Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía domingo 30º ciclo A. Domingo 23 de octubre 2011

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El domingo pasado leíamos cómo querían comprometer a Jesús con una pregunta trampa (diríamos hoy). En el evangelio de este domingo un experto en la ley quiere poner a prueba a Jesús con otra pregunta curiosa.  Hay que saber que Jesús no era un maestro en la ley judía, ni pertenecía al grupo de los entendidos en la ley, pero, seguro, que de pequeño había acudido a la sinagoga y aprendido de memoria muchos de los mandamientos de la ley judía.

El experto en la ley sabía perfectamente cuál era el principal mandamiento, pero no se esperaba que Jesús, a quien él llama Maestro, le responda como lo hizo: uniendo el mandamiento del amor a Dios con el de amar al prójimo como a uno mismo. Todo buen judío sabía que había que amar a Dios sobre todas las cosas, pero no ponía en igualdad de condiciones el amor al prójimo.

El mensaje del reino de los cielos o reino de Dios, que es el centro de la predicación de Jesús, no separa el amor a Dios y al prójimo. Para Jesús no se puede amar a Dios y no amar al prójimo, igual que no se puede amar al prójimo y no amar a Dios. El mismo vive ese doble mandamiento de amor a Dios y al prójimo. Su relación de amor con el Padre la vive y la explica mediante las parábolas con que exponía su mensaje y los milagros que realizaba.

Ahora bien fácilmente caemos en la tentación de teorizar sobre el amor y no ponerlo en práctica. Fácilmente desvirtuamos el amor cuando lo centramos en nosotros mismos o cuando convertimos en objeto a las personas que deberíamos amar. Fácilmente el amor se convierte en pasión pasajera, en relación puntual, en interés personal, en cuestión de tiempo sin compromiso.

Quiero leer parte del himno de Primera Corintios sobre el amor donde se nos dice cómo tiene que ser el amor: “el amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”

Amar a Dios y amar al prójimo es un programa muy bonito, muy altruista, muy teórico. El problema está cuando ese amor a Dios y al prójimo hay que ponerlo en práctica, cuando hay que vivirlo día a día, cuando hay que vivirlo de la manera como nos dice San Pablo. Nos falta amar y amar de verdad. Pensamos más en tener, en poseer, en vivir deprisa sin pararnos a pensar. Dentro de esa vida agitada que llevamos, echamos a veces de menos alguien a quien amar o que alguien nos ame, o al menos que nos lo demuestre.  

Hoy el amor lo hemos sustituido por la autoestima, por la autorrealización, por una filantropía esporádica. Sucede que cuando hablas con algunas personas y profundizas en su vida, lo que te dicen es que echan de menos amar y ser amados y que esos sustitutivos que hoy abundan tanto no sacian la sed de amor.

El lema del Domund es “así os envío yo”. Jesús nos recuerda a todos que el amor a Dios y al prójimo son inseparables. El es el enviado del Padre para recordarnos el amor de Dios por cada uno de nosotros. Lo que El vivió y enseñó nos lo transmite para que allí donde estemos, allí donde vayamos, allí donde El nos envía seamos testigos del amor de Dios y del amor a Dios y al prójimo.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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