HOMILIA tercer domingo de Pascua
El evangelio de hoy resalta una vez más la figura del apóstol Pedro. Se trata posiblemente del apóstol más conocido y que más habla en los evangelios. Desde su confesión de fe en Cesaréa: “Tú eres el Mesías, el hijo de Dios”, pasando por “daré mi vida por ti” en la última cena y siendo capaz de negar a Jesús tres veces…hoy lo vemos con una doble actitud: primero resignación : “voy a pescar” pues todo se ha acabado y segundo humildad y confianza: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”.
Pedro pasa por diversas etapas: impetuoso, bravucón, cobarde, hasta llegar a confiar más en Jesús que en sí mismo. Pedro ha aprendido una lección: ser fiel en el seguimiento de Jesús. Ante la pregunta de Jesús: ¿me amas más que estos? Pedro no se atreve a compararse con los demás…su respuesta es: Jesús tú lo sabes.
Cabría preguntarse cuál sería nuestra respuesta si Jesús nos preguntase a cada uno de nosotros: ¿me amas? ¿Sería la del impetuoso, la del bravucón, la de cobarde o la del confiado? O ¿Sería una mezcla de todas? Me inclino por esta última.
Yo me quedaría con la de Pedro: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Habrá personas que piensen que es una respuesta fácil, que no compromete a nada, que puede resultar evasiva…Sin embargo creo que es una respuesta sincera, es una respuesta desde el conocimiento personal, y a la vez una respuesta comprometida.
Se puede pensar que es una respuesta “pasiva”. Un decir…”bueno…tú sabes cómo soy, para qué cambiar”. Sin embargo debería ser una respuesta activa. Cuando uno quiere de veras a otra persona, su vida cambia. El amor cambia a las personas, las lleva a dar la vida por el ser amado, a comprometerse por ese amor. Uno no se queda en actitud pasiva cuando ama.
Cuando Pedro dice “tú sabes que te quiero”, le está diciendo a Jesús que se compromete a seguirle contando con él y su fuerza, su Espíritu. Pedro es consciente de que sin Jesús puede muy poco, pero con Jesús y su amor por él, será capaz de anunciarle allí donde sea necesario. Un buen ejemplo para nosotros. Contando con el amor de Jesús y con el amor a Jesús podemos ser testigos suyos en este mundo.
Contar con Jesús es contar con su Espíritu. El Espíritu que recibió Jesús en su bautismo, es el mismo que envía desde el Padre a los discípulos y es el mismo que recibimos cada uno de nosotros en nuestro bautismo para animarnos a contestar a Jesús que nos pregunta: ¿Me amas? con la respuesta sencilla, confiada y comprometida de Pedro: “tú sabes que te quiero”.
Que nuestra respuesta a Jesús, a la vida, al prójimo…sea una respuesta activa de amor y de trabajar porque ese amor no se quede en palabras, no sea pasivo, sino que sea un amor comprometido como el de Pedro, que le llevó a anunciar a Jesús en condiciones tan difíciles o más que las que hoy vivimos.
