Señor, amigo de la vida”. Jesús es la vida y “amigo de la vida” y su encuentro con Zaqueo quiere ser eso: transmisión de vida. Zaqueo cae en la cuenta de que la vida no es aprovecharse de los demás, sino de devolver a los demás lo robado y más aún. Cae en la cuenta de que la vida es dejarse buscar por alguien que te quiere, que levanta los ojos para encontrarse contigo, que se hospeda en tu casa y que te ofrece el perdón como signo de vida y amor.
Muchas veces nosotros buscamos a Dios, aunque hoy vivimos en una sociedad cada vez más indiferente al encuentro con Dios. Y muchas veces, más que buscar a Dios, es Dios quien nos busca a nosotros. Dejémosle que sea El quien eleve los ojos, nos vea, y nos diga que quiere alojarse en nuestra casa. Hay una frase de una mujer francesa que dice: “Dios mío, si Tú estás en todas partes, ¿cómo es que yo siempre estoy en otro lugar?” (Madeleine Delbrel). Dios nos busca, sólo necesita que nosotros estemos en el lugar donde Él está.
Zaqueo recibe el amor de Dios por medio de Jesús y él manifiesta ese amor a los demás devolviéndoles lo robado y superando eso que ha robado, cuatro veces más. La salvación que dice Jesús que ha entrado en la casa de Zaqueo, es la misma vida.
Devolver la vida a una persona es salvarle. Salvar a una persona es darle vida. Eso es lo que Dios hace con nosotros, lo que Jesús ha hecho por todos los hombres: salvarnos y darnos vida, o al contrario, darnos vida salvándonos. Que a ejemplo de Zaqueo, nuestro encuentro con Dios, nos lleve al encuentro con los demás y a dar vida a los demás.
