Homilía domingo 22º t.o. ciclo C
Posiblemente todos conocemos el dicho: “en la vida hay que predicar con el ejemplo”. ¿Por qué comienzo así? Porque las lecturas de hoy nos animan a ello y porque estamos viendo día a día cómo se dice una cosa y se hace otra muy distinta. Nos cuesta ser coherentes y fácilmente nos dejamos llevar por la corriente que impera.
Los medios de comunicación no hacen más que presentarnos ejemplos de triunfadores, de gente que está en boca de todos, de personas que ocupan los primeros puestos y que difícilmente se quieren apear de ellos, de personas que se venden o que venden su vida con tal de ser los primeros y de ser presentados como triunfadores.
Estas personas predican con el ejemplo, pero ¿qué ejemplo? Yo diría que el ejemplo de ver la vida como algo fácil, como algo que no cuesta, llegando incluso a mirar a los demás como “pobres hombres” que no llegan a ser triunfadores. La pregunta sería ¿hay coherencia en la vida de estas personas?
Las lecturas de hoy nos hablan de humildad, de hacerse pequeño, de ceder el puesto. Y, ¿qué tiene ver que esto con “predicar con el ejemplo”? Pues mucho. La verdad es que de los humildes, de los pequeños, de los que ceden el puesto, poca gente se acuerda, no son ejemplos a seguir, son gente que no interesa.
Hay otra frase de Santa Teresa de Jesús que dice: “humildad es andar en verdad”. ¿Quién nos da hoy ejemplo de andar en la verdad? ¿Los triunfadores? ¡Que va! Esas personas darán muchos ejemplos, pero desde luego no el de andar en la verdad, porque su vida es casi todo fachada.
Jesús de Nazaret no fue un triunfador en su tiempo. Nació en un lugar humilde, vivió sencillamente, y terminó como un malhechor en la Cruz. El anduvo en la verdad y predicó la verdad con su estilo de vida. Su vida fue todo menos ejemplo de triunfador. Su vida fue entrega a los demás, fue predicar con el ejemplo: perdonando, amando, dando vida, curando, no teniendo miedo a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, es decir, el espíritu que le animó a cumplir la voluntad del Padre y a dar su vida por todos.
Jesús no es ejemplo de triunfador, sino ejemplo de humilde, de pequeño, de ceder el sitio a otros. Hay que tener cuidado sobre cómo presentamos a Jesús. Hay que presentarle como el ejemplo a seguir de persona entregada, de persona que no buscaba los primeros puestos, ni ser triunfador, sino como el que siempre buscó que triunfara la vida y la persona.
Termino con dos ejemplos conocidos de personas entregadas y en nada triunfadoras a los ojos de los hombres: Teresa de Calcuta y Vicente Ferrer. Ellos han acogido a “pobres, lisiados, cojos y ciegos”…sabiendo que no podían pagarles sino con su cariño y agradecimiento. Dos personas, entre otras muchas, que han seguido el ejemplo de Jesús de entregar la vida sin aspirar a los primeros puestos y que lo han hecho de manera humilde.
Sigamos también nosotros así a Jesús.
