HOMILIA domingo 26º t.o. ciclo C
Después de leer el evangelio, quiero partir de la última frase para hacer un comentario.
La frase dice: “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. Así a simple vista es una frase más, pero creo que dice mucho más de lo que parece.
Se suele decir que el mundo de las ideas avanza más deprisa que las personas. Las ideas evolucionan o se renuevan o dejan paso a otras, que no me meto a decir si son mejores o peores. Las personas somos más lentos para cambiar, para evolucionar. Normalmente nos gusta mantenernos en nuestras propias ideas, nos mostramos precavidos ante lo nuevo, hay gente que se asusta cuando se encuentra con algo nuevo y prefiere quedarse con lo suyo.
Las personas evolucionan en el terreno profesional. Pero hay personas que en el terreno de la fe, les cuesta abrirse a la novedad del Evangelio, a la novedad de una vida y una espiritualidad centrada en Cristo, a la novedad del Evangelio que llama al servicio a los demás.
Ahí es donde yo veo el sentido de la frase: “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. ¿Por qué? Por que algunas personas para abrirse de nuevo al Evangelio, necesitan un signo, piden un signo para cambiar. Yo creo que viene bien las palabras de San Pablo en la primera carta a los Corintios ( 2, 22-23): “los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”.
Hoy hay personas demasiado ancladas en sus ideas, en sus posturas, en sus ideologías, por ello se sigue dando, y creo que a ello contribuimos todos de una manera o de otra, esa gran diferencia entre los que tienen y los que no tienen. El rico del evangelio no renuncia a banquetear cada día aún a sabiendas que a su puerta había un mendigo. Hoy sigue habiendo personas que no quieren renunciar a nada, que siguen derrochando y malgastando este mundo, aun sabiendo que a sus puertas hay gente que pasa necesidad. El rico, estando en el infierno, pide que envíen un signo a su familia. La respuesta es bien clara: tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. Hoy también hay gente que pide signos para cambiar…pero aún viéndolos, no cambian.
Nosotros tenemos el Evangelio que es el que nos tiene que sacar de nuestras posturas cerradas para darnos cuenta que hay que abrirse a las necesidades de los demás. Hoy hay personas que la ayuda que piden es la de acompañarles, la de escucharles, la de estar un rato con ellos, la de compartir algo de lo que tengamos.
Mirando al Evangelio, mirando a Jesús, practicaremos la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza que dice San Pablo a Timoteo. Mirando al Evangelio, mirando a Jesús no necesitaremos más signos, no pediremos más signos. El signo que se nos ha dado y que de verdad puede cambiar nuestro corazón es Jesús.
