Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – Domingo de Pascua 4 de Abril 2010

04/04/10, Domingo de Pascua – Semana Santa

Primera Lectura: Hechos 10, 34a. 37-43
«Hemos comido y bebido con él después de su resurrección»

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

Salmo Responsorial: 117
«Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.»

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R.

Segunda Lectura: Colosenses 3, 1-4
«Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo»

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. O bien: Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6b-8 Hermanos: ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ázimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad.

Evangelio: Juan 20, 1-9
«Él había de resucitar de entre los muertos»

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.


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«En medio, con dolor y con amor»

En medio, con dolor y con amor 

       “En medio” colocaron a la adúltera sus acusadores. “En medio” se quedó la mujer cuando los acusadores, uno a uno, se escabulleron, dejándola sola con Jesús. “En medio” pusieron a la mujer, pero a quien pretendían comprometer y acusar, a quien de verdad querían poner en medio, era a Jesús (Cfr. Jn 8,1-11). 
      Hoy, letrados y fariseos han colocado “en medio” al monstruo, al clérigo sorprendido en flagrante delito de pederastia, y no lo han llevado al tribunal competente para juzgarlo conforme a justicia, sino que se lo han llevado a su madre, a la Iglesia, lo han tirado como basura a sus pies, para ponerla “en medio” a ella, para avergonzarla a ella, para comprometerla y condenarla a ella.  
      Letrados y fariseos, gente estéril, senos que nunca han conocido la vida ni la ternura, pretenden que una madre condene a su hijo: si no lo condena, no es justa; si lo condena, no es madre. 
      Letrados y fariseos, arrogantes, soberbios e hipócritas, insisten en preguntar a la madre: “Tú, ¿qué dices?” Preguntan como si ellos fuesen inocentes del crimen que fingen perseguir. Y se lo pregunta a ella, a la Iglesia que, como supo y como pudo, ha intentado siempre educar en el amor y en la virtud a sus hijos. Se lo preguntan a la madre los mismos que han destruido a su hijo: los profetas de la revolución sexual, los que instigan a los niños a masturbarse, los mercaderes de pornografía, los expertos del turismo sexual, los que consideran la prostitución un trabajo y la castidad una aberración. 
      Hoy la Iglesia, como ayer Jesús, encara a los acusadores con la realidad de sus propias vidas: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”.  
      Hoy como ayer, la Iglesia como Jesús, habrá de inclinarse para cargar con el peso de sus hijos, con la culpa de sus hijos, con la muerte de sus hijos. Cuando se incorpore, allí, “en medio”, estarán solos ella y sus hijos, con un dolor sin palabras y un amor sin medida.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo de Tánger


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Homilía Sábado Santo – 3 de Abril 20110

HOMILIA SABADO SANTO

A lo largo de la historia el hombre siempre ha buscado señales para todo. Señales que le

orienten en su vida, que certifiquen lo que ve, lo que cree, señales que le ahuyenten el mal, que den sentido a lo que hace… Esto convierte al hombre en un ser que busca… que busca sentido a todo. Todas esas señales, toda esa búsqueda las necesita el hombre para sentirse seguro. Buscamos seguridades.

Hoy más que buscar seguridades, el hombre quiere que le den seguridades sin buscarlas. Posiblemente hoy no se buscan señales, sino que como nos las dan hechas, nos las  ponen delante de nosotros sin que tengamos que buscarlas…las aceptamos sin más y nos acomodamos a ellas fácilmente.

Los discípulos buscaban también alguna señal que les hiciera estar seguros de que Jesús era el Mesías. Jesús muere, los discípulos no saben qué hacer, hablan de volver a sus trabajos de antes…aceptan sin más la muerte de Jesús y aceptan sin más que todo ha acabado.

Hay unas mujeres que buscan algo o a alguien. En el evangelio de Lucas son varias, en el de Juan es María…mujeres que recordaron unas palabras de Jesús, que resucitaría al tercer día. Ellas no se quedan paradas como los hombres, van al sepulcro, y aunque llevan aromas para embalsamar a Jesús, en su corazón resuenan palabras de vida. Estas mujeres no aceptan que la muerte sea el final de Jesús. Su corazón late al sentir a Jesús que tantas señales les había dado en su vida pública.

Nosotros como discípulos también buscamos una señal de su resurrección. A veces nos cuesta creer en la resurrección de Jesús. Nos falta la fe del corazón. Hemos intelectualizado demasiado la fe.  Nos encontramos con señales de la resurrección de Jesús y no nos las creemos. Pensamos que son delirios, como sucede en el evangelio.

Buscamos seguridad en la resurrección de Jesús. Y lo que se nos da es el testimonio de personas que han experimentado en su vida a Cristo vivo y presente. A veces nos sucede como a Pedro en el evangelio: “nos admiramos de lo sucedido”, es decir nos admiramos de lo que nos cuentan, pero nada más.

Hoy también a nosotros se nos hace una pregunta: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”  Y se nos da una señal: la fe en Jesús de muchas personas. La apuesta por Jesús de muchas personas que no buscan a Jesús entre los muertos, sino que lo ven entre los vivos.

Ver a Jesús entre los vivos es ver a personas vivir el evangelio con toda la fuerza del espíritu, es ver a personas transmitir el evangelio, sin ideologías partidistas, es ver a Jesús con la fe del corazón, es dejarse llevar por la vida y el mensaje siempre actual y vivo del que vive en medio de nosotros.

No busquemos seguridades en la resurrección de Jesús. Busquemos más bien señales de su presencia en nuestra vida y en la vida de los demás.

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN