Estamos celebrando a nuestro patrón San Isidro que dedicó su vida a la agricultura.
Podemos establecer un paralelismo entre la vida de fe, personal y comunitaria y la agricultura.
- igual que sembramos en el campo…Dios siembra la fe en nuestro corazón. En los dos casos se siembra con esperanza de nueva vida, de fruto abundante
- Además de sembrar hay que cultivar…en el campo y en la fe y cultivar quiere decir, sobre todo: cuidar
- el sembrador cuida…riega…quita malas hierbas…poda, protege…¿para qué? para que lo sembrado de buen fruto y abundante
- la fe necesita ser cuidada, regada, quitar malas hierbas, podarla, protegerla, ¿para qué? para que la fe anime la vida, que es otra manera de decir que dé fruto.
- Todo esto se hace con esperanza… y con buena dosis de paciencia.
- El agricultor aguarda con esperanza y con paciencia el fruto de su trabajo.
- Nosotros también aguardamos con esperanza y paciencia que la fe “crezca” que la fe se haga vida…que la fe dé su fruto…
- Al igual que el labrador en un primer momento no ve cómo se transforma la semilla bajo tierra…nosotros tampoco somos conscientes de cómo nuestra fe va transformándose.

- Cuando se comienza a ver el fruto el labrador se alegra y pone más cuidado en ese fruto. También nosotros a medida que crecemos como personas podemos ir viendo cómo damos fruto.
- Y por último, el labrador recoge el fruto en la recolección. Nosotros, a largo de la vida, también recogemos frutos… frutos de la fe que actúa a favor de los demás.
- Necesitamos la paciencia de la que nos habla Santiago en su carta. No conviene quemar etapas…no conviene desanimarse a la primera de cambio…lo que SI hay que hacer es comenzar por lo sencillo para ir a lo grande…
La fe vivirla en el día a día y con gestos sencillos.
Y la fe vivirla arraigados en Cristo que para nosotros es TODO: luz, agua, “fertilizante” cuidados…como el sarmiento vive arraigado en la vid
Vivamos nosotros arraigados en Cristo
Y cuidemos nuestra fe personal y comunitariamente.
