Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía domingo 18 de Julio 2010

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HOMILIA domingo 16º t.o. ciclo C

Vivimos en un mundo en el que se da relativa importancia a la palabra. En otros tiempos la palabra era respetada, era, por así decir, sagrada. Una palabra dada era considerada norma o ley a cumplir. Nosotros hemos relativizado tanto la palabra que la importancia que la damos viene dada por la persona que la pronuncia y si está o no de acuerdo con lo que cada uno pensamos. Hoy solo escuchamos aquellas palabras que nos interesan. 

En el ambiente religioso hacemos lo mismo. Cada uno escucha aquellos teólogos, maestros de vida espiritual y sacerdotes que le interesan. No todos nos convencen, no todos nos gustan, y elegimos aquellos que van más con nuestra formación, educación, ambiente social. Llegamos a desechar formas de pensar y de interpretar la fe y la Palabra de Dios, que pensamos o nos han dicho que pensemos, que no son del todo ortodoxas.

El personaje de María del evangelio de hoy nos da la clave. María se sienta a escuchar a Jesús. Recordemos aquí las palabras mismas de Jesús: “felices los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. La actitud de María y las palabras de Jesús me llevan a preguntar: ¿a quién escuchamos nosotros? ¿a Jesús y su palabra? ¿A quienes para interpretarla acuden al mismo Jesús o acuden a sí mismos?

La actitud de María no se opone a la de Marta, cosa que frecuentemente se oye decir. Las dos actitudes son complementarias. Escuchamos a Jesús para luego vivir según su palabra y vivimos según la palabra de Jesús después de escucharla. La palabra de Jesús no se queda solo en mera palabra sino que hay que hacerla vida. Es verdad que hay que interiorizar la palabra de Jesús, pero no se debe quedar solo en eso. Si solo la interiorizamos, ¿dónde queda nuestro compromiso vivencial de la fe? ¿Dónde queda llevar a la vida la palabra escuchada? En definitiva, ¿dónde queda nuestra fe hecha vida?

Pensemos en todas aquellas personas que después de escuchar e interiorizar la palabra de Dios, la palabra de Jesús, la hacen vida en el servicio y entrega a los demás, incluso hasta llegar a dar su vida. Escuchar la Palabra de Dios en la Eucaristía dominical no es solo para decir: ¡qué bien! ¡qué bonita! es también y sobre todo para llevarla a la vida.

Cuando se nos anuncia a Cristo, como dice san Pablo en la segunda lectura, es para llegar “a la madurez en nuestra vida en Cristo”. La palabra de Dios que escuchamos cada domingo no es un rito que hay que cumplir, no es solo para interpretarla de forma espiritual,…es para llevarla a la vida. De ahí que es importante llegar a tiempo a la Eucaristía para escucharla. Si no la escuchamos porque llegamos tarde, ¿cómo podremos llevarla a la vida?

Las actitudes de Marta y María, repito, son complementarias. Escuchar y llevar a la vida lo escuchado nos ayudarán a vivir nuestra fe y nuestro compromiso y harán que lleguemos a la madurez en Cristo, que nos dice san Pablo.  

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Autor: Lucio Bezana

Lucio Bezana, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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