Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – Domingo 3 de Octubre 2010

Domingo 27º del T.O.

  • Primera Lectura: Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4
    «El justo vivirá por su fe» 

    ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?

    ¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves?

    ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?

    El Señor me respondió así: «Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido.

    La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará;

    si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse.

    El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.»

  • Salmo Responsorial: 94
    «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»» 

    Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

    Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

    Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.

  • Segunda Lectura: II Timoteo 1, 6-8. 13-14
    «No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor» 

    Querido hermano:

    Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.

    No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero.

    Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.

    Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús.

    Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

  • Evangelio: Lucas 17, 5-10
    «¡Si tuvierais fe … !» 

    En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar.» Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»»


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Homilía domingo 26 de Septiembre 2010 – 26º t.o.

HOMILIA domingo 26º t.o. ciclo C

Después de leer el evangelio, quiero partir de la última frase para hacer un comentario.

La frase dice: “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. Así a simple vista es una frase más, pero creo que dice mucho más de lo que parece.

Se suele decir que el mundo de las ideas avanza más deprisa que las personas. Las ideas evolucionan o se renuevan o dejan paso a otras, que no me meto a decir si son mejores o peores. Las personas somos más lentos para cambiar, para evolucionar. Normalmente nos gusta mantenernos en nuestras propias ideas, nos mostramos precavidos ante lo nuevo, hay gente que se asusta cuando se encuentra con algo nuevo y prefiere quedarse con lo suyo.

Las personas evolucionan en el terreno profesional. Pero hay personas que en el terreno de la fe, les cuesta abrirse a la novedad del Evangelio, a la novedad de una vida y una espiritualidad centrada en Cristo, a la novedad del Evangelio que llama al servicio a los demás.

Ahí es donde yo veo el sentido de la frase: “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. ¿Por qué?  Por que algunas personas para abrirse de nuevo al Evangelio, necesitan un signo, piden un signo para cambiar. Yo creo que viene bien las palabras de San Pablo en la primera carta a los Corintios ( 2, 22-23): “los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”.

Hoy  hay personas demasiado ancladas en sus ideas, en sus posturas, en sus ideologías, por ello se sigue dando, y creo que a ello contribuimos todos de una manera o de otra, esa gran diferencia entre los que tienen y los que no tienen. El rico del evangelio no renuncia a banquetear cada día aún a sabiendas que a su puerta había un mendigo. Hoy sigue habiendo personas que no quieren renunciar a nada, que siguen derrochando y malgastando este mundo, aun sabiendo que a sus puertas hay gente que pasa necesidad. El rico, estando en el infierno, pide que envíen un signo a su familia. La respuesta es bien clara: tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. Hoy también hay gente que pide signos para cambiar…pero aún viéndolos, no cambian.

Nosotros tenemos el Evangelio que es el que nos tiene que sacar de nuestras posturas cerradas para darnos cuenta que hay que abrirse a las necesidades de los demás. Hoy hay personas que la ayuda que piden es la de acompañarles, la de escucharles, la de estar un rato con ellos, la de compartir algo de lo que tengamos.

Mirando al Evangelio, mirando a Jesús, practicaremos la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza que dice San Pablo a Timoteo. Mirando al Evangelio, mirando a Jesús no necesitaremos más signos, no pediremos más signos. El signo que se nos ha dado y que de verdad puede cambiar nuestro corazón es Jesús.


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Lecturas de la misa – Domingo 26 de Septiembre

Domingo 26º T.O.

  • Primera Lectura: Amós 6, 1a. 4-7
    «Los disolutos encabezarán la cuerda de cautivos» 

    Así dice el Señor todopoderoso: «¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria!

    Os acostáis en lechos de marfil; arrellanados en divanes,

    coméis carneros del rebaño

    y terneras del establo;

    canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales;

    bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José.

    Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos.»

  • Salmo Responsorial: 145
    «Alaba, alma mía, al Señor.» 

    Él mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R.

    El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R.

    Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

  • Segunda Lectura: I Timoteo 6, 11-16
    «Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor» 

    Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza.

    Combate el buen combate de la fe.

    Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos.

    En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.

    A él honor e imperio eterno. Amén.

  • Evangelio: Lucas 16, 19-31
    «Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de purpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.

    Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.

    Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

    Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

    Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. »

    Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

    Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»

    El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.»

    Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»

    El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.

    Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.»


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Homilía domingo 19 de Septiembre 2010 – dom. 25º t.o.

HOMILIA  domingo 25º t.o. ciclo C

Ante las lecturas de hoy, sobre todo de la primera y del Evangelio, yo me pregunto:

¿Se pueden leer tal cual y quedarnos tan tranquilos? Las palabras de Amós, ¿son actuales? Lo que dice Jesús sobre el dinero injusto, ¿se puede decir hoy? ¿Hay dinero justo y dinero injusto? Imagino que diréis que sí. Y si no que se lo pregunten a los de la cultura del “pelotazo”.

De todos es sabido que la economía es quien gobierna el mundo y que, en definitiva, somos todos quienes sufrimos las consecuencias de los grupos económicos de presión que controlan lo que llamamos el mercado, los puestos de trabajo, los precios de los productos.

Amos vivió en otro tipo de sociedad, una sociedad fundamentalmente agrícola, y por eso su crítica está unida a este mundo:  trigo, grano, la medida, salvado…pero unido a dos temas: a la persona que por dinero esclaviza a otros y al culto porque se desea que termine para seguir haciendo negocios. Se desea que pase el sábado para seguir ganando dinero y oprimiendo al pobre.

Hoy Amós criticaría a aquellos que bajo la globalización están oprimiendo a muchas personas en los diversos sectores de trabajo. Criticaría a aquellos que se callan ante las injusticias porque así obtienen beneficios. Criticaría a los siguen comprando por dinero al pobre. Criticaría a quienes derrochan dinero en la compra venta de personas sin importarles mucho la dignidad de los mismos. Y sigue siendo válida la frase con la que termina el texto de Amós: “Jura el Señor…que no olvidará vuestras acciones”.

Jesús en el evangelio está hablando a los discípulos. Su estilo de vida, su dedicación al Reino de Dios le permite hablar con total libertad. Cuando habla de “dinero injusto” se  refiere al mismo del que nos habla Amós. Tal vez Jesús es más suave y nos está diciendo que ese dinero injusto lo dediquemos a ayudar a otros, a esos otros que “os reciban en las moradas eternas”. Como iglesia tendríamos que ser más cuidadosos y confiar poco en personas que arriman a la iglesia y luego oprimen al necesitado.

Una pregunta curiosa: ¿nos fiamos de quien ha amasado dinero injusto? Se ha llegado incluso a ofrecer honores, títulos a quienes así a veces han actuado. Pero, hoy, ¿se fía la gente de ellos? Yo diría que muchas veces sí, por eso de las influencias.

Cuando Jesús habla de dinero no es bien acogido por  las autoridades religiosas de su tiempo. Jesús es mucho más duro con este tema del dinero que con otros temas, sobre todo porque esclaviza a la persona, al que lo tiene porque tiene miedo a perderlo y al que no lo tiene porque puede llegar a hacer cualquier cosa por tenerlo.

Como el dinero puede llegar a esclavizar a la persona, Jesús nos advierte, y cada cual que lo interprete como mejor sepa y pueda, y siempre a favor de los demás, que “no podéis servir a Dios y al dinero”. Dios libera, el dinero nos puede esclavizar.


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Lecturas de la misa – Domingo 19 de Septiembre 2010

Domingo 25º del T.O

  • Primera Lectura: Amós 8, 4-7
    «Contra los que «compran por dinero al pobre»» 

    Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»

    Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa,

    compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo.

    Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.

  • Salmo Responsorial: 112
    «Alabad al Señor, que alza al pobre.» 

    Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. R.

    El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R.

    Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. R.

  • Segunda Lectura: I Timoteo 2, 1-8
    «Que se hagan oraciones por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven» 

    Querido hermano:

    Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro.

    Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

    Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: este es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de los gentiles en fe y verdad.

    Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar, alzando las manos limpias de ira y divisiones.

  • Evangelio: Lucas 16, 1-13
    «No podéis servir a Dios y al dinero» 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.

    Entonces lo llamó y le dijo: «¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.»

    El administrador se puso a echar sus cálculos:

    «¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. »

    Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi amo?»

    Éste respondió: «Cien barriles de aceite.»

    Él le dijo: «Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta.»

    Luego dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?»

    Él contestó: «Cien fanegas de trigo.»

    Le dijo: «Aquí está tu recibo, escribe ochenta.»

    Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

    Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

    El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado.

    Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?

    Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»


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Homilía domingo 12 Septiembre 2010 – Dom. 24º T.O.

HOMILIA  12 de septiembre. Santo Nombre de María

Como se nos ha dicho al principio de la Eucaristía, hoy los Marianistas y toda la Familia de María celebramos nuestra fiesta patronal. Al igual que cada país, ciudad o pueblo tienen su patrón o patrona, nosotros los Marianistas celebramos el Santo Nombre de María. Nuestro fundador, el Beato Guillermo José Chaminade eligió esta fiesta “no para celebrar un misterio de la Virgen, sino la misma persona de la Virgen”. “En la más antigua tradición bíblica el nombre equivale a la persona”.

Lo mejor que podemos decir de María, de su  persona, del ser de María en este mundo es que fue la madre del Hijo de Dios. Podemos pensar que Dios se la jugó tal y como nos cuenta el evangelista san Lucas. Todo un Dios se pone en manos de una mujer para esperar de ella una respuesta afirmativa a su plan de salvación.

Hay un texto del Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia, en el número 56, que dice con mejores palabras lo que yo acabo de exponer: “…el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación (del Hijo) la aceptación de la Madre predestinada…”. El “sí” de María, el “hágase en mí según tu palabra” no es sólo la aceptación de la voluntad de Dios, es también el momento culmen de la maternidad de María.

Siguiendo la carta a los Romanos, segunda lectura, María es llamada conforme al designio de Dios no para hacerle un bien a ella, sino para hacer un bien a toda la humanidad. María es llamada para ser madre, esa es su verdadera vocación, y en la aceptación de esa llamada, en la vivencia de esa vocación, es donde está la glorificación de María.

En contraste con María que se considera la humilde esclava del Señor, Dios la llama  y la glorifica. Nosotros seguimos glorificando a María por ser la Madre de Jesús. María misma dice, según el evangelista san Lucas: “desde ahora me glorificarán todas las generaciones”. María vive su vocación de madre y así entra de lleno en el plan de salvación de Dios sobre todo hombre.

Del libro del Eclesiástico, es decir de la primera lectura, podemos atribuir a María, entre otras frases, la de “yo soy la madre del amor puro…y de la esperanza santa”. La vida de María se prolonga en su hijo Jesús que nos habló del amor. Jesús es la manifestación del amor de Dios y el que con sus palabras alimentó la esperanza de las gentes de su tiempo y de todo aquel que cree en El.

El nombre de María es santo por ser madre. Madre abierta a la escucha de la palabra de Dios, abierta al don de la vida y a la vida misma que es Jesús, abierta al servicio a los demás, abierta a aceptar el sufrimiento de su Hijo con la esperanza puesta en la vida.

¡Ojalá el nombre de María sea santo para nosotros! ¡Ojalá que María nos anime a tener las mismas actitudes que ella ante la palabra de Dios y el servicio a los demás! Seguro que si así lo hacemos nuestro nombre, sea el que sea, también será santo a los ojos de Dios.


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Lecturas de la misa – Domingo 12 de Septiembre 2010

Domingo 24º T.O.

  • Primera Lectura: Exodo 32, 7-11. 13-14
    «El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado» 

    En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: «Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.»»

    Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.»

    Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: «Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.»»

    Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

  • Salmo Responsorial: 50
    «Me pondré en camino adonde esta mi padre.» 

    Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;

    lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.

    Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R.

    Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R.

  • Segunda Lectura: I Timoteo 1, 12-17
    «Cristo vino para salvar a los pecadores» 

    Querido hermano:

    Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio.

    Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente.

    Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía.

    El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús.

    Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero.

    Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que crearán en él y tendrán vida eterna.

    Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

  • Evangelio: Lucas 15, 1-32
    «Habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta» 

    En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»

    Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.»

    Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

    Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:

    ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.»

    Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

    También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»

    El padre les repartió los bienes.

    No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

    Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

    Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse

    el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

    Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»

    Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

    Su hijo le dijo:

    «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.»

    Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»

    Y empezaron el banquete.

    Su hijo mayor estaba en el campo.

    Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

    Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»

    Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

    Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»

    El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»


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Homilía Domingo 5 de Septiembre 2010 – domingo 23º t.o.

HOMILIA domingo 23º- ciclo C. t.o.

De todos es conocido que vivimos tiempos de crisis. Las noticias que oímos y leemos en los medios de comunicación acerca de la pérdida de empleos, el cierre de empresas, hace que esa crisis sea una realidad ya no se puede negar. Y aunque en cualquier momento y tiempo se suele pensar qué hacer, hoy por hoy las personas piensan mucho más cómo actuar. Se nos ha dicho, entre otras cosas, que mucha gente no ha salido de vacaciones, o que han reducido los días de estancia fuera de casa…

Para muchas personas eso ha significado que han tenido que medir sus fuerzas y calcular bien qué hacer. Se parece a lo que nos dice el Evangelio: dos personas se han sentado a calcular los gastos…o a deliberar. Ese sentarse a calcular o a deliberar ha llevado a esas personas a elegir qué hacer, teniendo que renunciar a algo. Se han sentado para tomar una decisión. Ese es el significado de la palabra crisis: tomar una decisión.

Jesús también pasó sus crisis, o tuvo que tomar decisiones. La primera la tenemos en el relato de las tentaciones en el desierto. El elige seguir la voluntad del Padre. En otros momentos del Evangelio, cuando le quieren nombrar rey, Jesús decide alejarse de la multitud porque esa no es la voluntad del Padre. El tuvo que renunciar a todo y a todos para dedicarse de lleno a predicar el Reino de Dios.

Los que formamos la iglesia corremos el riesgo de instalarnos en unas normas, leyes, incluso ritos que a veces parecen letra muerta. Dentro de la iglesia se publican normas, documentos que poco o nada nos interesan. Habría que preguntarse ¿por qué? Una de dos o se trata de algo que está lejos de nuestro quehacer y vida diarias, o es que pasamos de todo aquello que sea institucional. 

Tal vez haya que renunciar a mucha palabra para ir a lo fundamental del Evangelio: seguir a Jesús. Tal vez tengamos que pararnos, que sentarnos, para darnos cuenta de si vivimos día a día nuestra fe y de cómo la vivimos, si vamos a lo importante o si nos quedamos en lo accesorio.

Llevemos también esta pregunta a nuestra vida parroquial. ¿A qué tenemos seriamente que renunciar para de verdad seguir a Jesús? ¿A nuestras rutinas? ¿A nuestra falta de compromiso? ¿A nuestro conformismo? Tendríamos que sentarnos a calcular o a deliberar cuáles son nuestras fuerzas y posibilidades para luego actuar, sabiendo que eso podría llevarnos a renunciar a formas de pensar, de actuar, en definitiva, de vivir.

No temamos los tiempos de crisis en la iglesia y en la vivencia de la fe. En los tiempos de crisis sociales trabajemos por buscar soluciones. Y en todo tiempo de crisis lo importante es que lleguemos a decisiones que nos ayuden a ser discípulos de Jesús sabiendo que para ser de verdad discípulo tendremos que renunciar a otras cosas.