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Homilía domingo 11 Abril 2010 – 2º Domingo de Pascua. Ciclo C

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HOMILIA 2º domingo de Pascua

Hoy quiero hacer un comentario del Evangelio e invitar a que cada uno lo piense como algo dirigido a sí mismo y los que venimos a la misa dominical.

El saludo normal de Jesús a los discípulos después de resucitar era “paz a vosotros”. Pensemos que no podía ser de otra manera ya que los discípulos estaban atemorizados por miedo a los judíos o bien querían volver a sus antiguos oficios, porque para ellos todo se había acabado.

Con este saludo de “paz” Jesús quería transmitirles muchas cosas. Pero sobre todo lo que quería hacerles llegar era su mensaje. Un mensaje que no habían comprendido, que habían estado muy lejos de aceptar: que para que haya paz en las personas y en el mundo hay que ponerse al servicio los unos de los otros,  incluso y aunque cueste, dar la vida por los demás.

Esa paz que Jesús anuncia tiene tres características:

1ª. La alegría. La vida de los discípulos cambia cuando experimentan a Jesús vivo y presente en medio de ellos. Y con ese cambio renace en ellos la alegría. Ya no están tristes, ya no caminan tristes como los de Emaús, ni como María Magdalena…la presencia de Jesús les llena de alegría.

2ª. El envío. Al igual que Jesús fue consciente de ser y sentirse enviado por el Padre, Jesús quiere que los discípulos se sientan enviados por él para anunciar lo que Jesús anunció: el reino de Dios. El mensaje del reino de Dios es sobre todo y primero esperanza ahora y segundo ver cumplido el deseo de paz en las personas y entre los pueblos. Ser enviados a anunciar a Jesús es lo mismo que ser enviados a anunciar que los hombres podemos vivir en paz. Antes que predicar cualquier otra cosa, anunciemos y trabajemos por la paz, que para nosotros los cristianos será lo mismo que anunciar a Jesús, y

3ª  Para vivir la alegría de Cristo y sentirse enviados, los discípulos reciben el Espíritu de Jesús. La misma fuerza que recibió Jesús en su bautismo, que fue el Espíritu Santo, es la fuerza que Jesús les entrega a los discípulos. El Espíritu es el regalo por excelencia de Jesús Resucitado. Los discípulos van a vivir y a anunciar a Jesús no porque ellos quieran, no porque nadie les capacite, sino sobre todo por estar llenos del Espíritu de Jesús.

Y el Espíritu de Jesús lo primero que hará será animarles a perdonar. No hay paz ni alegría si no hay  perdón. No nos podemos sentir enviados a anunciar a Jesús si no somos capaces de perdonar y de pedir perdón. Y a esto todos estamos llamados, a ser testigos de la alegría, a ser enviados con la fuerza del Espíritu de Jesús y a trabajar por la reconciliación.

Hoy también Jesús está en medio de nosotros y nos da su PAZ. Hagamos que esa paz nos llene de alegría y que con la fuerza del Espíritu de Jesús nos sintamos enviados a vivir y a anunciar el Evangelio, siendo testigos de reconciliación.

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Autor: Lucio Bezana

Lucio Bezana, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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