Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – Domingo 31 de Octubre 2010

Domingo 31º del T.O.

  • Primera Lectura: Sabiduría 11, 22-12,2
    «Te compadeces, Señor, de todos, porque amas a todos los seres» 

    Señor, el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra.

    Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan.

    Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.

    Y ¿cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido?

    ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado?

    Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

    Todos llevan tu soplo incorruptible.

    Por eso, corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

  • Salmo Responsorial: 144
    «Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.» 

    Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

    El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

    Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.

    El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R.

 

  • Segunda Lectura: II Tesalonicenses 1, 11-2, 2
    «Que Cristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él» 

    Hermanos: Pedimos continuamente a Dios que os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

    Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

  • Evangelio: Lucas 19, 1-10
    «El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido» 

    En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.

    Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

    Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

    Él bajo en seguida y lo recibió muy contento.

    Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

    Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

    Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán.

    Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.» 

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Homilía domingo 24 de Octubre 2010 – dom 30 de t.o. Ciclo C

HOMILIA domingo 30 de t.o. Ciclo C

Este domingo se nos habla también de la oración. Se nos pone como ejemplo la actitud de dos personas ante Dios. Y suele coincidir que la actitud que adoptamos ante Dios es semejante a la que adoptamos con las personas, o si queréis al revés, la actitud que adoptamos con las personas suele coincidir con la que adoptamos ante Dios.

A los fariseos les gustaban los primeros sitios, que les vieran en las plazas, que les saludaran por las calles…pues su actitud ante Dios es parecida. El fariseo ora como su vida de fariseo, erguido, delante, donde todos lo vean. Parece buena persona, pero hay una cosa que le pierde: se considera mejor que el publicano. De la misma manera que su relación con el publicano no es auténtica, sino de desprecio, su relación con Dios tampoco lo es: él que se cree justo, en un momento de intimidad con Dios, como es la oración, está pecando contra el hermano. Como no se reconoce pecador, no recibe el pedón. Hay personas que dicen no pecar…pueden ser semejantes al fariseo.

El publicano reza como publicano, como pecador. Se queda atrás, se golpea el pecho y pide humildemente perdón. Este reconocimiento de su condición de pecador hace que su situación cambie. Se reconoce pecador, pide perdón y recibe el perdón de Dios. El publicano vuelve a su casa transformado. Ha pedido y recibido el perdón.

La oración que hacemos suele ser reflejo de la vida y la vida se expresa en la oración. Ante Dios en la oración hay que situarse con realismo, tal y como somos, sin querer engañar ni engañarnos. Querer parecer mejores, hace que Dios no nos reconozca, hará que no pidamos perdón, que despreciemos a los demás, porque ante los demás queremos aparentar ser mejores. Dios conoce perfectamente nuestro ser, conoce cómo somos. Presentarse ante El aparentado otra cosa, solo nos lleva a engañarnos.

No es fácil conocerse a sí mismo, pero en cambio, resulta fácil compararse con los demás y creerse mejores o superiores a los otros. Y esto incluso en la vida normal, en las meras relaciones con los demás. En la vida diaria nuestras comparaciones con los otros suelen ser para decir ¡qué bueno soy yo! y ¡qué malos son los demás!. Por eso esta parábola viene bien no sólo para ver cómo es nuestra oración, sino también cómo son nuestras comparaciones con los demás.

Una palabra acerca del Domund.  El Papa nos anima no solo a rezar por la extensión del Evangelio sino también a apoyar a los misioneros económicamente. La crisis también está afectando a las misiones tradicionales. El lema de “queremos ver a Jesús” significa no solo predicarle sino también verlo en la vida de las personas, en la vida nuestra. No nos quedemos en decir que hay que predicar, hay también que dar trigo. Que así sea.