HOMILIA domingo 21º t.o. ciclo C
En nuestro primer mundo cada día somos más reacios a lo difícil, a lo duro, a lo que cuesta. Que no nos hablen de sacrificios, que eso pertenece al pasado y es propio de mentes retrógadas. Hoy se nos quiere presentar todo, incluso yo diría la vida misma, como algo fácil. Luego vemos que no es así. Que si queremos conseguir algo tenemos que esforzarnos, o tenemos que “trabajárnoslo”, como se dice hoy en día.
En el evangelio Jesús nos dice: “esforzaos en entrar por la puerta estrecha”. No pretendo dar una interpretación negativa a esta frase, sino más bien realista. No se trata de pensar o decir que seguir a Jesús es fácil o difícil, seguir a Jesús es una opción personal vivida en el seno de una comunidad que me ayuda y orienta en ese seguimiento.
A cada uno de nosotros, Jesús nos invita personalmente a seguirle. Por una parte nos avisa que seguirle a él tiene sus riesgos, como los tuvo para él cumplir la voluntad del Padre. Pero no nos deja solos es ese seguimiento. Nos anima y nos envía su fuerza, que es su mismo Espíritu, el Espíritu que le animó a él a vivir como vivió y a dar su vida por todos.
Entrar por la puerta estrecha no es difícil cuando se intenta tener los mismos sentimientos que tuvo Jesús, es decir, cuando se predica con la vida el Reino de Dios, cuando se trabaja por el bien de los demás, cuando se olvida uno de sí mismo para salir al encuentro del necesitado, cuando en lugar de decir “yo” digo “nosotros”, cuando valoro y respeto la vida, la persona, el mundo en que vivimos. En definitiva, cuando el amor a Dios se prolonga en el amor al prójimo, o cuando de verdad amo a los demás como Cristo me amó a mí.
Estas palabras no pretenden ni son palabras bonitas, sino que quieren ser una manera de ayudar a comprender eso de “entrar por la puerta estrecha”. Para muchas personas lo dicho anteriormente resulta difícil y duro. Hoy resulta difícil respetar la vida y a la persona, resulta duro decir “nosotros” en lugar de “yo”, resulta también duro ayudar a otros, ser solidario día a día con otras personas, denunciar injusticias. Es más fácil adoptar la actitud de “pasar de todo”.
La puerta estrecha no es sinónimo de imposible. La puerta estrecha es sinónimo de vida, de entrega, de solidaridad, de respeto. La puerta estrecha es sinónimo de seguir a Jesús y creo, que cuando de verdad se quiere seguir a Jesús, poco importa la anchura de la puerta, lo que de verdad importa es Jesús que es la puerta para la vida.
Por eso ante quien encuentra estrecha la puerta ofrezcámosle lo que nos dice la carta a los Hebreos: “fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana”. Se nos invita a ayudarnos unos a otros a seguir Jesús y a vivir una fe comprometida confiando más en el Dios que nos salva que en nuestras propias fuerzas.
