Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía Domingo 29 de Mayo 2011 – 6º Dom. Pascua

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HOMILIA 6º domingo de Pascua

Imagino que alguna vez nos preguntamos, ¿qué me anima a seguir a Jesús? ¿cuál es mi relación personal con El? ¿por qué vivo la fe en Jesús? O a lo mejor nos hacemos también esta pregunta: ¿cuál es la relación de Jesús conmigo?

Creo que la mejor y, yo diría, la única respuesta a estas preguntas está en el Evangelio. La relación entre Jesús y cada uno de nosotros no es de servidumbre, ni de fe ciega, ni siquiera, yo diría, de obediencia. Jesús no nos llama “siervos”(el siervo obedece), sino amigos, no exige una fe ciega en El sino confiar en su palabra, no pide obediencia sin más sino que invita. De ahí que la relación entre Jesús y nosotros sea una relación de amor y de libertad. Se nos invita a vivir la fe desde el amor y la libertad.

 

A menudo podemos caer en la tentación de pensar que la fe es el único vínculo de unión con Jesús. Si solo fuera la fe, nuestra unión con El y con el Padre sería una unión muy débil, entre otras cosas porque resulta difícil mantener la fe en algo que no vemos. Nuestra unión con Jesús y con el Padre además de estar marcada por la fe, necesita, digo, necesita una unión de amor. Pero de una fe y un amor vividos desde la libertad de sentirnos hijos del Padre, salvados por el Hijo y animados por el Espíritu.

Su amor por nosotros le lleva a preocuparse por no dejarnos solos. Le pide al Padre que nos envíe el Espíritu de la verdad. Más que dejarnos normas, leyes, mandatos, más que una relación de obediencia, se trata de una relación de amor en libertad guiados por el Espíritu de la verdad. “La verdad os hará libres”,(Jn 8,32). No podemos vivir la fe en Jesús si no estamos animados por ese Espíritu. Y para sentirse animado por el Espíritu hay que vivir como Jesús vivió: alimentándose de la voluntad de Padre y  predicando el Reino de Dios, pasando haciendo el bien y curando de toda dolencia.

Seguir a Jesús es sobre todo una cuestión de amor. Los santos lo han entendido y vivido así. “Si me amáis…” nos dice hoy en el Evangelio. Si amamos a Jesús, el Padre y El nos amarán y se revelarán a nosotros. La relación entre el Padre, el Hijo y nosotros debe ser  una relación de amor. Y quien actúa, quien opera esa relación de amor es el Espíritu de la verdad. Si llegamos a comprender, a aceptar y a vivir esto somos los hombres más felices y más libres del mundo. Mi relación con Dios es una relación de amor. Mi seguimiento de Jesús es una relación de amor. Sentirme animado por el Espíritu es una relación de amor. Pero sin perder de vista que quien ha tomado la iniciativa de amarnos ha sido Dios.

 

Si llegamos a comprender, a aceptar y a vivir esta relación de amor estaremos siempre dispuestos a “dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pida” nos dice San Pedro en la segunda lectura. A la gente le costará comprender nuestra esperanza si no es capaz de comprender que lo que nos une a Dios y a los demás es el amor. Esa esperanza que el Espíritu de la verdad pone en nuestros corazones hará que vivamos trabajando por la llegada del Reino de Dios, a pesar de sentirnos a veces calumniados, como también dice san Pedro.

Os invito a vivir nuestra relación con Dios desde el amor que El mismo ha puesto en nuestros corazones por medio del Espíritu de la verdad y que ese mismo Espíritu nos anime a ser personas esperanzadas.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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