Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Homilia domingo 28º t.o. Ciclo A. Domingo 9 de octubre

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A menudo, los medios de comunicación, ofrecen resultados de encuestas sobre temas sociales, que son los que más preocupan a las personas. Con estas ellas se toma el pulso a la situación que se vive en ese momento. Pocas veces se hacen encuestas sobre el nivel de esperanza que podamos tener. Bien es verdad que puede resultar difícil medir el nivel de esperanza no solo ante los problemas, sino sobre todo ante las soluciones propuestas. Esta misma semana en un periódico de nivel nacional se decía que tres cuartas partes de las personas encuestadas tenían poca esperanza en las medidas adoptadas por el gobierno.

No resulta fácil infundir esperanza ante una situación como la que vivimos.. Es más fácil echar la culpa a los demás, a lo que sea, con tal de no aceptar los errores cometidos. Es fácil abandonar el barco cuando se está hundiendo, sobre todo sabiendo que se podían haber buscado medios para mejorar la situación. Esas personas se asemejan a los convidados que no quisieron asistir a la boda. Buscan excusas para tener su propia fiesta olvidándose de la gran fiesta de todos.

La primera lectura y el evangelio nos hablan de abundancia y de fiesta, en una palabra de esperanza: festín de manjares suculentos, vinos de solera, boda del hijo del rey. A todo esto, y más, se nos invita. ¿Cuál es nuestra reacción?

Primero la de no creérnoslo. El hombre de hoy es poco crédulo, está perdiendo confianza en sí mismo y en las instituciones. No ha perdido, gracias a Dios, las ganas de fiesta. Pero esas ganas de fiesta, ese vivir la fiesta, no aumenta la confianza en lo que se es y en lo que se hace porque nunca se está satisfecho. Hoy más que nunca se vive el presente porque el presente es lo que importa.   

Segundo la de no aceptarlo. Cada vez somos más reacios a escuchar y a aceptar promesas. Queremos hechos. Nada de anunciarnos esperanzas futuras. Queremos que esas esperanzas se hagan YA realidad. Todas esas promesas que estamos escuchando, ¿en qué quedarán luego?

Tercero la de no estar preparado. Como no nos lo creemos, como no lo aceptamos, nos damos cuenta que no estamos preparados cuando se nos anuncia algo que puede llenar nuestras vidas de alegría, de esperanza, de futuro cierto. Eso es lo que le pasa al hombre que ha entrado en la fiesta sin el traje adecuado. ¿Para que prepararse si no se oyen más que promesas que no se van a cumplir? Es la respuesta de algunas personas.

Ante todo esto el Señor no solo anuncia abundancia, festín, boda, sino que pone a nuestro alcance medios para que todo eso sea realidad. El pone de su parte un anuncio, una invitación, un salir a buscarnos para vivir. Pongamos nosotros los medios para que ese anuncio de abundancia, esa invitación a la fiesta llegue a todos y, sobre todo, sea vivida realmente por todos. No seamos convidados que no queremos asistir al banquete y no seamos de los que no dejamos a otros asistir a la fiesta. La abundancia que hablan las lecturas la tenemos en nuestras manos. Queda por hacer que esa esperanza y esa abundancia se conviertan en realidad para todos los hombres.

Creamos en el anuncio de la Palabra de Dios. Aceptemos la Palabra de Dios y estemos preparados para vivirla y entregarla a los demás. La Palabra de Dios es abundancia, es esperanza y es festín de bodas al que todos estamos invitados

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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