Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía Domingo 30 de Enero 20111 – 4º Dom. T.O.

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HOMILIA  4º domingo t.o.

Al encontrar las bienaventuranzas al principio del evangelio de san Mateo, siempre se piensa que constituyen el programa de Jesús. Las interpretaciones son múltiples: desde el ideal al que se debe aspirar, pasando por una lectura de la realidad de los tiempos de Jesús, hasta una invitación que resulta difícil aceptar por ser dura de comprender.

Yo voy a pensar de otra manera. Voy a pensar que las bienaventuranzas son, más que un programa al inicio de la vida pública de Jesús, son el resumen de la vida de Jesús. Es decir, que las bienaventuranzas están dichas, recogidas y escritas al final de la vida de Jesús, que recogen lo que él vivió. Es como si las llamásemos “memorias de Jesús”. Lo que Jesús vivió y predicó, con palabras y gestos, recogido en las bienaventuranzas.

Me fijo en algunas. Todos sabemos que Jesús nació y vivió pobremente. Para hacer llegar el mensaje de salvación, el evangelio, a las gentes de su tiempo, vivió como ellos, pobremente. Sus palabras infundían ánimo y esperanza en las personas porque predicaba con el ejemplo y con autoridad. Hubiese resultado una contradicción llamar dichosos a los pobres de espíritu viviendo en un palacio o viviendo cómodamente. Si él experimentó la vida pobre, bien pudo exclamar al final de sus días: “dichosos los pobres de espíritu”.

Otra: “dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia”. Algunos traducen: “dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios”. En el evangelio de Juan, Jesús dice a la samaritana: “mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado” (Jn 4,34). Quien ha hecho de la voluntad de Dios no solo su ideal de vida, sino que su vida gire en torno a ella, bien puede llamar felices a los que así se dejan llevar.

Una tercera: “dichosos los misericordiosos”. Los gestos de Jesús, es decir, los milagros, nos hablan de misericordia. Y la misericordia de Jesús nos lleva a la del Padre. “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36) Jesús nos transmite la misericordia del Padre. Dios no puede ser de otra manera que misericordioso con nosotros. Jesús que experimenta la misericordia de Dios y la transmite, llama dichosos a los que imitan a Dios siendo ellos misericordiosos con los demás.

Y una cuarta: “dichosos los perseguidos por causa de la justicia”, que podemos traducir “dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios”. Jesús es perseguido por realizar la voluntad de Dios. La voluntad de Dios, el querer de Dios es que todos se salven y la salvación no es solo para la otra vida, es también para esta. Jesús la lleva a cabo curando, sanando. Y porque cura, aunque sea en sábado, es perseguido. San Marcos en 3,6 nos dice: “los fariseos y los herodianos se confabularon para ver cómo acabar con él”.

Cabría decir también algo de resto de ellas. Y se podría pensar que las bienaventuranzas son el resumen, el compendio de la vida consecuente de Jesús. El fue consecuente entre lo que predicó y vivió. Tomémoslo como queramos, lo importante es que Jesús fue feliz viviendo él mismo las bienaventuranzas y nos invita a nosotros a ser consecuentes entre lo que decimos y vivimos y a saber que “cada jornada nuestra es seguro que se nos presentará alguna ocasión de ponerlas en práctica”.    

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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