Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Lecturas de la misa – Lunes 1 Noviembre 2010 – Todos los Santos

Todos los Santos 1 de Noviembre de 2010

Lecturas de la liturgia

Primera Lectura: Apocalípsis 7,2-4.9-14
«Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua» 

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.» Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.»

Y uno de los ancianos me dijo: «Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?» Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.» Él me respondió: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.»

 Salmo Responsorial: 23
«Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.» 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, / el orbe y todos sus habitantes: / él la fundó sobre los mares, / él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro? / El hombre de manos inocentes / y puro corazón, / que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, / le hará justicia el Dios de salvación. / Éste es el grupo que busca al Señor, / que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

 Segunda Lectura: I Juan 3,1-3
«Veremos a Dios tal cual es» 

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

 Evangelio: Mateo 5,1-12a
«Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»


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Homilía Domingo 31 de Octubre 2010 – dom. 31º t.o.

HOMILIA  domingo 31º t.o. Ciclo C

En el evangelio de san Juan, Jesús dice: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. El evangelio de este domingo es una ratificación de esa frase de Jesús.

Vivimos en un mundo donde parece ser que estamos más interesados en rechazar, quitar de en medio, incluso en ignorar a quienes no piensan o  no sienten como nosotros. Eso lo vemos en todos los niveles de la vida personal y social. Y el problema serio es que esa actitud la transmitimos a las generaciones jóvenes. El respeto por la vida y la dignidad propia y ajena nos es, a veces, indiferente.

El evangelio de hoy es una apuesta por la vida. Zaqueo, como publicano y rico que era, no era bien visto por sus conciudadanos, era objeto de odio por estar vendido a los romanos. Para muchos judíos Zaqueo era una persona, vamos a decir, sin vida. Y Zaqueo, por su parte, se aprovechaba de los judíos, cobrándoles más impuestos. Para él los judíos eran simplemente algo, no alguien, a quien robar y aprovecharse de ellos.

Zaqueo se entera que Jesús va a pasar por Jericó. Quiere verle por ser un personaje importante. Pero se encuentra con que es Jesús quien le busca a él. De querer ver a Jesús, se encuentra siendo buscado por él. En la Biblia hay numerosos textos donde Dios es quien busca al hombre y no al revés: busca a Adán en el paraíso, busca a Moisés en la zarza,… El evangelio nos dice, que “Jesús levantó los ojos”. Los levantó a propósito para provocar el encuentro. Por eso el encuentro de Jesús con Zaqueo no es casual. Jesús quiere dar vida a este hombre, lo quiere salvado, redimido.

En la primera lectura hemos leído “a todos perdonas…Señor, amigo de la vida”. Jesús es la vida y “amigo de la vida” y su encuentro con Zaqueo quiere ser eso: transmisión de vida. Zaqueo cae en la cuenta de que la vida no es aprovecharse de los demás, sino de devolver a los demás lo robado y más aún. Cae en la cuenta de que la vida es dejarse buscar por alguien que te quiere, que levanta los ojos para encontrarse contigo, que se hospeda en tu casa y que te ofrece el perdón como signo de vida y amor.

Muchas veces nosotros buscamos a Dios, aunque hoy vivimos en una sociedad cada vez más indiferente al encuentro con Dios. Y muchas veces, más que buscar a Dios, es Dios quien nos busca a nosotros. Dejémosle que sea El quien eleve los ojos, nos vea, y nos diga que quiere alojarse en nuestra casa. Hay una frase de una mujer francesa que dice: “Dios mío, si Tú estás en todas partes, ¿cómo es que yo siempre estoy en otro lugar?” (Madeleine Delbrel). Dios nos busca, sólo necesita que nosotros estemos en el lugar donde Él está.

Zaqueo recibe el amor de Dios por medio de Jesús y él manifiesta ese amor a los demás devolviéndoles lo robado y superando eso que ha robado, cuatro veces más. La salvación que dice Jesús que ha entrado en la casa de Zaqueo, es la misma vida.

Devolver la vida a una persona es salvarle. Salvar a una persona es darle vida. Eso es lo que Dios hace con nosotros, lo que Jesús ha hecho por todos los hombres: salvarnos y darnos vida, o al contrario, darnos vida salvándonos. Que a ejemplo de Zaqueo, nuestro encuentro con Dios, nos lleve al encuentro con los demás y a dar vida a los demás.