Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía domingo 20 de Febrero 2011 – Dom. 7º T.O.

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HOMILIA domingo 7º t.o. ciclo A.

Se supone que, a lo largo de la historia, los hombres han escrito leyes para mejorar las leyes ya existentes. Aunque habría que decir, que más que mejorar las leyes ya existentes, las nuevas leyes deberían ir encaminadas a buscar el mayor bien de las personas. Recuerdo aún el día que escuché decir a un profesor de biblia que la ley del talión suponía un avance en las relaciones humanas. ¿Por qué? Pues porque antes de la ley del talión, “ojo por ojo, diente por diente”, la norma que existía era más dura aún: “tú me robas una oveja, yo te robo cinco”. Al menos con la ley del talión se llegaba a que si tú me robas una oveja, yo te puedo robar una oveja, pero no más.

Decía que las leyes tienen que ir encaminadas a buscar el mayor bien de las personas y añadiría de cuantas más personas mejor. El domingo pasado decía que las leyes se hacen para defender a los débiles frente a los fuertes. Los fuertes, los poderosos, se las saltan fácilmente y a veces de manera impune. De ahí que tenga razón esa realidad de que las leyes se hacen para defender a los débiles. Aunque no siempre es así. Pensemos en la ley del aborto.

 

Jesús, en el evangelio de hoy, nos da leyes, vamos a llamarlas así, que superan toda ley anterior. Los consejos de Jesús, que bien podrían ser leyes: “no hagas frente al que te agravia,…si uno te abofetea…al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica…, culminan en una ley que no se encuentra en ningún otro código de leyes: “amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”.

 

El mismo puso en práctica esto que decía. Pensemos en la pasión de Jesús. No hizo frente a quien le agraviaba, puso la otra mejilla…y sobre todo rezó al Padre por los que le crucificaban: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Lo que él predica a los demás, a los que quieran seguirle, lo vive él en primer lugar dando ejemplo. No dice una cosa y luego hace otra. Lo que predica para los demás, lo experimenta él también.

 

Todos somos conscientes que amar al enemigo es una ley difícil y que, por más que queramos, no la llevamos a la vida. Tal vez sí rezamos por los que nos persiguen y pedimos por su conversión. Pero Jesús nos dice que no basta con rezar, sino que hay que ir más lejos y hay que amar. Eso de amar al enemigo no entra en nuestra mente y sobre todo en  nuestro corazón.

Amar al enemigo y rezar por él nos hace realmente hijos de Dios. La oración del Padrenuestro nos llama a ello: el perdón a los que nos ofenden es un paso para amarles. La sabiduría de este mundo consiste en separar a aquellos que tengo que amar de aquellos a los que tengo que odiar. La sabiduría de Dios, que confunde a la sabiduría humana, es la del amor y del amor incluso a los enemigos. Nuestra sabiduría, ¿a cuál de las dos se parece? ¿a la de Dios, y amamos a los enemigos, o a la humana, y odiamos al enemigo?

Si se parece a la sabiduría humana, nos pareceremos a los publicanos y a los gentiles y no haremos nada extraordinario. Aunque nos cueste y no lo aceptemos fácilmente… intentemos, comencemos solo por eso, intentemos amar a nuestros enemigos. Cambiemos nuestro corazón de piedra por un corazón de carne semejante al de Dios. Ese es un paso más para ser santos, como leemos en la primera lectura.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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