Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Homilía domingo 19º ciclo A. Domingo 7 de agosto 2011

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Podemos decir, sin equivocarnos, que vivimos en un mundo de ruidos. A veces se nos ofrecen estadísticas de niveles de ruido que soportamos sin quejarnos mucho. También podemos decir que no somos capaces de vivir sin ruidos. Algunos psicólogos hablan del miedo al silencio, a estar solos y  así, cuando no tenemos otra compañía, encendemos la radio, la televisión. También se encienden estos aparatos para hacer ver a otras personas que no estamos solos, que hay alguien en casa.

El mucho ruido nos aleja de las personas, impide momentos de conversación serena, incluso no nos permite encontrarnos con nosotros mismos. Sin embargo muchos prefieren el ruido a sentirse solos, a vivir y gustar la soledad en algún momento.

La primera lectura de hoy nos sirve de ejemplo, no solo para encontrarnos con Dios, sino también para encontrarnos con nosotros mismos. Para encontrar a Dios hace falta un corazón en calma o en silencio. “Dios habla al corazón de los que saben escucharle en el silencio”. En esta primera lectura, silencio no es sinónimo de nada. Silencio es apertura a la manera como Dios se hace presente. Y lo hace mediante una brisa tenue.

Para orar, para encontrarse con Dios es necesario dejarse invadir por Dios mismo y El sale a nuestro encuentro de maneras diversas, pero siempre buscando un momento donde no haya ruido, tormentas, huracanes, vientos fuertes, sino donde haya un espacio propicio para la brisa tenue, es decir donde haya espacio para la paz, para el encuentro.

El evangelio nos habla de un encuentro de Jesús con los discípulos. Los discípulos están sometidos a un viento contrario que les causa miedo. Ese viento contrario bien puede ser un ejemplo de ruido. Ese ruido, ese viento les asusta. Y su encuentro con Jesús, se realiza en la paz, al vencer ese viento fuerte, ese ruido que les impide ver a Jesús, pues piensan que es un fantasma.

 En medio de ese viento fuerte, Pedro le pide a Jesús que le mande ir a El. Pedro sigue estando en medio del viento, en medio del ruido que le impide encontrarse con Jesús y por eso vacila. Al igual que en la primera lectura Dios es quien toma la iniciativa de encontrarse con Elías. Aquí es Jesús quien se encuentra con los discípulos y con Pedro. Pero lo hace también en la paz, en la calma. Ya los discípulos no tienen miedo.

Para encontrarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos necesitamos paz, calma, sosiego. ¿Por qué cuesta tanto orar? ¿Por qué cuesta tanto el diálogo? ¿Por qué nos cuesta tanto mirar a nuestro interior?  Preferimos el ruido porque nos evade, nos hace olvidarnos de la realidad, de los problemas, hace que miremos hacia otra parte.

Encontrarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos nos ayudará a ser más conscientes y realistas de lo que estamos viviendo. El silencio, la soledad no son fines en sí mismos, son medios para ayudarnos a vivir y conocer mejor lo que vivimos. No debería asustarnos encontrarnos con nosotros mismos de vez en cuando. Todo lo contrario nos animará, nos dará fuerzas para seguir, nos hará conocer los verdaderos problemas y nos ofrecerá soluciones a nuestro alcance para intentar solucionarlos.

Dejemos que Dios se encuentre con nosotros aprovechando una brisa tenue, es decir un momento de paz.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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