“Dichosa tú, que has creído”. El anuncio a la virgen María de que iba a ser madre la cogió por sorpresa. ¿Cómo será eso pues no conozco a varón? Pero más sorpresa supuso para ella tres cosas:
1.todo lo que se le dice de su hijo Jesús
2.la noticia acerca de su prima Isabel, y
3.que para Dios nada hay imposible.
María es llamada dichosa, feliz, por creer. Y oye estas palabras de una mujer, su prima, que va a ser madre, una mujer que era estéril y de edad avanzada.
María vivió la fe-confianza en Dios toda su vida. No pensemos que para María fue fácil creer. Ella, como muchos otros en el A.T., confió en Dios, tuvo fe en el Dios que cumple sus promesas. Y pensemos que las promesas de Dios suelen llevar ese poco o mucho de sorpresa.
A nosotros se nos invita a creer. La fe en Dios no es obligatoria. La fe en Dios es un regalo que podemos o no aceptar. Y hay gente que no acepta la fe por las sorpresas que conlleva.
A nosotros nos gustan más las seguridades. Buscamos un Dios seguro, un Dios que nos dé recetas ciertas, que no nos haga dudar, que no nos invite a pensar. Queremos seguridades. Esto lo podemos trasladar a la iglesia y a un nivel meramente humano: hay personas que les cuesta aceptar que tenemos una conciencia y que esa conciencia nos lleva a tomar decisiones personales que pueden ser arriesgadas. Todo lo contrario de una frase que leía hace tiempo: “en todo caso siempre es mejor una duda honesta que una certeza (seguridad) forzada”. (Las tentaciones de Job)
En María se da una duda honesta: “no conozco a varón”…pero a la vez, deposita su fe-confianza en Dios.
En nosotros, qué prevalece, ¿dudas honestas o certezas forzadas?
1. ¿Se nos puede aplicar: ¿“dichoso tú que has creído? ¿dichoso tú que te has lanzado a vivir, aunque haya puntos que no estén claros…?
2. ¿ O más bien no forzamos certezas (seguridades) porque nos da temor-miedo hacernos preguntas que no sabremos si tendrán respuesta?
3. ¿O más bien pasamos de todo y nos dejamos llevar por lo que sea?
Y que quede claro que esto nos pasa en la vida diaria, no solo en la vida de fe.
Para María la fe fue compromiso: visitar a su prima…dar a luz a Jesús…vivir con El y sufrir con El… todo esto lo hizo con fe en el Dios que salva, aun sabiendo que esa fe puede dar sorpresas.
Para nosotros la fe tiene que ser también compromiso. Vivir la fe supone el riesgo de fiarse de Dios, supone el riesgo de tener dudas honestas buscando respuestas en Dios, en mí mismo, en la vida.
Viviendo la fe como confianza, como compromiso, como riesgo, como duda
1. no nos dejaremos llevar por cualquier viento que sople, por seguro que lo creamos y que no nos conducirá más que a más inseguridades.
2.sino más bien nos ayudará a vivir y a madurar como personas libres, a ejemplo de Jesús
3. entonces, también se nos podrá decir. “dichoso tú que has creído”
