Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Decálogo para la Cuaresma

DECÁLOGO  PARA  CUARESMA  [Antonio Gil Moreno]

  1. Busca un hueco, un minuto para orar, para elevar la mirada a las alturas.
  2. Comparte afanes e inquietudes. Ayunar, por ejemplo, es compartir.
  3. Busca el sentido de tu vida, tu misión en el mundo, porque nos e puede vivir a ciegas.
  4. Escucha las llamadas que te llegan: las de Dios y las del prójimo.
  5. No cierres tus entrañas al clamor de los necesitados.
  6. Ordena tu mente, tu conciencia y tu corazón. Pero, sobre todo, establece prioridades.
  7. Pon ilusión en tu vida, entusiasmo en tu caminar, ánimo en tus luchas, paciencia en tus derrotas.
  8. Lucha cada día, sin venirte abajo, sin tirar la toalla.
  9. Abre de par en par los ventanales de tu alma para que penetre la luz y la palabra, a veces en forma de susurro o de pequeña llama que brilla en la oscuridad.
  10. No tengas miedo, sino esperanza.

Ojalá vivamos la Cuaresma como encuentro, como diálogo, como acompañamiento, como conversión, como anticipada resurrección. Sin perder la sonrisa…


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Reflexión sobre la Cuaresma (1)

Hoy, miércoles de Ceniza comenzamos el tiempo de Cuaresma. En la sociedad actual hablar de “tiempos litúrgicos” suena como algo distante, extraño. Si se hiciera una encuesta a pie de calle, nos encontraríamos con que bastante gente ignora qué es la Cuaresma…o a lo sumo le puede sonar a no comer carne los viernes.

 Por eso surgen varias preguntas:

  1. ¿qué es y por qué de la Cuaresma?
  2. ¿tiene sentido hablar hoy de Cuaresma?
  3. ¿qué exige a un cristiano actual la Cuaresma?

 No se trata de hacer historia sobre la Cuaresma. Sí, de saber el por qué de la Cuaresma.

Podemos considerarla como un tiempo de preparación al acontecimiento más importante para el cristiano: la Pascua de Jesús, es decir la celebración de su muerte y, sobre todo, de su RESURRECCION.

Por tanto la Cuaresma no es un fin sino un camino para llegar a la Pascua. Digo esto porque hay personas que dan más importancia a la Cuaresma que a la Pascua. Hay personas para quienes la Cuaresma significa mucho en sus vidas, por lo que aún hoy pueda significar para ellos el sacrificio, el ayuno por el ayuno y rezar mucho. Pero luego la Pascua del Señor pasa casi desapercibida.

¿Tiene sentido hablar hoy de Cuaresma? Los llamados “tiempos litúrgicos” constituyen, en cierto modo, una pedagogía que utiliza la Iglesia para ayudarnos a vivir la fe y a llevar a la vida el Evangelio. Es también una manera más de conocer la vida de Jesús ya que los evangelios que se leen en este tiempo, y sobre todo los domingos, constituyen una buena catequesis para profundizar y arraigar nuestra vida en la fe.  De ahí que tenga sentido hablar hoy de Cuaresma.

Los evangelios dominicales, que iremos comentando semanalmente, son una fuente rica para nosotros si sabemos leerlos, reflexionar con ellos y, sobre todo, orar con ellos. Es verdad que esto podemos y deberíamos hacerlo cada domingo, pero en Cuaresma los textos evangélicos cobran especial relieve si los leemos a la luz de la vida y acontecimientos actuales.

¿Qué exige a un cristiano actual la Cuaresma? El miércoles de Ceniza se nos marca un camino a seguir: ayuno, oración y limosna. Estas tres exigencias siguen siendo actuales. Para entender el ayuno os envío al capítulo 58 de Isaías. Leedlo y ved cómo sigue estando vigente en el mundo actual, aunque sea un texto de hace muchos años. El ayuno lo presenta Isaías como la práctica de la justicia. Justicia que es liberación de la persona de las ataduras a las que se les somete y a las que la propia persona se somete a sí misma.

La oración es importante en la vida del cristiano. Los evangelios nos hablan de cómo Jesús se retiraba a orar. Aunque suene a tópico, un cristiano que no ora termina no siendo cristiano. ¡Ojalá que cada día encontremos un rato para estar a solas con Dios!

La oración nos lleva a comprender mejor el ayuno y la limosna que podamos hacer. La oración nos ayuda a madurar como personas y confirma nuestra fe.

La limosna no es solo dar de lo que tengo. Es también darme a los demás. Hoy a la limosna se le llama solidaridad, compartir, no cerrar tu corazón a las necesidades materiales de los demás. A los cristianos se nos critica por algunos errores, pero rara vez se nos alaba por los gestos de ayuda solidaria a los más necesitados y que llegan a donde las instituciones públicas no llegan.

Hoy sigue teniendo sentido hablar de Cuaresma, de ayuno, en el sentido de Isaías 58, de oración y de limosna. Pero no olvidemos que la Cuaresma nos lleva al acontecimiento fundamental para el cristiano: la Resurrección de Jesús.

Saludos cordiales,

Victoriano


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¿Está Dios en Haiti?

Fuente: DIARIO DE CÁDIZ. Juan A. Estrada

DESDE la perspectiva científica el terremoto tiene una doble explicación. Por un lado, una zona sísmica, siempre amenazada por terremotos y maremotos, que se suceden con frecuencia. Por otra, que se ha practicado una deforestación masiva del país, que contrasta con la superficie de la República Dominicana, la otra parte de la isla. Además se ha dado una sobreexplotación del suelo, un agotamiento de los recursos naturales, en parte por empresas que han sido pan para hoy y hambre para mañana, y una fuerte explosión demográfica bajo gobiernos corruptos y dictatoriales, como los Duvalier, cuyo heredero se gasta hoy su fortuna en Francia. Cuando el terremoto llegó casi todo se vino abajo, incluido el centro histórico y las instalaciones estatales. Pero el barrio rico y moderno de Pétion Ville, en Puerto Príncipe, apenas ha sufrido daños. Es una isla segura, sólida y bien librada del azote natural.

La conclusión es evidente: con otra política y gobierno, otra distribución de la riqueza y otro tipo de construcciones se hubiera amortiguado mucho la violencia de la naturaleza en el país más pobre de América. Antes que preguntarse por Dios, ¿por qué permite esto?, hay que preguntar al hombre ¿cómo consentimos que tantos seres humanos vivan en la miseria, indefensos ante la naturaleza? La tragedia de Haití sigue al tsunami de Indonesia y vendrán muchos más, porque tres cuartas partes de la humanidad viven en la pobreza, sin medios para controlar la naturaleza. Tenemos los recursos técnicos y materiales para reducir al mínimo estos desastres, pero la distribución internacional de la riqueza los invalida.

¿Y dónde está Dios? Seguimos esperando milagros divinos que cambien el curso de la naturaleza; apelamos a la Providencia para que intervenga en las catástrofes naturales; rezamos y pedimos prodigios y señales. Y Dios guarda silencio y no actúa como esperamos. No aprendemos de la historia. No paró la cruz en el Gólgota; no intervino para evitar Auschwitz; no es el Dios relojero de Newton, que ajusta el reloj natural de vez en cuando; no modifica las leyes de la creación, descubiertas por la ciencia. El hombre y el universo son obra de un creador que respeta la libertad humana y el dinamismo de la naturaleza. Si buscamos al Dios milagrero, siempre a la escucha de los deseos del hombre, busquémoslo en otra religión, no en la del Dios crucificado. Es inconcebible que los cristianos sigamos esperando intervenciones prodigiosas, como en tiempos de Jesús, sin asumir la mayoría de edad del hombre y la autonomía del universo, cuyas leyes conocemos mejor y cada vez más.

En cambio, encontraremos a Dios, si lo buscamos identificándose con las víctimas y llamando a los hombres de buena voluntad a la solidaridad y la justicia; si esperamos que Dios nos inquiete, nos provoque y nos llame a colaborar de mil maneras para mitigar el dolor en Haití; si creemos que Dios no es neutral y que el contraste entre el gran mundo pobre y la minoría de países ricos clama al cielo. Hay que ayudar a Dios para que se haga presente en Haití, porque necesita de los hombres para que llegue ahí el progreso y la justicia. Los muertos y refugiados de la catástrofe tienen hambre de justicia, la de las bienaventuranzas, y Dios necesita testigos suyos para hacerse presente.

Nadie puede hablar en nombre de las víctimas sin experimentar sus sufrimientos ni padecer su forma de vida, sólo hacernos presentes a ellos. El protagonismo corresponde al ser humano: Dios es autor de la historia, en cuanto inspira, motiva y envía para la solidaridad y la justicia. El Dios cristiano no es la divinidad griega que siente celos del hombre y castiga a Prometeo, sino el que se enorgullece de la capacidad para generar vida con la ciencia y el progreso, sólo exigiendo que los recursos naturales se pongan al servicio de todos. Hay que actuar como «si Dios no existiera» y todo dependiera de nosotros, universalizar la solidaridad y cambiar las estructuras internacionales que condenan a pueblos enteros a la miseria. Desde ahí podemos esperarlo todo de Dios y pedirle que fortalezca, inspire y motive a los que luchan por un mundo más justo y solidario.

Dentro de pocos meses Haití será un mero recuerdo, excepto para los que siguen allí, y los habremos olvidado, como a Indonesia o las hambrunas del África subsahariana. La gran tragedia del siglo XXI es la de una humanidad que tiene recursos para acabar con el hambre y mitigar las catástrofes naturales, pero prefiere emplearlos en armamento, para defenderse de los pobres; en policías, para evitar que lleguen a nuestras islas de riqueza y en los despilfarros consumistas de una minoría de países. Del mal de Haití somos todos responsables y la solidaridad no puede quedarse en el acontecimiento puntual, aunque sea necesaria, sino que exige otra forma de vida.


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Carta de Adviento-Navidad 2009

ESPERANZA

 ¡Otro año más Adviento y sobre todo Navidad!.  ¡Otro año más con el tema de la esperanza! Más de uno pensará: y ¿para qué? ¡Para qué hablar de esperanza con la que está cayendo! Pues precisamente por eso hay que hablar de esperanza. “Porque lo que no se desea no se espera, y lo que no se espera no es reconocido cuando aparece” (Orar para vivir. Juan Martín Velasco, PPC p.24).

Tendríamos que preguntarnos qué deseamos, qué esperamos y si en nuestra vida personal, familiar y social hay algo nuevo que tengamos que reconocer como tal. Dejo a cada uno que reflexione su propia respuesta. Hay personas para quienes la capacidad de deseo y de espera se ha agotado. Entonces difícilmente se reconocerá lo nuevo que pueda aparecer en nuestras vidas. A pesar de los pesares siempre hay que estar abierto a la esperanza, hay que desear vivamente lo que esperamos para que cuando de verdad aparezca podamos no solo reconocerlo, sino también vivirlo y, con alegría, expresarlo.

 Vayamos al tiempo de Adviento que hemos podido vivir más o menos de cerca. Se me ocurre pensar que a la luz del mensaje de esperanza se puede dar varias actitudes. Estas  actitudes se pueden referir al ámbito personal, familiar y social.

 Actitudes:

 1. la del pasota…acepta lo que sea, venga de donde venga, porque no piensa en nada. Esta actitud no se localiza en una edad concreta, sino que abarca a diferentes edades. Para el pasota la esperanza no tiene sentido. O mejor dicho le da igual que haya o no esperanza. Su deseo es efímero, por eso no encuentra sentido a esperar. Se quiere vivir a tope el momento sin preocuparse del pasado ni del futuro.

2. la del fácilmente convencido. Puede ser de forma positiva o negativa. Hay personas que no ejercitan la capacidad crítica ante lo que pasa, ante la información que recibe, en definitiva que se deja convencer fácilmente por lo que le llega, sin cribar la información.

Para estas personas la esperanza dependerá de quien le proporcione la información. Todo catastrófico, no hay esperanza. Todo fabuloso, hay esperanza, pero habrá que tener en cuenta la base que sustenta esa esperanza que puede desaparecer al menor contratiempo. Podemos pensar en la parábola del sembrador y en un caso concreto: Mc 4, 16-17: …lo sembrado en terreno pedregoso…al oír la Palabra, la reciben con alegría…no tienen raíz, son inconstantes y en cuanto se presenta una tribulación… sucumben en seguida.”

3. la del resignado-desencantado… ¡qué vamos a hacer! ¡No podemos hacer nada! Un claro ejemplo de este tipo de personas lo tenemos en los discípulos de Emaús: “nosotros esperábamos que él sería el que iba a librar a Israel; pero,… llevamos ya tres días desde que esto pasó…” (Lc 21, 18-25). Cada día resulta más fácil encontrarse con estas personas.  Las hay que echan de menos “lo de antes”, que se asustan ante lo nuevo que merece la pena, porque añoran otros tiempos. Se refugian en los años pasados. Las hay, también,  cercanas al fanatismo religioso. ¡Si Dios quiere…qué le vamos a hacer!. O, los resignados porque “esto es lo que me ha aconsejado mi director espiritual”. Es una actitud muy lejana a la esperanza.

4. la del indiferente…La indiferencia es una seña de identidad cada vez mas extendida en nuestra sociedad. La esperanza motiva poco, preocupa casi nada, no interesa ni entusiasma. Y ante esta postura ¡qué sentido tiene esperar! ¿”No es verdad que los creyentes nos estamos haciendo indiferentes a la indiferencia que nos rodea y que nos dejamos contagiar por ella? ¿No se está experimentando entre nosotros una “baja generalizada del tono de fe”? (Orar para vivir. Juan Martín Velasco. PPC, p.209)

Esta postura indiferente “se encarga de mostrar que el hombre puede desarrollar su vida de forma normal sin recurrir (a la esperanza) a Dios, sin echarlo de menos” (o.c.p.208). Esta actitud es la más peligrosa para vivir la fe o la más fácil para dejar de vivir la fe. Es la que más fácil se extiende en la sociedad. El indiferente opina que “un Dios del que no se tienen noticias parece que no puede ser esperado…” (o.c. p.209)

 5. la del nervioso…Se está acentuando mucho esta actitud. Sobre todo en algunos ambientes y más que nada en el terreno social: “¡esto va fatal! ¡Estamos como en los años 30! ¿adónde vamos a parar?” Son frases que se escuchan de vez en cuando. Más que estar nervioso por la actitud de la espera de lo nuevo y saber reconocerlo, se está nervioso por el clima que, más que respirarse, se está instalando, a veces de manera consciente y bien trabajada por algunos medios de comunicación. El nerviosismo de Marta, la hermana de María, vendría bien para ilustrar esta actitud. Se afana por muchas cosas, cuando “una sola es necesaria” (cf. Lc 10, 41-42).

¡Ojalá que el nerviosismo lo pusiéramos al servicio de la esperanza activa que vela por la práctica de la justicia, la consecución de la paz y la vivencia del Evangelio!. 

 6. la del que tiene esperanza.  Esta es la actitud que debería caracterizar a todo cristiano convencido y abierto al Dios y Padre de Jesucristo. Es la actitud que no debería faltar nunca a ningún cristiano, y a ningún hombre-mujer de buena voluntad. Es una actitud a desarrollar y a vivir no solo en Adviento, sino durante todo el año. Viene bien recordar la cita de San Pedro, (a mí personalmente me gusta mucho) “…estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1Pe 3,15). La razón de nuestra esperanza está en Dios que envió a su Hijo al mundo por puro amor hacia nosotros. La razón de nuestra esperanza está en Jesús que “pasó haciendo el bien, curando toda enfermedad”. La razón de nuestra esperanza está en sentirnos animados por el mismo Espíritu de Dios que actúa en nosotros para el bien común. La razón de nuestra esperanza está en formar parte de una iglesia, con sus grandezas y sus puntos débiles, que intenta seguir a Jesús, que intenta poner en práctica las bienaventuranzas y ponerse al servicio de los demás.

Quien en este mundo tiene esperanza y vive una esperanza activa no se calla ante el mal, ante el daño, ante la injusticia…porque le anima la esperanza, aunque sea pequeña. Para quien está abierto a la esperanza todo el año es Adviento, porque todo el año hay que no solo esperar, sino sobre todo trabajar y poner empeño para erradicar toda violencia, no solo la que les gusta a algunos, erradicar el hambre, de ahí nuestro granito de arena con la Campaña del Kilo-litro, y erradicar toda injusticia, aunque sea manifestando “nuestra hambre y sed de justicia” que leemos en las Bienaventuranzas.

Que no nos falte nunca la esperanza en el Dios-hecho-hombre y en las posibilidades del hombre por seguir siendo “imagen de Dios”.

Victoriano Viñuelas Gómez

Vuestro párroco y amigo