Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía Domingo 8 de Agosto 2010

HOMILIA Domingo 19 tiempo ordinario ciclo C

  1. “La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”.

La fe la vivimos en dos niveles:

   Nivel humano: es la confianza o desconfianza en los demás. Lo vemos en la vida ordinaria. Hay personas que nos ofrecen confianza, otras no. Y la confianza en el otro viene dada, sobre todo, por afinidad de ideas, sentimientos yporque vemos que una persona es consecuente consigo y con los demás.

   Nivel religioso: es la confianza o desconfianza en Dios. Y la confianza en Dios puede resultar dura, difícil porque no vemos, porque no obtenemos respuesta clara a lo que estamos buscando o a lo que estamos necesitando.

   Al igual que conocemos personas en las que podemos confiar, tenemos también ejemplos que personas que han confiado plenamente en Dios. Y personas que carne y hueso. El ejemplo más significativo lo tenemos en Jesús.                 

              Jesús tuvo la seguridad de que Dios su Padre no le dejaría solo, no le abandonaría, sino que confirmaría su vida y misión, como lo hizo, con la Resurrección.  De Jesús podemos decir que confió plenamente en el Padre, aunque pasó por momentos duros.

              Para cada uno de nosotros, la fe ¿es seguridad y prueba, es confianza? Yo diría que para muchos de nosotros la fe es un riesgo que hay que afrontar y vivir. Si hay personas que abandonan la fe es porque no quieren correr riesgos, es porque buscan una  seguridad que no es tal, sino que es que me den normas que tranquilicen lo que hago o que me dejen en paz. Creer, a nivel humano y religioso, es comprometerse. Si creo en  una persona, en una idea, me comprometo con ello. De nuevo la pregunta: la fe para mí es ¿seguridad de lo que espero y prueba de los que no veo, es confianza o es un riesgo que vivo cada día? Es un reto que nos lanza la Palabra de Dios hoy.   

               El segundo reto es el que nos lanza Jesús en el evangelio: “donde está tu tesoro  allí también estará tu corazón”.  Insistiendo un poco más, ¿es la fe uno de nuestros tesoros? Si lo es, se tiene que manifestar en la vida diaria, se tiene que manifestar en el compromiso de servir a los demás, se tiene que manifestar en llevar a la vida la Palabra de Dios que escuchamos y la Eucaristía que celebramos cada domingo.

               Os animo a vivir la fe, independientemente si para nosotros es seguridad, es prueba, es confianza o más bien riesgo. La fe se vive desde el compromiso por seguir a Jesús y por servir a los hermanos.


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Lecturas de la misa – Domingo 8 de Agosto 2010

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Sabiduría 18, 6-9
    «Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti» 

    La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres,

    para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.

    Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables,

    pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.

    Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada:

    que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

  • Salmo Responsorial: 32
    «Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.» 

    Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.

    Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,

    para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

    Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

  • Segunda Lectura: Hebreos 11, 1-2. 8-19
    «Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios» 

    Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.

    Por su fe, son recordados los antiguos.

    Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

    Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

    Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.

    Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

    Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

    Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

    Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

    Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

    Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.»

    Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos.

    Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

  • Evangelio: Lucas 12, 32-48
    «Estad preparados» 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

    Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

    Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

    Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

    Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

    Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

    Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

    Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

    El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

    Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

    Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

    El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

    Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»


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Homilía domingo 1 de Agosto 2010

HOMILIA domingo 18 t.o.

A veces en la iglesia se dicen frases bonitas, pero que luego uno se pregunta: ¿qué ha querido decir con esta frase?.  Una de esas frases suena así: “los cristianos estamos llamados a vivir la novedad del Evangelio”.  El que pronuncia esta frase piensa que ha dicho algo importantísimo y el que la escucha opina que está bien dicha, pero se pregunta, ¿qué significa eso?

San Pablo nos da una ayuda para comprender esta frase de la novedad del Evangelio cuando nos dice: “despojaos del hombre viejo y revestíos del nuevo”. ¿Quién es el hombre viejo? ¿Quién es el hombre nuevo? ¿Cuándo se puede considerar uno hombre viejo y cuándo hombre nuevo?

La primera lectura y el Evangelio de hoy nos dan una clave para entender esto de la novedad del Evangelio y de despojarse del hombre viejo. En la primera lectura hemos escuchado: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La vanidad forma parte de la cultura que estamos viviendo en el primer mundo. La cultura de la vanidad es la cultura de la nada, es la cultura de hoy. La cultura de la vanidad es vivir sin pensar más allá de lo que puedo vivir hoy. Es llevar una vida con poco sentido, y sobre todo con poco sentido común. La cultura de la vanidad es dejarse llevar por lo que sea, por lo que nos impongan, es dejarse llevar por la nada.

Despojarse del hombre viejo es echar por tierra, es hacer desaparecer de una vez por todas la cultura de la vanidad. Revestirse del hombre nuevo es VIVIR , y vivir dando sentido a la vida y a lo que hacemos, sobre todo a lo que hacemos a favor de los demás. Revestirse del hombre nuevo es vivir lo nuevo que siempre y desde siempre nos ofrece el Evangelio: seguir a Cristo y servir a los hermanos.

Y el Evangelio va en la misma dirección: de poco vale amontonar riquezas para sí. Hoy el primer mundo se está dando cuenta de lo poco que valen muchas cosas cuando éstas no están al servicio y el bien del hombre. El primer mundo ha creado y sigue creando “cosas materiales” que en el fondo no sacian sus ansias de mejorar su vida. Y el primer mundo se encuentra con que personas de otros mundos menos favorecidos quieren acceder a lo mismo…¿para qué? para encontrarse tan vacíos con el personaje del Evangelio que lo único que piensa es agrandar sus graneros para vivir mejor, para amontonar riquezas para sí. Es otra faceta de la cultura de la vanidad.

¿Qué nos proponen las lecturas de hoy? Vivir la novedad del Evangelio. Despojarse de la cultura de la vanidad, de la cultura de amontonar y atesorar por el solo hecho de amontonar y atesorar. Nos propone pensar que la vida es mucho más que lo meramente material. La vida es, para el cristiano, seguir a Cristo y seguir a Cristo es compromiso con la vida y con la persona.

Aceptemos el reto de san Pablo de despojarnos del hombre viejo y revertirnos de Cristo que según el mismo san Pablo: “me amó y se entregó por mí”.